jueves, 8 de octubre de 2026

Lección Aprendida 6 (Final)


Tania giró el pomo y abrió la puerta.

Allí estaba ella, exactamente igual que las veces anteriores: expresión tranquila, esa media sonrisa picara que nunca anunciaba nada del todo bueno. La bruja inclinó ligeramente la cabeza.

—¿Puedo pasar?

Tania no puso peros. Se hizo a un lado en silencio y la dejó entrar. El peso familiar de sus senos tiró un poco al cerrar la puerta detrás de ella. El salón olía todavía a la comida que había intentado prepararse horas antes; la pecera burbujeaba suavemente en un rincón.

La mujer se detuvo en medio de la habitación, mirándola de arriba abajo con evidente apreciación.

—Estuviste increíble —dijo con tono casi admirado—. Tienes material como mujer. De sobra.

Tania cruzó los brazos bajo el pecho, incómoda.

—Solo hice lo necesario para ayudar a mi amigo —respondió con sequedad—. Nada más.

La bruja soltó una risita suave.

—Bien, bien. Cumpliré mi promesa. Sin embargo…yo impondré las condiciones.

Tania sintió que el estómago se le cerraba. El sujetador le apretaba un poco más de lo normal por la tensión.

—¿Cuáles? —preguntó, sin disimular la incomodidad.

La mujer caminó despacio hasta quedar frente a la pecera. Diego se mantuvo en el fondo, las aletas tensas.

—A tu amigo le devolveré una forma humana —explicó con calma—. Pero eso traerá una pequeña sorpresa. En cuanto a ti…

Se giró y la miró fijamente, esa sonrisa picara todavía en los labios.

—Te esforzaste mucho. Más de lo que esperaba, incluso algunas de mis clientas me enviaron sus agradecimientos y felicitaciones. Así que te permitiré decidir. Puedes volver a ser un chico… o quedarte como estás. Sea cual sea tu decisión, te daré una pequeña bendición, después de todo no eres una mala persona.

El silencio se alargó varios segundos.

Tania bajó la mirada hacia sus propias manos, más pequeñas y delicadas. Pensó en las discusiones constantes que tenía con su padre cuando todavía era Tomás. En las miradas de desaprobación. En lo poco que hablaban. Ahora él sonreía cuando ella llegaba a casa. La abrazaba. Le preguntaba cómo estaba. Su madre la trataba con una ternura que nunca había conocido. Y luego estaba su cuerpo… el peso de sus senos, la forma en que el placer la sacudía por las noches, la seguridad extraña que había empezado a sentir al mirarse al espejo vestida, maquillada, deseada.

Tragó saliva.

—Me quedo así —dijo al fin, con voz baja pero firme—. En cierta manera… me gusta. Y la relación con mis padres ha mejorado bastante.

La mujer sonrió de verdad esta vez, satisfecha.

—Qué bueno que aprendieron —murmuró—. Ambos.

Se acercó un paso, le tocó suavemente la frente con dos dedos  y luego se dirigió hacia la puerta.

—Cuídate, Tania.

Y se desvaneció.

El salón quedó en silencio otra vez.

Tania soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y se pasó una mano por la cara. Acababa de decidir quedarse en ese cuerpo para siempre. La realidad de esa elección todavía no terminaba de asentarse cuando un chapoteo raro la hizo girar la cabeza hacia la pecera.

Diego estaba fuera del agua.

El pez yacía sobre el borde de madera del mueble, agitando el cuerpo con desesperación. Tania soltó un grito ahogado y corrió hacia él, las manos extendidas para devolverlo al agua antes de que se asfixiara.

—¡Diego, no…!

Pero en cuanto sus dedos lo tocaron, notó que algo era distinto.

La piel plateada ya no se sentía igual. Había un calor extraño. Un temblor. El cuerpo del pez se contorsionó de una forma imposible y empezó a cambiar delante de sus ojos, estirándose, deformándose, creciendo…

Tania se quedó congelada, con las manos todavía extendidas, el corazón latiéndole desbocado, mientras la transformación de su amigo apenas comenzaba.

La transformación no fue instantánea.

El cuerpo del pez se contorsionó sobre el suelo de madera con movimientos espasmódicos, estirándose, engrosándose, perdiendo las escamas plateadas en favor de una piel cada vez más humana. Tania se quedó arrodillada a su lado, con las manos temblando a medio camino, sin atreverse a tocarlo por miedo a interrumpir lo que fuera que estuviera ocurriendo. Los segundos se alargaron. Hubo un crujido húmedo, un cambio de proporciones absurdo, y de pronto ya no había un pez forcejeando por aire.

Había una chica.

Desnuda, empapada y temblando, tendida de lado sobre el suelo del salón.

No era el Diego que Tania recordaba. Era su versión femenina. Cabello largo y húmedo que se le pegaba a la frente y al cuello. El rostro mantenía ciertos rasgos familiares —la forma de la mandíbula, la línea de las cejas—, pero suavizados, volviéndose delicados. El cuerpo era delgado, de hombros estrechos, senos modestos pero firmes, cintura fina y piernas largas. Incluso siendo mujer, era claramente más alta que Tania. La piel pálida brillaba por el agua que todavía le escurría.

Mientras la metamorfosis terminaba, Tania notó algo extraño en sí misma.

El fuego constante que había llevado entre las piernas durante meses —esa necesidad casi dolorosa que la obligaba a tocarse cada noche— disminuyó de golpe. Como si alguien hubiera cerrado un grifo. El alivio fue tan brusco que soltó un jadeo. Entendió entonces, con claridad brutal, que aquel libido descontrolado no había sido solo una consecuencia natural de su nuevo cuerpo. Había sido una maldición. Un empujón deliberado de la bruja para que aprendiera, para que cediera, para que se hundiera más profundo en su nueva piel.

Diego —o quien fuera ahora— abrió los ojos de golpe y tomó aire con un suspiro profundo, desesperado, como si hubiera estado conteniendo la respiración durante siglos. El pecho se le elevó con fuerza. Volvía a respirar aire. De verdad.

—…Ay CARAJO¡ —fue lo primero que salió de su boca. Una voz femenina, más grave que la de Tania, pero claramente de mujer—. Puedo… puedo respirar.

Se incorporó a medias, todavía temblando, y miró sus propias manos con los ojos muy abiertos. Luego bajó la vista hacia su pecho desnudo, hacia el resto de su nuevo cuerpo. La expresión pasó del alivio puro a una confusión profunda en cuestión de segundos.

Tania no pensó. Se lanzó hacia adelante y la abrazó con fuerza, sin importarle que ambas terminaran empapadas. La nueva Diego correspondió al abrazo de inmediato, aferrándose a ella con dedos todavía húmedos, como si temiera que el suelo volviera a convertirse en agua en cualquier momento.

—Estás aquí —susurró Tania contra su hombro—. Estás humana otra vez…

Diego asintió contra ella, todavía sin soltarla. El alivio de volver a tener pulmones, brazos y piernas era tan abrumador que, por unos segundos, el detalle de ser mujer quedó en segundo plano.

Pero la realidad no tardó en imponerse.

Estaban en medio del salón. Diego estaba completamente desnuda. El agua formaba un pequeño charco a su alrededor y el aire fresco de la casa le erizaba la piel.

—Necesitas ropa —dijo Tania, separándose solo lo suficiente para mirarla—. Vamos arriba, después de una ducha reconfortante para  Diego sintiendo su humanidad por fin devuelta.

La ayudó a ponerse de pie. Diego se tambaleó al principio; el equilibrio de un cuerpo más alto y de proporciones distintas no era el mismo. Tania la guió por las escaleras hasta su habitación, donde abrió el armario y empezó a sacar prendas a toda prisa. Un sujetador un poco justo, una camiseta holgada, un pantalón de chándal que, aunque le quedaba corto de largo, al menos la cubría.

Mientras Diego se vestía con movimientos torpes, mirando sus nuevas manos y la curva suave de sus senos como si no terminaran de pertenecerle, Tania se quedó de pie junto a la cama, mordiéndose el labio inferior.

—Yo… lo siento —dijo al fin, en voz baja—. Por no pedirle que te devolviera como chico. Yo… elegí quedarme así. Y pensé que…

Diego levantó la vista. El cabello todavía húmedo le caía sobre la frente. Había confusión en su expresión, sí. Extrañeza. Pero también una calma exhausta.

—Eso es lo de menos ahora —respondió con aquella voz nueva—. Fue horrible ser un pez. Horrible. No poder hablar, no poder respirar de verdad, no poder… nada. Al menos ahora soy una persona otra vez. Puedo tocar cosas. Puedo abrazar. Puedo existir.

Se quedó callada un segundo, mirando sus propias piernas largas dentro del pantalón de chándal.

—Ya lidiamos con lo demás después.

Tania sintió que algo se le deshacía en el pecho. Se acercó y la abrazó de nuevo, esta vez con menos desesperación y más gratitud. Diego correspondió, apoyando la barbilla sobre la cabeza de Tania .

Una lo hacía por alivio puro de haber dejado atrás el agua y las escamas.

La otra, porque por fin —después de meses de miedo, de culpa y de un cuerpo que no había pedido— aquella pesadilla parecía haber llegado a su fin.

El silencio de la habitación las envolvió. Afuera, la noche seguía su curso. Y por primera vez en mucho tiempo, ninguna de las dos tenía que fingir que todo estaba bien… porque, de alguna extraña manera, empezaba a estarlo.

Los días, como siempre ocurre cuando la vida insiste en seguir adelante, terminaron por acomodarse.

Para el resto del mundo, Tania y Darcy siempre habían sido chicas. Nadie cuestionaba sus nombres, sus cuerpos ni sus historias. La magia de aquella mujer había sido tan limpia y tan absoluta que ni siquiera quedaban cabos sueltos. Los registros, los recuerdos ajenos, las fotos antiguas… todo encajaba con una naturalidad inquietante. Ellas dos sabían la verdad. Nadie más.

Y, a pesar de todo, seguían siendo inseparables.

Había noches en las que se quedaban en el sofá de la casa de Tania, con las piernas cruzadas y una manta compartida, preguntándose en voz baja qué habría pasado si aquel día en el terreno baldío hubieran sido un poco menos idiotas. Si hubieran ignorado a la mujer del riachuelo. Si hubieran seguido de largo. O si, después de transformarlos, la bruja hubiera decidido simplemente desaparecer sin ofrecer ningún trato. Las preguntas no tenían respuesta, y con el tiempo aprendieron a no darles demasiadas vueltas. El pasado ya no se podía cambiar. Solo quedaba aprender a cargar con él.


Las semanas se convirtieron en meses.

Intentaron llevar una vida normal. Salían a fiestas, se maquillaban juntas frente al espejo, se prestaban ropa  y se quejaban de las mismas cosas que cualquier otra chica de su edad: el período, los zapatos que mataban, los comentarios estúpidos de algunos tipos en la calle. Poco a poco, aquellas quejas dejaron de sentirse ajenas. Se volvieron cotidianas. Reales.

Tania fue la primera en enamorarse.

Conoció a un chico en la universidad. No fue un flechazo cinematográfico, sino algo más lento, más sólido. Él la miraba como si realmente la viera, no solo su cuerpo. Las noches juntos eran intensas: Tania descubría una y otra vez lo mucho que su cuerpo podía sentir cuando había cariño de por medio, y él parecía disfrutar enseñándole. Se querían. De verdad. Y aunque a veces, en la intimidad de su mente, Tania recordaba que hacía menos de un año todavía era un chico llamado Tomás, esa memoria ya no le dolía igual. Solo era una parte extraña de su historia.

Darcy, en cambio, se resistió más.

Durante un tiempo salió solo con chicas. Decía que le resultaba más fácil, más familiar. Que no estaba lista para cruzar esa línea. Tania no la presionó. Simplemente estuvo ahí, escuchándola, acompañándola. Hasta que un día Darcy llegó al departamento con las mejillas sonrojadas y una sonrisa torcida, confesando que había conocido a alguien. Un chico. Callado, paciente, con manos grandes y una forma de mirarla que la desarmaba. Eventualmente, ella también cedió. No de golpe ni con fuegos artificiales, sino con la misma cautela con la que había afrontado todo lo demás desde que dejó de ser un pez.

Con el paso del tiempo, ambas cambiaron.

La arrogancia imprudente de aquel terreno baldío se fue diluyendo. Se volvieron más amables. Más cuidadosas con las palabras. Más conscientes del peso que podían tener una mirada o un comentario lanzado sin pensar. Habían aprendido, a la fuerza, lo que significaba ser objeto de deseo, de burla o de indiferencia. Y esa lección se les había quedado grabada bajo la piel.

Tendrían que vivir el resto de sus vidas como mujeres.

Esa certeza ya no las aterraba como al principio. Había días en los que todavía extrañaban algo indefinible de sus cuerpos anteriores. Había mañanas en las que Darcy se miraba el pelo rubio en el espejo y negaba con la cabeza, o en las que Tania se ajustaba el sujetador con un suspiro resignado. Pero también había risas compartidas, noches de películas, planes futuros y la tranquilidad de saber que, pase lo que pase, no estarían solas.


La idea de seguir juntas, de envejecer en aquellos cuerpos que un día les habían sido impuestos, ya no les desagradaba del todo.

De hecho, en las noches tranquilas, cuando el silencio de la casa solo se rompía por el sonido lejano de la ciudad, ambas llegaban a la misma conclusión sin necesidad de decirlo en voz alta:

Podría haber sido mucho peor.

Y, de alguna extraña manera… estaba bien.




WOLAS, DISCULPEN LA DEMORA ¡¡¡ Bueno ha finalizado esta historia , la próxima historia tendrá un poco mas de lore en cuanto a la magia y entes que los portan  pero de momento  nos quedamos con el final de esta historia  fue un gusto escribirla y que ustedes la disfruten.


La mascara de marfil capitulo 2


Clarisa sé encontraba examinado su cuerpo sin poder creer lo que veía en el espejo. En verdad era su rostro su cuerpo 

Después estar viéndose en él espejo por un largo rato Clarisa que puso uno de los uniformes de las empleadas más jóvenes que habían trabajado allí 


Cuando Clarisa salió dél cuarto de servicio volviendo al comedor sé encontró a Esmeralda parada frente a la ventana viendo así afuera observando a las personas pasar 



Esmeralda : Dime Clarisa ¿Tu en quién té convertirías primero? 


Clarisa : 🤔 Pués creo que elegiría aaaa. Creo que seria Romina la hija de los vecinos 


Esmeralda : Romina si sería interesante ser ella. Es hermosa joven y popular con los chicos 


Con la mascara en mano Esmeralda miró su reflejo en la ventana antes de ponerse la máscara 


Lentamente levantado la mascara y sé la puso sintiendo como está sé quedaba pegada a su rostro en ése momento Esmeralda en voz baja dijo él nombre de Romina 


Tan solo unos segundos de hacer pronunciado él nombre de la chica todo su cuerpo empezó a cambiar incluso su ropa 


Aún con la mascara puesta ella vio sus manos notando que ahora sus uñas estaban pintadas de un color negro al tiempo que también notó que su traje de oficina se había vuelto una simple camiseta 


Esmeralda : No puedo ser. En verdad soy Romina y solo traigo puesta una camiseta 


Ella sé quita la mascara y mira su rostro en el reflejo de la ventana tras lo cual percibe él olor de su cabello a manzana 


Esmeralda : hay por dios mira este abdomen incluso cambio mi ropa interior 

Romina edad 20 años vive en la casa de alado chica populares 


Esmeralda : y mira éste trasero en verdad soy exactamente igual a ella 

Clarisa : 😅Si es igual ¿Entonces que piensas hacer ahora?


Esmeralda : supongo que salir a caminar y ser ella 


Clarisa 😅 vestida así?


Esmeralda : 🤭 jijiji tienes razón no puedo salir así. Supongo que es lo que ella tiene puesto en este momento 


Clarisa : también puede convertirse en una versión más joven de usted misma tal como yo 


Esmeralda : 😮‍💨No lo creo. Yo era un patito feo en mí adolescencia 💡ya sé también me puedo convertir en Eleonora ella también es muy atractiva 

Eleonora edad 26 años vive en frente casado con Paolo 


Ella sé vuelve a poner la mascara y pronuncia en voz baja él nombre de Eleonora mientras piensa en ella y de nueva toda su apariencia volvió a cambiar 


En cuestión de instantes su pelo sé hizo más corto y su ropa volvió a cambiar. Al bajar la mirada vio que ahora tenía puesto un pequeño chor azul 


Esmeralda : sorprendente. Mira éste trasero tan redondo y firme 


Clarisa 🫢 si señora sé ve firme. Aunque huele un poco a sudor 


Esmeralda : Si huele a sudor. Supongo que por la vestimenta y él olor ella debe de estar corriendo en éste momento 


Clarisa : sorprendente señora ésa mascara incluso copia él olor 


Esmeralda : si. Puedo convertirme en una copia exacta de cualquier persona. Espera un momento si Eleonora está corriendo entonces no está en su casa 🤭 jijiji tengo una idea 


Tras tener una idea perversa Esmeralda sé apresura a guardar la mascara en una caja fuerte para después salir de su casa mientras tanto Clarisa sé para frente a la venta viendo como su señora entra a la casa de Eleonora 


Esmeralda : rrrrrrr hola hay alguien aquí hola. Al parecer no hay nadie jijiji 🤭


Al creerse solo Esmeralda subió al segundo piso y buscó la recamara principal y ya estando allí sé empezó a cambiar de ropa modelando frente al espejo 


Esmeralda : Mírame que hermosa soy. Que envidia mira éste cuerpo tan en forma. Me preguntó si también tengo su condición 🏃🏼‍♂️


En la parte de abajo sé empezó a escuchar ruido al bajar Esmeralda vio a un hombre entrando en en la casa de inmediato ella lo reconoció como él limpia piscinas dél vecindario un joven en su veintitantos apuesto y musculoso 


Arnold : hola señora Eleonora. Volvió de correr muy rápido debió. Perdón por entrar sin avisar 


Esmeralda :🤤 Hola guapo (hay por dios que acabo de decir) 


Normalmente Esmeralda es una persona que sé fija mucho en el que dirán por lo que siempre mantiene las apariencias en el trabajo y él círculo social pero ahora no es ella misma 


De alguna manera él tener él rostro de alguien más le estaba dando un pequeño impulso de valor que normalmente no tendría 


Esmeralda : sabes eres un chico muy guapo ¿Té parezco atractiva?


Arnold : 😧 pués si. Usted es muy hermosa 


Esmeralda : Té gustaría lamerme probarme?


Arnold : 😅 Señora disculpé no entiendo 


Esmeralda : hay muchacho no me digas que nunca has fantaseado con Ele. Con migo 


Lentamente Esmeralda bajo las escaleras llegando hasta la sala recargándose en la mesa alzando su trasero y subiendo su falda 


Esmeralda : vamos no me digas que no quieres tocar esté trasero tan firme 


Arnold quedó boquiabierto ante él comportamiento tan seductor de la falsa Eleonora sin saber quién era realmente 


Arnold : si quiero 


En un impulso de lujuria Arnold sé arrodilló detrás de ella levantado su falda y metiendo su cabeza de bajó 

Su suspiro se convierten en un gemido estrangulado, mientras su cuerpo la delata. Sus músculos se tensan, sus manos se aferran con desesperación a la mesa 


Esmeralda : asi no pares Aaaaaaaaa 


Su voz se quiebra, y aunque sus palabras son firmes, su cuerpo tiembla, mientras siente la lengua de Arnold profundamente dentro de su culo lamiendo 


Mientras tanto la verdadera Eleonora seguía corriendo haciendo su ejercicio diario sudando transpirando sin saber que era lo estaba pasando en su casa 


martes, 6 de octubre de 2026

La mascara de marfil capitulo 1


Liza Baez


Hola. En está ocasión nos encontramos en uno dé los vecindarios más lujosos dé México. Una zona residencial que pocos sé pueden permitir 



La historia sé centrará en Esmeralda una mujer en sus 30 años Dueña de su propia empresa 

Esmeralda es una mujer trabajadora sin familia ni pareja pesé a su gran belleza. Su vida es trabajo trabajo y más trabajo al llegar a su casa la única persona que la recibe es su empleada Clarisa una mujer de 56 años 


Día a día era lo mismo trabajar llegar a casa descansar y volver a lo mismo al día siguiente.Pesé a su belleza y dinero sentía que algo le faltaba a su vida


Esté aburrimiento de su rutina fue lo que la llevo con la Gitana y allí es donde nos encontramos ahora 


Gitana : Hola siéntate y dime lo que puedo hacer por ti 


Esmeralda : Pues quiero salir de la rutina quiero emoción en mi vida quiero tener la 🫤 bueno la verdad no sé qué quiero 


Gitana : Bueno antes de seguir. ¿Tienes con que pagar mis servicios?🤌🏼💵💵


Esmeralda : El dinero no es problema ¿Aceptas tarjeta de crédito 💳?


Gitana : Si hermosa sólo pásalo por la máquina 


Cuando la máquina recibió la transferencia de dinero la Gitana dio una pequeña sonrisa tras lo cual abre un compartimiento secreto oculto en la mesa 


Delante de ella había varios objetos extraños los culés trasmitían cierta energía rara 


Gitana : Bien. ¿Alguno llama tú atención? Elije él que quieras 


Esmeralda : ¿Que es lo que hacen?


Gitana : Bueno estos aretes té permiten él control sobre alguien más. Esté espejo cambia tú alma por la dé alguien más y está máscara té permite tomar la apariencia de cualquier persona 


Esmeralda :Ése. Quiero ésa mascara 

Gitana : Buena elección 


Las manos de la Gitana tomaron la mascara levantadola tras lo cual él compartimento sé volvió a cerrar escondiendo los demás artículos 


Esmeralda : es hermosa ¿Que es lo que hace exactamente? ¿Como funciona?


Desdé atrás de la máscara la Gitana saca un papel entregándole las invitaciones a Esmeralda 


Gitana : mirá aquí tienes las instrucciones de uso solo una pequeña advertencia elije bien en quien té trasformas 


Tras la advertencia Esmeralda salió regresando a su casa donde su sirvienta ya la estaba esperando 


Al entrar a su casa Esmeralda sé sienta en el comedor y mientras Clarisa le sirve su comida ella empieza a leer la nota 


Nombre La marcará de marfil o la mascara dé los rostros 


Habilidades 

La mascara sé ajusta a cualquier tipo de rostro tras ponerse la persona debe de pensar en la persona que quiera convertirse 


Al trasformarse la persona en cuestión sé convertirá en una copia exacta dél original ésto incluye cualquier tatuaje cicatriz o marca y corté de cabello 


La mascara también puede transformarte en una versión más joven o vieja dé la misma persona con solo pensar en la edad exacta 


Si sé trasformas en una versión más joven de alguien de alguien tomarás la apariencia exacta que la persona tenía a ésa edad 


Por él contrario si té trasformas en una versión más vieja de alguien tú apariencia solo será una posible apariencia futura 


Advertencia de uso 

La mascara tiene un precio cada vez que es usada esta consumirá los recuerdos de la persona pero no cualquiera recuerdo 


Los recuerdos que la mascara consume son los recuerdos de tú propio rostro. Cuando la persona ya no sea capaz de recordar su propio rostro la mascara ya no podrá es usada por esa persona quedándose con él último rostro que eligió 


Esmeralda : Esto no es posible mis recuerdos. ¿Realmente funciona? Clarisa podrías venir 


Clarisa : si dígame señora 


Esmeralda : ¿Cuál dirías que fue tu mejor época?


Clarisa : 🤨 Disculpé señora no la entiendo 


Esmeralda : Tú mejor momento ¿Aque edad té sentiste más hermosa?


Clarisa : 🤔 pués yo diría cuando tenía 22 ha ésa edad vivía cerca de la playa y ....


Esmeralda : ok ahora ponte está mascara y piensa en ésa época 


Clarisa : está bien señora 🤨


Sin saber él porque Clarisa toma la mascara entre sus manos y la coloca sobre su cara al momento siente como la mascara sé adhiere a su rostro como si tuviera pegamento 


Esmeralda : bien ahora piensa en ti cuando tenías 22 años 


En ése momento Clarisa empezó a recordar su época en la playa de como salía nadar de bien que lucía en ésa edad con su bronceado 


Sin que ella sé diera cuenta su piel empezaba a rejuvenecer al tiempo que se tornaba de otro color como si se estuviera bronceado al tiempo Esmeralda vio con asombro los cambios en su piel de como las lonjas desaparecían de como su cintura sé encogía incluso su ropa empezó a cambiar 


En tan solo unos segundos toda su apariencia cambio. Esmeralda vio como su vieja sirvienta sé había vuelto en una hermosa adolescente en traje de baño con piel joven sin arrugas y perfectamente bronceada 

Esmeralda : ahora quítate la mascara 


Clarisa : Si como usted quiera 


Clarisa escuchó su propia voz pero por un segundo no la reconoció. Al quitarse la mascara ella ve su propia mano bronceada y con las uñas más largas 


Clarisa : 😰 Que le paso a mí mano y mis uñas 


Esmeralda : mírate en un espejo 


La sirvienta ahora rejuvenecida corre al primer espejo que encuentra y empieza a mirar su rostro él traje de baño que traía puesto. Con sus largas uñas toca él borde dél bañador sin poder creer lo que estaba mirando 


Clarisa : ¿Que es lo que ocurrió? ¿Porque lusco así? Tan joven 


Esmeralda :🫢 realmente funciona. Dime ¿Es justo así como lucías a tús 22 años?


Clarisa : he 😰si justo así incluso es en mismo traje de baño que usaba 


Esmeralda : segura? No hay algo diferente 


Clarisa : Hasta donde veo no. 😧 Realmente soy joven de nuevo 


Esmeralda : Excelente jajaja jajaja tómalo como un regalo de cumpleaños atrasado. Ahora cambiate luces ridícula 


Clarisa sé retira a su habitación sin saber aún que era lo que había pasado. Que clase de brujería la había trasformado


Mientras tanto Esmeralda sosteniene la mascara en su mano tras comprobar que realmente funciona empezado a imaginar que hacer con ella. ¿En quien sé convertirá primero? Tal vez en una vecina o en alguna de sus empleadas o por qué no en un hombre 


Sería interesante ver un hombre por un día. Mientras sujetaba la mascara no paraba de imaginar en sus posibilidades ahora ella podía ser quién quiera ser hombre mujer adolescente niña 


Esmeralda : me voy a divertir mucho gracias a tí. Jajaja bien vale la pena perder un par de mis recuerdos después de todo me veo al espejo todos los días 

Mientras Esmeralda jugaba con la mascara en su mano Clarisa sé encontraba en la habitación de servicio viendo su cuerpo joven 


Al mirar con más detalle vio que no estaba la cicatriz de su cesária sus arrugas lo que si estaba era un antiguo tatuaje de su ex 

Un tatuaje que ella se había quitado hace años y ahora estaba devuelta en su piel bailando como un tatuaje recién echo 

En verdad tenía él cuerpo de sus 22 años tal cual era en ésa época 

Mientras en las calles las personas ya empezaban a poner sus adornos y incluso algunos ya estaban disfrazados una excelente ocasión para usar mascara 


lunes, 5 de octubre de 2026

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Hola a todos.


Hoy eh rediseñado como cada año el blog para la temática especial de fin de año, digo fin de año porque ya de septiembre, octubre, noviembre y diciembre pues el año se pasa en un abrir y cerrar de ojos.


Más específicamente, el especial de octubre y de Halloween que me encanta hacer para el blog.


Ya ni les digo todo lo que les debo, desde historias de muchos años atrás que han quedado inconclusas, hasta las historias del año pasado que deje apenas en un capítulo y otras que ni hice.


Este año pues no prometo nada mejor, todo lo dejaré a la expectativa, en ver qué podemos hacer y que podemos publicar.


Tengo muchas ilusiones de ver todo lo que deseo escrito pero pues no me doy  abasto en mi vida para lograrlo.


También pues quisiera ver más motivaciones por parte de ustedes.


No sé si han notado, y sé que no es nada especial ni espectacular, pero he intentado que todas las caps sean como gifs, pero no cualquier imagen en movimiento, sino una imagen que se mueva y haga algo que haga relucir mejor la temática del blog y de la Cap en sí.


Lo que quisiera ahorita es concluir las historias del año pasado y las inconclusas de este año las pocas que publiqué de mi autoría, así mismo escribir las historias pendientes que quedaron que no escribí del año pasado.


Igual no hay muchas más ideas que me inspiren para este mes no que no haya ideas sino que pueda ocupar para que la agenda de estos últimos meses no se sature.


También tengo pensado algo especial que a ver si me sale y publicaré, aviso que sería un video algo más producido y con intención estilo Dross para el especial de Halloween, lo cual si me costará algo de dinerito y producción.


En fin no sé qué más decir ni hacer para que ustedes se sientan agusto con el blog.


Comenten si les gustó el diseño de la nueva versión del blog y comenten que tal les han gustado las caps nuevas que se han estado publicando.


Gracias 🙏🏻 



PD: todo lo planeado y expresado sobre lo que quisiera suceda estos meses es a reserva de que no destruya mi ciudad otro huracán en octubre xD, de echo ya se cumplirán tres años de que sucedió el Otis así que todo puede suceder uwu.

sábado, 3 de octubre de 2026

Lección Aprendida 4


Los días se convirtieron en semanas con una facilidad inquietante.

Tania descubrió muy pronto que la magia de aquella mujer no se había limitado solo a sus cuerpos. Unas cuantas noches después de la transformación, decidió visitar la casa de Diego con la esperanza de encontrar alguna pista o, al menos, comprobar cómo estaban las cosas. La madre de su amigo la recibió con una sonrisa cansada pero amable, y cuando Tania preguntó por él con la voz más natural que pudo fingir, la respuesta la dejó helada:

—Está en un internado fuera de la ciudad, cielo. Un programa especial de estudios. Nos dijo que necesitaba espacio… ya sabes cómo son los chicos a su edad.

Tania asintió en silencio, sintiendo un nudo frío en el estómago. La bruja había reescrito la realidad. Nadie buscaba a Diego. Nadie se preguntaba dónde estaba Tomás. Para el mundo, Tania siempre había existido y Diego simplemente se había ido a estudiar lejos. Era limpio. Era cruel.

La vida cotidiana se volvió un campo de minas.

Cada vez que salía a la calle, las miradas la perseguían. Hombres de su edad —algunos que antes habían sido compañeros de clase o simples conocidos— la recorrían de arriba abajo sin ningún disimulo. Los ojos se detenía en el generoso escote que ni la ropa más oversized lograba ocultar del todo, en la curva pronunciada de sus caderas, en el balanceo inevitable de su trasero al caminar. Intentó esconderse bajo sudaderas enormes, chaquetas holgadas y pantalones anchos, pero su cuerpo traicionaba cualquier intento. Los senos de copa F pesaban y se movían con cada paso; las caderas mecían de forma natural. Era como si el universo entero se hubiera puesto de acuerdo para recordarle lo que ahora era.

Por las noches, el libido se volvía insoportable.

Se metía en la cama con la intención de dormir y terminaba con una mano entre las piernas, mordiendo la almohada para no gemir demasiado alto. Se tocaba con urgencia, frotando el clítoris hinchado en círculos rápidos mientras la otra mano amasaba uno de sus pesados pechos. El orgasmo llegaba siempre fuerte, húmedo y vergonzosamente necesario, dejándola temblando y con la respiración entrecortada. Después se quedaba mirando el techo, odiando lo mucho que su nuevo cuerpo exigía ese alivio.

A pesar de todo, nunca descuidó a Diego.

Todas las tardes se sentaba frente a la pecera durante al menos una hora. Le hablaba en voz baja, contándole lo que había hecho durante el día, quejándose de las miradas, de la ropa, del peso constante en el pecho. A veces encendía la televisión y la dejaba en algún canal de documentales o deportes, para que el pez no se aburriera demasiado. Diego siempre se acercaba al cristal cuando ella hablaba, las aletas moviéndose con calma, como si realmente estuviera escuchando.


La ausencia de su madre se alargó. La abuela necesitaba cuidados constantes y lo que iba a ser una semana se convirtió en un mes. Eso dejó a Tania sola en casa con su padre la mayor parte del tiempo.

Y esa fue, quizás, la parte más extraña de todas.

Su padre parecía… más feliz. Sonreía con más frecuencia. Le preparaba el desayuno, le preguntaba cómo le había ido el día y la abrazaba con una naturalidad que Tomás nunca había experimentado. Cuando era hombre, casi todas sus conversaciones terminaban en discusiones. Ahora era la niña mimada de la casa. Tania se dejaba querer. Disfrutaba de esos momentos más de lo que estaba dispuesta a admitir. Se sentaba a ver partidos con él en el sofá, con una manta sobre las piernas y el peso familiar de sus senos apoyado contra el pecho, y por un rato podía fingir que todo estaba bien.

Habían pasado ya varias semanas cuando, una tarde cualquiera, Tania volvió a casa con dos bolsas del supermercado y la costumbre ya instalada de cerrar la puerta con el pie.

Se detuvo en seco en cuanto entró al salón.

La mujer estaba allí.

De pie frente a la pecera, con esa misma expresión tranquila y ligeramente aburrida de la primera vez. Una de sus manos daba suaves toques en el cristal, una y otra vez, con una malicia divertida dibujada en los labios. Dentro del agua, Diego se mantenía lo más lejos posible de aquellos dedos, pegado al cristal contrario, las aletas tensas y el cuerpo rígido de puro nerviosismo.

La bruja giró lentamente la cabeza al oír la puerta y sonrió con algo que no era del todo amable.

—Hola, Tania —saludó con voz suave—. Qué casualidad… justo estaba saludando a tu amigo.

Tania dejó las bolsas del supermercado en el suelo con un golpe sordo. El corazón le latía con fuerza, pero esta vez no era solo miedo. Había algo más duro en su expresión: molestia contenida y una determinación que se le notaba hasta en la forma en que se enderezó, ignorando el peso familiar de sus senos dentro del top deportivo.

—Bien —dijo con voz firme, aunque el tono femenino le restaba parte de la severidad que hubiera querido—. Ya aprendimos la lección. Es hora de que acabes con nuestro tormento.

La mujer ladeó la cabeza, todavía con los dedos rozando el cristal de la pecera. Diego se mantenía pegado al lado opuesto, las aletas tensas.

—Tal vez sí aprendieron algo —concedió ella con calma—. Pero te recuerdo que dije que volvería con un trato.

Tania apretó los dientes. El vaquero le marcaba las caderas de forma casi obscena y sentía cómo el sujetador deportivo se le clavaba bajo el pecho por la tensión del momento. Aun así, no apartó la mirada.


—Lo que sea —respondió sin dudar—. Lo que sea con tal de que esto acabe.

La sonrisa de la bruja se ensanchó apenas, serena, casi maternal de una forma distorsionada.

—Perfecto. Entonces escucha con atención. Necesito que me ayudes a seducir a ciertos hombres. Tipos que merecen un castigo… porque son igual de imbéciles que tu amigo el pez. Quiero que les des una lección que no olviden.

Tania frunció el ceño, cruzándose de brazos bajo el pecho de forma instintiva. El gesto solo logró empujar más arriba aquellos senos pesados.

—¿Y qué piensas hacer con ellos exactamente? —preguntó—. ¿Por qué no puedes hacerlo tú misma?

La mujer soltó una risita suave, como si la pregunta le resultara entrañable.

—Oh, podría. Claro que podría. Pero tengo otras ocupaciones… y, sinceramente, me gusta ver cómo se desarrollan las cosas desde la comodidad de mi casa. Es mucho más entretenido así.

Sacó de no se sabía dónde una pequeña lista doblada y se la tendió. Tania la tomó con dedos un poco temblorosos. Siete nombres. Siete direcciones. Siete caras que, al leerlas, le resultaron vagamente familiares: tipos del barrio, de la universidad, de los bares donde antes iba con Diego a armar jaleo.

Inmediatamente después, la mujer le entregó siete frascos pequeños de cristal oscuro, cada uno cerrado con un tapón de corcho y un líquido espeso de color ámbar en su interior.

—¿Y esto? —preguntó Tania, levantando uno de los frascos—. ¿Para qué son estas pociones?

—Para convertirlos en mujeres. Exactamente igual que a ti —respondió la bruja con total naturalidad—. Tal vez así aprendan un poco de humildad… o al menos entiendan lo que se siente cuando el cuerpo se convierte en un objeto de deseo constante. Tú te encargarás de que beban el contenido. Cómo lo logres… eso ya es cosa tuya. Sedúcelos, engáñalos, úsalos. Me da igual el método, siempre que funcione.

Tania miró los frascos, luego la lista, y por último a Diego, que seguía nadando en círculos nerviosos. El peso de la decisión se le asentó en el pecho junto al de sus senos. Sentía el libido traicionero removiéndose en el bajo vientre solo de pensar en lo que tendría que hacer, y eso la enfureció todavía más.

Aun así, apretó los frascos contra su cuerpo.

—…Está bien —dijo al fin, con la mandíbula tensa—. A regañadientes… pero lo haré.

La mujer sonrió con auténtica satisfacción esta vez.

—Me alegra oír eso. Esperaré con ansias a que termines el trabajo. No te tardes demasiado, mis clientas están ansiosas por ver los resultados, Tania. Tu amigo pez y tú están contando los días, ¿verdad?

Y, como siempre, se desvaneció sin más. Un parpadeo y el salón volvió a quedar en silencio, solo roto por el suave zumbido del filtro de la pecera.

Tania se quedó quieta varios segundos, mirando el espacio vacío donde había estado la bruja. Luego bajó la vista hacia Diego. El pez se había acercado al cristal y ahora nadaba con más calma, como si notara que la amenaza inmediata había desaparecido.

Ella se acercó despacio, apoyó los dedos en el vidrio y suspiró, sintiendo cómo el top deportivo se le clavaba en la espalda por la tensión acumulada.

—Todo sea por devolvernos a la normalidad —murmuró, más para sí misma que para él—. Haré lo que tenga que hacer. Los siete. Uno por uno.

Apretó los frascos contra su pecho pesado, sintiendo el cristal frío contrastar con la calidez de su piel, y por un instante la realidad de lo que acababa de aceptar se le vino encima con toda su crudeza.

Siete hombres.

Y solo entonces, quizás, recuperarían sus vidas.



WOLAS MIS LECTORES¡ Disculpen si demoro en subir las partes  pero les aseguro que cada espera valga la pena, la próxima historia que seguirá después de esta también involucra magia, si tienen alguna petición de historia los estaré leyendo por acá. 

”Horrorizado”



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