Cuando la pareja se giró, el aire pareció detenerse un segundo.
Era Andrés.
Pero no el Andrés que recordaban.
El chico obsesivo, un poco encorvado y de mirada incómoda que había intentado interponerse entre ellos el año anterior ya no estaba. En su lugar había un joven alto, de hombros anchos y postura segura. El rostro se le había afilado, volviéndose marcadamente atractivo; la mandíbula más definida, los ojos más intensos bajo unas cejas perfectamente arqueadas. Incluso la forma de vestir había cambiado: ropa oscura que le quedaba justa, resaltando un cuerpo claramente más fornido. Parecía otra persona. Una versión mejorada, casi irreal, de sí mismo.
Mateo frunció el ceño de inmediato. Lucía, en cambio, parpadeó un par de veces, sorprendida por el cambio tan drástico.
Andrés sonrió con lentitud, apoyando un hombro contra la pared como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—Vaya, vaya… —dijo con voz más grave de lo que recordaban—. ¿Disfrutando del momentito a solas? Qué romántico. Justo como en los viejos tiempos.
Lucía se tensó. Todavía tenía una mano apoyada en el pecho de Mateo.
—¿Nos seguiste? —preguntó directamente, sin rodeos.
Andrés asintió sin ninguna vergüenza, como si fuera lo más natural del mundo.
—Claro. No fue difícil. Ustedes dos siempre terminan buscando rinconcitos escondidos.
Hubo un silencio incómodo. Entonces Andrés enderezó un poco la espalda, mirando fijamente a Lucía con una intensidad que hizo que a ella se le erizara la piel.
—Dime una cosa, Lucía… viéndome ahora, ¿de verdad no querrías estar conmigo?
La pregunta cayó como una losa. Lucía lo miró con una mezcla de extrañeza y firmeza. No había duda en su voz cuando respondió:
—No. Felicidades por el cambio físico, se te nota el esfuerzo… pero entre tú y yo no va a haber nada. Nunca lo hubo y nunca lo habrá.El rostro de Andrés se quebró por un segundo. La sonrisa segura se transformó en una mueca de puro disgusto y decepción. Los ojos se le endurecieron de una forma que ninguno de los dos había visto antes.
Mateo reaccionó al instante. Se interpuso delante de Lucía, protegiéndola con el cuerpo, una mano extendida hacia atrás para mantenerla cerca.
Andrés soltó una risa baja, casi silenciosa, que no llegó a sus ojos. Sacó una mano del bolsillo y entre los dedos brilló algo metálico: un anillo antiguo, de diseño retorcido, con una piedra oscura en el centro.
—Ustedes dos casi arruinan mis planes el otro día —murmuró mientras se colocaba el anillo en el dedo índice—. Corriendo por los pasillos, metiendo las narices donde no debían… Menos mal que al final no vieron demasiado.
Levantó la mano y apuntó directamente al pecho de Mateo. La piedra del anillo comenzó a emitir un débil resplandor.
—A ver cómo se las arreglan después de esto.
Un haz de luz densa y violácea surgió del anillo con un zumbido agudo. Mateo apenas tuvo tiempo de abrir los ojos con sorpresa. Lucía, al ver el peligro, no lo pensó: se abalanzó hacia adelante y se aferró a él con fuerza, intentando empujarlo fuera del alcance del hechizo o al menos protegerlo con su propio cuerpo.
Fue inútil.
El haz los envolvió a los dos al mismo tiempo.
Una oleada de calor imposible les recorrió la piel, seguida de un mareo brutal que les dobló las rodillas. El mundo dio un vuelco. Los sonidos se volvieron lejanos, distorsionados. Lucía sintió cómo los brazos de Mateo intentaban sujetarla incluso mientras ambos perdían fuerza.
La última cosa que vieron antes de que la oscuridad los tragara por completo fue la sonrisa satisfecha de Andrés, todavía con la mano extendida y el anillo brillando en la penumbra del pasillo.La consciencia regresó de forma lenta y confusa.
Lucía abrió los ojos primero. El techo del pasillo le resultaba extrañamente lejano. Parpadeó varias veces, intentando enfocar, y cuando por fin logró incorporarse apoyándose en los codos, una sensación de desajuste profundo la invadió. Todo a su alrededor parecía… más pequeño. El marco de la puerta, las paredes, incluso el suelo se sentía distinto bajo su peso. Se llevó una mano a la cabeza y notó que sus dedos eran más grandes, más toscos. El cabello, antes largo, ahora le rozaba apenas la nuca.
El corazón empezó a latirle con fuerza.
Giró la cabeza buscando a Mateo y lo encontró todavía tendido en el suelo, a un par de metros. Pero la figura que yacía allí no era la de su novio.
Era una chica.
Una joven de facciones delicadas y atractivas, con el pelo castaño un poco alborotado cayéndole sobre el rostro. El cuerpo, aunque aún semiconsciente, se adivinaba bien proporcionado: hombros suaves, cintura marcada y una curva evidente bajo la tela de una blusa que Lucía no reconocía. El pánico le subió a la garganta como un sabor amargo.
—¿Mateo…? —intentó llamar.
La voz que salió de su boca no era la suya.
Era grave. Claramente masculina.
Lucía se quedó paralizada, con la mano todavía extendida hacia la chica del suelo. Bajó la mirada hacia su propio pecho… y el mundo dio un vuelco. Ya no había senos. En su lugar, un torso plano bajo una camiseta de hombre que le quedaba justa de hombros. Las manos grandes. Los brazos más fuertes. Las piernas más largas.
Se había convertido en un chico.
En ese preciso momento, la joven del suelo —Mateo— abrió los ojos. Parpadeó desorientada, y cuando su mirada se encontró con la figura masculina que la observaba, el terror le invadió el rostro de inmediato. Intentó incorporarse y, al hacerlo, notó el peso extraño en el pecho. Dos senos que no deberían estar ahí tiraron suavemente de su torso. Soltó un jadeo agudo… y la voz que le salió fue claramente femenina, más alta y suave de lo que jamás había tenido.—¿Q-qué… qué pasó? —preguntó con aquella voz ajena, mirando sus propias manos pequeñas y luego el cuerpo de Lucía—. ¿Lucía? ¿Eres tú?
Se reconocieron en el mismo instante en que el miedo empezó a transformarse en una comprensión horrible.
Andrés los había cambiado.
Habían intercambiado géneros.
Mateo —ahora atrapado en un cuerpo de mujer joven y atractiva— se miró el pecho con los ojos muy abiertos, palpándose por encima de la blusa como si necesitara confirmar que era real. Los senos respondieron al tacto con un peso suave y una sensibilidad que le arrancó un temblor. La ropa también había cambiado: ya no llevaba su camiseta ni sus vaqueros. En su lugar, una blusa clara y un pantalón vaquero de mujer le ceñían las nuevas caderas.
Lucía (ahora en un cuerpo masculino alto y de complexión atlética) se acercó torpemente, todavía acostumbrándose a la nueva longitud de sus piernas y a la gravedad de su voz.
—Somos nosotros —dijo, arrodillándose a su lado—. Nos cambió. Ese maldito anillo… nos cambió de género.
Mateo seguía en shock, respirando agitado, con una mano todavía apoyada sobre su propio pecho como si no pudiera aceptar lo que sentía.
—Tengo… tetas —susurró, casi histérico—. Soy más pequeña. Mi voz… mierda, Lucía, mi voz.
Lucía le ofreció una mano —ahora grande y claramente masculina— para ayudarlo a levantarse. Mateo la aceptó con dedos temblorosos y se puso de pie, tambaleándose un poco por el cambio de equilibrio y el peso desconocido en el torso.
—Tenemos que encontrar a Andrés —dijo Lucía con urgencia, aquella voz grave todavía sonándole extraña en sus propios oídos—. Tiene que deshacer esto. Ahora.
Mateo negó con la cabeza, aunque el gesto le resultó distinto con su nuevo rostro.—No. No ahora. Acabas de ver lo que le pasó a Amber… o lo que sea que le hizo. Si vamos detrás de él sin un plan, podríamos terminar igual. O peor. Tenemos que pensar. Buscar la forma de enfrentarlo con ventaja.
Lucía apretó la mandíbula, frustrada, pero terminó asintiendo. Mateo tenía razón. Actuar por impulso era exactamente lo que Andrés probablemente esperaba.
Sin decir mucho más, ambos empezaron a caminar de regreso hacia el interior del campus. Cada paso les recordaba la nueva realidad: la forma distinta de moverse, el peso del cuerpo, la ropa que no era suya, las miradas que empezaban a recibir de los pocos estudiantes que aún deambulaban por los pasillos a esa hora.
La vida que conocían acababa de dar un vuelco enorme.
Y ninguno de los dos tenía la menor idea de cómo volver a ponerla en su sitio.
WOLAS A TODOS¡¡¡¡¡¡¡¡ DISCULPEN LA DEMORA aquí una nueva parte de esta nueva historia ya saben cualquier comentario sugerencia o petición los leeré en la caja de comentarios.




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