Lucas seguía profundamente dormido, con un brazo extendido sobre el lado de la cama que María había ocupado durante la noche. La respiración tranquila y el cabello alborotado le daban un aspecto vulnerable que contrastaba con el cuerpo masculino que ahora habitaba. María lo observó un segundo desde la puerta de la habitación y decidió no despertarlo todavía. Necesitaba confirmar lo que su instinto le gritaba antes de compartirlo.
Regresó a la cocina en silencio y se agachó junto a la caja improvisada. El ratón —Amber, si es que realmente era ella— levantó la cabecita de inmediato al oírla acercarse. María se sentó en el suelo, con las piernas cruzadas, y apoyó los codos en las rodillas para quedar a su altura.—Hola otra vez… —susurró—. Si de verdad puedes entenderme… presta atención.
El animalito se quedó completamente quieto, las orejitas erguidas, los ojitos negros fijos en ella. No era el comportamiento nervioso y errático de un simple roedor. Había una intención clara en esa mirada.
María respiró hondo.
—Dame la patita.
El ratón dudó solo un segundo. Luego levantó una de sus patitas delanteras y la apoyó con cuidado sobre la yema del dedo que ella le ofrecía. María sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—Ahora… una voltereta.
El pequeño cuerpo se movió con torpeza, pero obedeció. Dio una voltereta completa sobre el fondo de la caja y terminó mirándola de nuevo, como esperando la siguiente instrucción.
El corazón de María latía con fuerza. Todavía podía ser coincidencia. Anima
les inteligentes a veces aprendían trucos. Pero la precisión, la atención constante, la forma en que parecía esperar…
Se inclinó un poco más, bajando la voz hasta casi un susurro.
—Amber… ¿eres tú?
La reacción fue inmediata y eufórica.
El ratón empezó a moverse de un lado a otro dentro de la caja, emitiendo una serie de chillidos agudos y cortos, levantando ambas patitas delanteras y golpeando suavemente el cartón como si intentara aplaudir o afirmar con todo el cuerpo. No había duda. No podía haberla. Aquella respuesta desesperada y llena de alivio solo podía venir de alguien que había estado atrapado en silencio durante días, esperando que alguien —cualquiera— lo reconociera.
María sintió que se le hacía un nudo en la garganta.
Con mucho cuidado, introdujo ambas manos en la caja y levantó al pequeño cuerpo tembloroso. Se lo acercó al pecho, protegiéndolo contra la tela de su camiseta, y habló en voz muy baja, casi temblando:
—Todo va a estar bien… ¿me oyes? Aquí estás a salvo. No te va a pasar nada. Lo prometo.
El ratón se acurrucó contra su pecho, todavía emitiendo aquellos soniditos suaves, como si por fin pudiera dejar de estar en guardia. María cerró los ojos un momento, sintiendo el peso minúsculo y frágil contra su piel. Una idea horrible cruzó su mente: si la noche anterior hubiera ignorado al gato, si hubiera seguido caminando sin prestar atención… Amber habría muerto en silencio entre las mandíbulas de un animal callejero. Y nadie, absolutamente nadie, habría sabido nunca qué fue de ella. Simplemente se habría convertido en otro cartel desgastado por el sol y la lluvia.
La culpa y el alivio se le mezclaron en el pecho hasta dolerle.
Casi una hora después, escuchó movimiento en la habitación. Lucas apareció en la cocina todavía semidormido, con el pelo revuelto y marcando bostezos, hasta que vio la expresión seria de María y al ratón acurrucado en su mano.
—¿Pasa algo?María levantó la vista. Tenía los ojos un poco húmedos.
—Es Amber —dijo simplemente—. El ratón… es Amber.
Lucas se quedó congelado durante un par de segundos intentando procesar la magnitud de la noticia. Luego se acercó despacio, mirando al pequeño animal con una mezcla de incredulidad y un alivio profundo que se le notó en toda la cara. Se pasó una mano por el rostro y soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Está viva… —murmuró—. Dios mio. Está viva. Aunque sea así… está viva.
María asintió, acariciando con un dedo el lomo del ratón.
—Y si logró sobrevivir tanto tiempo convertida en esto… tal vez sepa cosas. Cómo la transformó, si dijo algo antes, si el anillo tiene algún punto débil. Cualquier información vale oro ahora mismo. Tenemos que encontrar la forma de comunicarnos mejor con ella. De verdad.
Lucas observó al pequeño cuerpo de Amber, tan frágil y a la vez tan obstinadamente vivo, y asintió con gravedad.
La pieza más importante del rompecabezas acababa de aparecer… y cabía en la palma de una mano.
No perdieron más tiempo.
Lucas trajo la laptop del escritorio y la colocó sobre la mesa de la cocina con cuidado. La abrió, creó un documento en blanco en el bloc de notas y aumentó el zoom para que las letras fueran enormes. Luego ambos se agacharon a la altura de la caja, donde Amber los observaba con aquellos ojitos negros intensos, completamente atenta.
María fue quien habló primero, con voz suave pero clara:
—Amber… vamos a intentar algo. Si de verdad nos entiendes, queremos que uses el teclado. Con mucho cuidado. ¿Sí?
El ratón se movió de inmediato hacia el borde de la caja, como aceptando. Lucas, con una delicadeza casi exagerada, la levantó entre sus dedos y la depositó sobre el teclado del portátil. El contraste era absurdo: aquel animalito minúsculo sobre las teclas negras, tan frágil que un movimiento en falso podría lastimarla.
María se inclinó un poco más.
—Primera pregunta, y necesito que sea clara. ¿Fue el anillo de Andrés el que te transformó en esto?
Amber se quedó quieta un segundo, como procesando. Luego caminó con torpeza sobre las teclas hasta llegar a la zona de las letras. Con las patitas delanteras hizo presión sobre la tecla ''S''… y después sobre la ''I''.
-SI
María sintió un nudo en el estómago. Andrés estaba cruzando límites sin el menor remordimiento. Había convertido a Amber en un animal diminuto y la había abandonado a su suerte. Había transformado a un profesor solo por suspenderlo. Los había cambiado a ellos por despecho. ¿Qué sería lo siguiente? ¿Cuánto tardaría en hacer algo todavía peor, algo irreversible?
Lucas apretó la mandíbula, los nudillos blancos sobre el borde de la mesa.
—Está fuera de control —murmuró—. Y cada día que pasa se siente más intocable.
María asintió, pero no apartó la vista del pequeño cuerpo de Amber sobre el teclado.
—Amber… —dijo con suavidad—. Necesitamos saber cómo terminaste así. Qué pasó exactamente. Sabemos que va a ser un esfuerzo enorme para ti escribirlo… pero cualquier detalle puede ayudarnos a detenerlo.
El ratón levantó la cabecita hacia ella. Por un momento pareció dudar, consciente quizá de lo difícil que resultaría teclear letra por letra con aquel cuerpo minúsculo. Pero entonces algo cambió en su actitud. Empezó a moverse con una energía casi eufórica, como si el simple hecho de poder comunicarse después de días de silencio absoluto fuera el mayor alivio del mundo. Corrió de un lado a otro sobre las teclas, olfateando, posicionándose, preparándose.
Lucas y María contuvieron la respiración.
Amber, con movimientos lentos, torpes y tremendamente esforzados, comenzó a presionar las primeras letras.
La historia de cómo había terminado convertida en aquel frágil ratón estaba a punto de salir a la luz.
WOLAS QUERIDOS LECTORES ¡¡¡¡¡¡¡ Me tome un ligero descanso para relajarme y poder preparar mas historias , ya hay al menos 5 tramas distintas que he preparado una que funciona a modo de spin off de la historia ''Lección aprendida'' , una historia precuela de esta historia, una de Sabrina Carpenter y historias cortas a base de peticiones que comentaron en los caps. faltan 4 capítulos para acabar esta historia así que ya saben sugerencias peticiones en la cajita de comentarios.

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