TG October 22
-Veneno-
Diana estaba harta de su maestro Joaquín, el hombre de 55 años, era su maestro de matemáticas, el cual parecía siempre querer hacerle la vida imposible apropósito.
Diana no era muy buena con los números, de hecho, ni siquiera le interesaba mucho la escuela, ella siempre fue como las otras chicas a las que solo les interesaba salir de fiesta, o grabar sus tik toks como ahora estaban de moda.
Mientras que Joaquín, era un
maestro que había perdido desde hace mucho tiempo las ilusiones de ser un
maestro que llevara hasta sus alumnos sus grandes enseñanzas.
Tenía mucho trabajo, aunque
este no le fuera de suficiente rendimiento económico para darle sustento a su
familia, ya que tenía más exámenes y planeaciones académicas que el dinero que
le pagaban a la quincena.
Joaquín realmente estaba
cansado de su vida, una vida que se había vuelto aburrida y cotidiana, donde
aguantaba a su mujer reclamándole por dinero, así como de un par de hijos ya
adultos que se estaban olvidando de sus padres sin tomar buenos caminos de su
vida.
Diana por su lado, no le hacía
falta nada, siempre y cuando ella pusiera su granito de arena con su cara
bonita y sus atributos, pues, no era precisamente la hija de una familia de millonarios,
su padre era un oficinista y su madre apenas vendía comida en una fonda.
Cierto día, Joaquín había
entregado los resultados de los últimos exámenes que había realizado, Diana
nunca había sido una chica preocupada por sus calificaciones, hasta que miro el
espantoso cero de calificación en su examen.
Esto al enfureció y en un
momento de coraje, comenzó a agredir a su maestro frente a todos sus
compañeros.
- ¡Oiga, porque mierda me puso
cero en el examen! –gritaba Diana de manera déspota.
- ¡Perdóneme señorita!, en
primer lugar, le pido más respeto por favor, en segundo, ese cero usted se lo ganó,
veo que no le gusta estudiar para nada, más que estar grabando tontos videítos
en su teléfono… –Joaquín respondía tratando de defenderse y a la vez sintiendo
coraje por su alumna más fastidiosa.
- ¡Esto no se va a quedar así,
lo voy a acusar con la directora! –Diana alegaba mientras que todos sus
compañeros se reían de dicha situación.
- ¡Ándele vaya, niña insolente
y por ahí graba otro videíto a ver si así se le pegan los números en el
cerebro! –Joaquín ponía otro tanto de su mala leche luego del tremendo coraje
que le había hecho pasar.
No duraron ni treinta minutos,
cuando la directora mandó a llamar a Joaquín, a quien ya lo esperaban la
directora, Diana y su madre en la dirección.
Rápidamente, Joaquín comenzó a
explicar todo, sintiéndose algo culpable por su actitud, pero demostrando el porqué
de ello, cosa que dejo mal parada a Diana, ya que, en segundos, su madre le lanzó
una fuerte mirada de molestia.
Acto seguido, su madre le ordenó
pedirle disculpas al maestro, cosa que ella comenzó a alegar que se trataba de
acoso, pero nada pudo salvar a Diana del castigo doloroso que su madre le
pondría poco después.
Diana había salido más que
humillada de la dirección, pensando con coraje dentro de sí misma y jurando vengarse.
Aunque su madre le había
puesto un castigo de no salir a la calle, Diana aprovecho un descuido de ella
misma al ordenarle salir a comprar unas cosas a la tienda, yendo rápidamente
con una vecina, quien era recientemente conocida por hacer magia extraña, o
como decían, era una bruja.
Diana no se andaba con rodeos,
quería hacer sufrir a su maestro y que pagara por la humillación que le había
hecho pasar.
Al llegar con la bruja, la
chica observó su enorme jardín acomodado en un espacio reducido de la entrada
de su casa, ella trató de llamarla, pero esta no parecía responderle, cuando de
la nada, esta se le apareció sorprendiéndola.
- ¡Hola mi niña!, ¿Qué estas
buscando? –le preguntaba la anciana.
- ¡Hola!, quisiera un hechizo
para hacer sufrir a mi maestro, o algo para que se muera, ¡No me importa!
–Diana pedía con coraje.
- ¡Uy, ya veo!, sientes un
enorme coraje por tu maestro, no creo que matarlo sea la mejor idea, ya que eso
provoca una muerte rápida y sin sufrimiento como veo te gustaría, pero creo que
tengo algo bueno para ti.
La bruja comenzó a realizar un
brebaje con hiervas que recolectó de su jardín y al poco rato, se lo entrego a
Diana, quien había olvidado tener prisa por llegar a casa con su madre.
- ¿Y qué es esto? –ella preguntaba.
- ¡Es un hechizo!, es un
veneno que hará que tu maestro sufra, verás como este se deshace como si de un
fuerte ácido se tratara, hasta convertirlo en una masa deforme y de manera
asquerosamente dolorosa.
- ¡Perfecto, sí, que pague el
desgraciado!
Diana salía feliz de lo que
había conseguido con la bruja, regresando a casa planeando como dárselo al
odioso de su maestro, ignorando por completo los regaños de su madre, regresó a
su habitación a contarle sobre el veneno especial a sus amigas, quienes
rápidamente alegando el hecho de matar a su maestro o si era lo mejor verlo
sufrir al denigrarse.
Al día siguiente, Diana esperó
el momento preciso para verter la pócima en el termo de café de su maestro, lo mezcló
rápidamente y salió antes de que este entrara al salón, las clases aun no
comenzaban y se escondió afuera con cámara en mano para comenzar a grabar todo
y tenerlo de recuerdo.
- ¡Bay, bay profe, Jajajaja!
–Diana reía mientras se ponía en posición al ver como Joaquín se sentaba en su escritorio
y comenzaba a degustar un panecillo con su café.
- ¡Ummm, que raro sabe esto!; seguramente
ya estaba echado a perder el grano del café, ni modo, tendré que ir a comprar más
saliendo de la escuela.
Joaquín ignoraba completamente
lo que estaba pasando, tan solo le bastó con verter un poco de azúcar en su
café y continuar bebiéndolo antes de la entrada de sus alumnos.
De repente, Joaquín comenzó a sentirse
extraño, su estómago gruñía y comenzaba a sudar mucho por todas partes, hasta
sentir un fuerte ardor en su piel, además de un agudo dolor en todos sus
huesos.
- ¡Ahhh!, ¿Qué me pasa?, ¡Ayuda,
me arde todo! –Joaquín gritaba de dolor, mirando como su cuerpo comenzaba a
deformarse de la nada.
- ¡Jajajaja, holi profe!
–Diana entraba con su celular en mano mientras se reía y grababa todo.
- ¿Diana?, ¡Diana ayúdame por
favor, no sé qué me pasa, me estoy muriendo! –Joaquín imploraba desconociendo
las malas intenciones de la chica.
- ¡Jajajaja!, ¿Yo ayudarlo?,
¡No sea imbécil! –Diana respondía –Fui yo quien le dio un veneno muy poderoso,
ahora mismo se va a derretir como una gelatina, gracias al veneno ácido que le
puse a su café.
- ¿Pero porque Diana, yo que
te hice para que me hagas esto?
- ¿Qué que me hizo?,
¡Jajajaja!; parece que es un viejo baboso, esto es por ponerme cero en el
examen, por humillarme mil veces en clase y por dejarme en ridículo con mi
madre.
- ¡Pero Diana, es por tu bien!,
yo solo intentaba hacer que aprendieras, ¡Ahhh! –Joaquín jadeaba con dolor,
mientras ambos observaban como su cuerpo se volvía una deforme gelatina de
color morado hasta parecer una simple masa babosa sin vida en el suelo.
- ¡Jajajaja, que asco, pero
esto vale oro! –Diana reía luego de que su malvado plan funcionara.
(Continua leyendo abriendo la entrada si es que estas en modo web o computadora o tablet, ya que esta larga y puse un salto de página :P)










