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domingo, 23 de agosto de 2026

”El odia a las gordas”

Para ese seguidor que odia a las gordas 


Estaba publicando con mucha ilusión una nueva producción de mis ideas en el blog, cuando pasó el tiempo y no notaba nada que me hiciera sentir feliz de hacer cosas para la comunidad.


Cuando de repente, un idiota comento nuevamente cosas innecesarias y ofensivas sobre las mujeres gordas.


Tanto fue así, que decidí usar una de mis armas mágicas para darle una lección a ese seguidor culero de la comunidad body swap.


El tipo, quizás no esperaba lo que sucedería, caminaba tranquilamente por la calle, quizás mirando con morbo a alguna mujer que cumpliera con sus requisitos para considerarla sexy, al igual que quizás miraba con desprecio a alguna gordita por ahí, cuando de repente, sin saber de dónde llegó, una nube mágica lo cubrió transformándolo en una mujer gorda como esas que tanto despreciaba.


Quien antes era un hombre con mucho ego y repulsión ahora se había convertido en lo que tanto despreciaba, sus senos eran enormes, colgantes en su pecho, unos deliciosos senos quizás llenos de leche, pero que venían con una gran barriga y unas piernas regordetas.


El hombre sentía que todo le rebotaba, esa lonjas, esas tetas grandotas y esas piernas bien gruesas que rebotaban sus nalgas grandotas cada que caminaba.


-¡Puta Karina! -dijo el tipo caminando con odio y desagrado maldiciéndome mientras yo me reía y disfrutaba de verlo convertido en una puta gorda de mierda.



Pd: la historia de Yanet ya se fue a la verga 😅

Nadie comentó nada y no sé si valga la pena continuarla supongo que no les interesó 🤷🏼‍♀️

miércoles, 20 de mayo de 2026

De bully a pequeña dama (Final)

Ese viernes por la noche Andrés pasó por Diana a las 7:30 pm. Cuando ella abrió la puerta, él se quedó sin aliento. Diana llevaba un vestido negro ajustado que Valeria le había ayudado a elegir: corto justo por encima de la rodilla, con un escote sutil que resaltaba sus pechos y marcaba sus curvas de forma elegante.

—Estás… impresionante —dijo Andrés, ofreciéndole una rosa roja.

Diana se sonrojó intensamente y sonrió.

—Tú también te ves muy guapo.

La cita fue romántica y llena de tensión dulce. Cenaron en un pequeño restaurante italiano cerca del centro. Hablaron de todo: de las clases, de sus miedos, de lo difícil que había sido para Diana estos meses y sobre todo como gracias  a su ayuda logro sobrellevar su soledad. Andrés la escuchaba con atención, mirándola como si fuera la única persona en el mundo.

En un momento, él se atrevió a tomar su mano sobre la mesa. Diana sintió un escalofrío recorrerle todo el cuerpo.

—Desde que llegaste… todo ha sido mejor —confesó Andrés en voz baja—. No sé cómo explicarlo, pero siento que contigo todo es mas lindo.

Diana, aun nerviosa pero con una expresión de cariño, apretó su mano, con el corazón latiéndole con fuerza. La química entre ellos era palpable.

Después de la cena caminaron por un parque iluminado. Andrés se detuvo bajo un farol, la miró a los ojos y, lentamente, la besó. Fue un beso tierno al principio, pero pronto se volvió más profundo. Diana sintió que sus piernas temblaban. Cuando se separaron, ambos respiraban agitados.

—¿Quieres… venir a mi casa? —preguntó Diana con voz ronca—. No quiero que la noche termine todavía.

Andrés dudó solo un segundo. Asintió, mientras con una mano tocaba su mejilla.

—Sí… vamos.

Apenas cerraron la puerta del departamento de Diana, la tensión explotó. Andrés la empujó suavemente contra la pared y la besó con deseo. Sus manos recorrieron su cintura, bajaron hasta sus caderas y apretaron su culo redondo con fuerza.

Diana gemía contra su boca. Lo deseaba tanto que dolía.

Andrés la cargó (era ligera para él) y la llevó hasta su habitación. La depositó en la cama y la desnudó lentamente, besando cada centímetro de piel que descubría. Cuando liberó sus pechos, los besó y lamió sus pezones con devoción. Diana arqueó la espalda y soltó un gemido largo.

—Andrés… —susurró.

Él bajó lentamente, besando su vientre hasta llegar entre sus piernas. Le quitó la ropa interior y la abrió con cuidado. Su lengua recorrió su vagina húmeda con lentitud, saboreándola. Cuando succionó su clítoris, Diana soltó un grito agudo y agarró las sábanas.

El placer era completamente distinto a cuando se tocaba sola. Era más intenso, más profundo, más abrumador. Cada lamida, cada beso, cada succión la hacía temblar. Andrés introdujo dos dedos mientras seguía devorándola y Diana tuvo su primer orgasmo en menos de tres minutos: fuerte, largo y que la dejó jadeando y con las piernas temblando.

—Dios… esto es… demasiado —gimió, sorprendida.

Andrés se quitó la ropa y se colocó encima de ella. Su miembro estaba duro y palpitante. Entró despacio, centímetro a centímetro, llenándola por completo. Diana abrió mucho los ojos y soltó un gemido gutural. La sensación de estar llena, de ser penetrada de verdad, era mil veces más intensa que cualquier cosa que hubiera experimentado tocándose.

—Muévete… por favor —suplicó.

Andrés empezó a embestir con ritmo, primero suave y luego más profundo y fuerte. Diana lo abrazaba con las piernas, clavándole las uñas en la espalda. Sus pechos rebotaban con cada embestida. El placer era abrumador: cada vez que él entraba completamente, tocaba puntos que la hacían ver estrellas.

Cambió de posición. La puso a cuatro y la folló desde atrás, agarrándola fuerte de las caderas. Diana gemía sin control, empujando hacia atrás para sentirlo más profundo.

—No pares… ¡así! ¡Más fuerte!

Tuvo su segundo orgasmo contrayéndose alrededor de él, casi llorando de placer. Andrés no aguantó más y se corrió dentro de ella con un gruñido profundo, llenándola completamente.

Quedaron abrazados, sudados y jadeando. Andrés la besó en la frente con ternura mientras Diana, todavía temblando, procesaba lo que acababa de sentir.

Nunca imaginó que el placer como mujer pudiera ser tan intenso… ni que se sentiría tan bien en los brazos de Andrés.

La mañana siguiente la luz del sol entraba suavemente por la ventana del departamento de Diana. Ella abrió los ojos primero. Estaba desnuda, acurrucada contra el pecho de Andrés, con una de sus piernas encima de él. Sintió el calor de su cuerpo y un leve dolor agradable entre las piernas, recordatorio de la noche intensa que habían pasado.

Se quedó mirándolo mientras dormía. Su rostro tranquilo, su respiración pausada. Sintió una ternura que nunca había experimentado antes. Con cuidado, le acarició la mejilla.

Andrés despertó poco después y sonrió al verla.

—Buenos días… —murmuró con voz ronca, atrayéndola más cerca y besándola en la frente—. ¿Cómo te sientes?

—Bien… muy bien —respondió Diana, sonrojada—. Aunque todavía me tiemblan un poco las piernas.

Andrés rio suavemente y la besó en los labios. El beso se volvió más profundo y sus manos empezaron a recorrer su cuerpo con deseo renovado. Terminaron haciendo el amor otra vez, esta vez más lento y cariñoso, con Diana encima, moviéndose con suavidad mientras Andrés la sujetaba de las caderas y la miraba con admiración.

Después de ducharse juntos, desayunaron en la pequeña cocina. Andrés preparó huevos y café mientras Diana lo observaba desde la mesa, envuelta en una de sus camisetas que le quedaba enorme.

—Diana… —dijo Andrés de pronto, más serio—. Quiero que esto sea algo real. No solo una noche. Me gustas mucho. Desde hace meses.

Diana sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas. Bajó la mirada, emocionada.

—A mí también me gustas mucho, Andrés. Más de lo que imaginas.

Se besaron sobre la mesa del desayuno, sellando el inicio oficial de su relación.

Las siguientes semanas su relación floreció rápidamente. Andrés era paciente, cariñoso y detallista. Diana, por su parte, se esforzaba cada día por ser mejor. Salían a caminar, estudiaban juntos, veían películas acurrucados en el sofá y pasaban casi todas las noches juntos.

Diana descubrió que le encantaba dormir abrazada a él, cocinarle cosas simples aunque quemaba la comida a menudo y sentir sus manos fuertes sujetándola por la noche. El sexo entre ellos era cada vez mejor; Diana se volvía más atrevida y confiada en su cuerpo.

Un mes después Valeria los invitó a tomar un café en su lugar favorito. Cuando llegaron tomados de la mano, ella sonrió ampliamente.

—¡Por fin! —exclamó feliz—. Ya era hora de que se decidieran. Se les notaba a kilómetros.

Andrés se rio, algo avergonzado, mientras Diana se ponía roja.

—Gracias, Valeria —dijo Andrés—. Si no fuera por ti empujándome, probablemente seguiría dando vueltas.

Valeria miró a Diana con cariño.

—Y tú… te ves radiante. Me alegra mucho verlos juntos. Se merecen esto.

Mientras Andrés fue al baño, Valeria se quedó a solas con Diana unos minutos. Por dentro, Valeria pensaba con profunda satisfacción:

“Todo salió mucho mejor de lo que esperaba… El arrogante y cruel Diego ahora es una chica dulce, enamorada y feliz. Está aprendiendo a ser buena persona desde cero. Y Andrés, que tanto sufrió, ahora tiene a alguien que lo valora de verdad. La venganza se convirtió en algo hermoso. Perfecto.

Valeria sonrió para sí misma y le apretó la mano a Diana.

—Cuídalo mucho, ¿sí? Y déjate cuidar tú también.

—Lo haré —respondió Diana, sonriendo con genuina gratitud.

La relación de Diana y Andrés siguió creciendo con el tiempo. Ella nunca le reveló su pasado como Diego, y decidió cargar con ese secreto para siempre. Para ella, esa vida anterior ya no existía. Ahora solo existía Diana, una chica que había encontrado el amor, la redención y una segunda oportunidad.


!!!MENSAJITO DEL AUTOR ¡¡¡¡

Wolas gente¡¡¡  esta fue una de tantas historias que publicare acá en el blog, la próxima prometo que será  mas intensa y picante, pueden mandar sus peticiones leeré e intentare considerar cada una de ellas, espero haya sido de su agrado esta historia, nos vemos en la próxima historia.

domingo, 17 de mayo de 2026

De bully a pequeña dama 2

Los días siguientes, Andrés se convirtió en el único apoyo real de Diana.

La ayudó a inscribirse en la misma universidad técnica donde él estudiaba (carrera de Administración), explicándole paso a paso cómo funcionaban los trámites, cómo conseguir los documentos que le faltaban y cómo moverse por el campus. También la acompañaba a comprar útiles, le prestaba apuntes y le explicaba las materias.

—Tranquila, poco a poco te vas a adaptar —le decía Andrés con paciencia cuando la veía abrumada.

Diana se sentía como una niña perdida. No sabía cómo comportarse como chica, cómo maquillarse mínimamente, cómo reaccionar cuando los chicos la miraban o le hablaban con doble intención. Todo era nuevo y agotador.

Una tarde, Andrés la invitó a tomar algo después de clases.

—Ven, quiero presentarte a alguien —le dijo sonriendo.

Llegaron a una cafetería cerca de la universidad. Allí estaba Valeria, sentada con un libro de ocultismo disimuladamente guardado en su mochila.

—Diana, ella es Valeria, mi mejor amiga. Valeria, ella es Diana. Es nueva y está empezando en la universidad.

Valeria sonrió con una expresión calmada y ligeramente divertida al ver a Diana.

—Mucho gusto, Diana —dijo con voz suave, extendiendo la mano.

Diana sintió un extraño alivio al estrechar la mano de otra chica. Por primera vez desde la transformación, se sintió un poco más cómoda. Valeria era guapa, segura y tenía una presencia tranquila.

—Igualmente… —respondió Diana, algo tímida—. La verdad es que no conozco a casi nadie aquí. Todo esto es… nuevo para mí.

Valeria la miró con detenimiento. En su mente pensó:

“Vaya… el hechizo quedó perfecto. Se ve mucho más dócil y vulnerable así. Esa arrogancia de macho alfa desapareció por completo. Ahora parece una chica normal, hasta bonita. Se lo merece.”

Pero por fuera solo sonrió con amabilidad y dijo:

—Si necesitas consejos o ayuda, aquí estoy. Andrés me dijo que estás empezando de cero.


Diana asintió, agradecida. Tener una amiga mujer le quitaba un peso enorme de encima. Valeria empezó a darle consejos prácticos: cómo vestirse para la universidad, cómo lidiar con el periodo, trucos para el cabello y hasta cómo rechazar a chicos pesados.

Con el paso de las semanas, Diana observó con atención a Andrés.

Se dio cuenta de que no solo la ayudaba a ella. Andrés ayudaba a varios compañeros con apuntes, le llevaba comida a un profesor mayor que vivía solo, defendía a los chicos más tímidos cuando alguien intentaba molestarlos y siempre tenía una palabra amable. Era genuinamente buena persona.

Una noche, sola en su habitación, Diana se quebró.

Se sentó frente al espejo y las lágrimas empezaron a caer.

—¿Por qué yo era tan hijo de puta con él…? —susurró entre sollozos—. Él nunca me hizo nada… y yo lo humillaba todos los días solo porque podía.

Tomó su teléfono con manos temblorosas y le escribió un largo mensaje a Andrés:

---

*Andrés, necesito decirte algo importante. Antes yo era una persona horrible contigo...y te hice mucho daño y…*

---

Se detuvo. Leyó lo que había escrito y borró todo el mensaje con frustración.

—No… no puedo decírselo así —murmuró—. No me creería… y aunque me creyera, ¿Qué ganaría?

Dejó el teléfono a un lado y se limpió las lágrimas.

—Voy a demostrárselo con hechos. Voy a compensarlo siendo mejor persona… siendo mejor mujer.

Desde ese día, Diana empezó a cambiar de verdad. Ayudaba a Andrés a cargar cosas, le llevaba café por las mañanas, lo defendía cuando alguien hablaba mal de él y se esforzaba por ser más amable con todos en la universidad. Poco a poco, su gratitud hacia Andrés se iba convirtiendo en algo más profundo.

Y Andrés, sin saberlo, empezaba a mirar a Diana de una forma diferente…


*Cuatro meses después*

El tiempo había pasado más rápido de lo que Diana esperaba. Ya estaba cursando el segundo semestre en la universidad y, aunque todavía se sentía fuera de lugar, había mejorado notablemente.

Valeria se había convertido en su principal apoyo femenino. Sin saberlo Diana, Valeria la observaba con atención y cierta satisfacción. La ayudaba con cosas prácticas de ser mujer: le enseñó a elegir ropa que le quedara bien a su figura, cómo maquillarse de forma natural, cómo cuidar su cabello largo y negro, y hasta cómo manejar los periodos y los cambios de humor.

—Eres una buena alumna —le decía Valeria sonriendo, mientras la ayudaba a probar ropa en un centro comercial.

Diana confiaba cada vez más en ella. Era la única persona con la que podía hablar de sus inseguridades femeninas sin sentirse juzgada.

Mientras tanto, los sentimientos entre Diana y Andrés habían crecido en silencio.

Andrés seguía ayudándola con las clases, pero ahora compartían mucho más: estudiaban juntos en la biblioteca, caminaban de regreso a casa, y a veces se quedaban hablando hasta tarde en un banco del parque. Diana se sorprendía sonriendo como tonta cuando Andrés le mandaba mensajes o cuando la esperaba a la salida de clases. Sentía mariposas en el estómago cada vez que él le rozaba la mano o la miraba más tiempo de lo normal.

Andrés, por su parte, también estaba confundido. Cada día le gustaba más estar con Diana. Le atraía su timidez, su esfuerzo por adaptarse y esa mezcla de fuerza y vulnerabilidad que tenía.

Una tarde, Valeria y Diana estaban sentadas en una heladería cerca de la universidad. Valeria la miró fijamente y decidió confrontarla con cariño:

—Diana… ¿puedo ser sincera contigo?

—Claro —respondió ella, algo nerviosa.

Valeria sonrió suavemente.

—Se nota que te gusta Andrés. Y mucho. La forma en que lo miras, cómo te pones nerviosa cuando él llega… No eres tan sutil como crees.

Diana se puso roja al instante y bajó la mirada.

—Yo… no es que… —intentó negarlo, pero las palabras se le atascaron.

—Diana —dijo Valeria con voz amable pero firme—, está bien sentir eso. Andrés es un buen chico. Y creo que él también siente algo por ti, aunque ninguno de los dos se atreva a decirlo.

Diana se quedó callada un largo rato, removiendo su helado con la cuchara. Finalmente suspiró.

—Es complicado… Muy complicado. No sé si estoy lista para eso.

Valeria se inclinó hacia adelante y le tomó la mano.

—Te propongo algo. Déjame ayudarte a verte más atractiva. No para cambiar quien eres, sino para que te sientas más segura y para que Andrés te mire de otra forma. Un cambio de look, ropa que resalte tus curvas, aprender a maquillarte mejor… ¿Qué dices?

Diana negó inmediatamente con la cabeza.

—No. No quiero eso. No quiero fingir ser alguien que no soy solo para gustarle.

Valeria esperó un momento y luego añadió con suavidad:

—No es fingir. Es sacarte partido. Eres una chica muy guapa, Diana. Solo que todavía te vistes como si quisieras pasar desapercibida. ¿No crees que mereces sentirte bonita?

Diana se quedó pensando. Recordó todas las veces que Andrés la había ayudado, su paciencia, su sonrisa… y lo mucho que ella quería corresponderle de alguna forma.

Después de varios minutos de silencio, suspiró derrotada.

—…Está bien. Pero nada exagerado. Solo… algo sutil.

Valeria sonrió con satisfacción.

—Perfecto. Empezamos este fin de semana.

Valeria cumplió su palabra. Llevó a Diana a su departamento y dedicó toda la mañana a transformarla.

Primero le cortaron un poco las puntas del cabello y le hicieron un tratamiento que lo dejó brillante y con ondas suaves. Luego la maquillaron de forma natural pero efectiva: delineador que resaltaba sus ojos grandes, un labial rosa suave que hacía sus labios más apetecibles y un toque de rubor en las mejillas.

Valeria eligió la ropa con cuidado: unos jeans ajustados de tiro alto que marcaban perfectamente su cintura y realzaban su culo redondo, una blusa blanca escotada pero elegante que dejaba ver un poco del canalillo de sus pechos grandes, y unas botas cortas que la hacían ver más estilizada.

Cuando Diana se miró al espejo completo, se quedó sin palabras.

—Dios mío… —murmuró tocándose el cabello—. Esa… ¿soy yo?

—Estás preciosa —dijo Valeria sonriendo—. No cambiaste quién eres, solo sacaste lo mejor de ti. Andrés se va a quedar loco cuando te vea.

Diana se sonrojó fuertemente, pero por primera vez no se sintió incómoda con su cuerpo. Se sentía… atractiva.

Diana llegó al campus nerviosa. Caminaba con más cuidado, consciente de cómo sus caderas se movían y de las miradas que ahora recibía.

Estaba esperando a Andrés en el lugar donde siempre se encontraban antes de entrar a clases. Cuando él apareció doblando la esquina y la vio, se detuvo en seco.

Andrés abrió mucho los ojos y se quedó paralizado varios segundos, recorriéndola de arriba abajo. Su rostro pasó de sorpresa a una clara admiración.

—Diana… —dijo casi sin aliento, acercándose—. Tú… wow. Te ves… increíblemente hermosa.

Diana se puso roja como un tomate y bajó la mirada, sonriendo tímidamente.

—¿Sí? ¿No es demasiado?

—No. Para nada —respondió Andrés, sin poder dejar de mirarla—. De verdad… estás espectacular.

La tensión entre ellos era palpable. Andrés parecía querer decir algo más, pero se contuvo.

Esa misma tarde Valeria aprovechó un momento en el que Diana había ido al baño y se acercó a Andrés en la cafetería.

—Oye, Andrés… ¿puedo decirte algo?

—Claro.

Valeria sonrió con complicidad.

—Diana está loca por ti. Y se nota que tú también sientes algo por ella. Llevan meses dando vueltas alrededor del tema. ¿No crees que ya es hora de que des el siguiente paso? Invítala a salir. Una cita de verdad.

Andrés se rascó la nuca, claramente nervioso pero ilusionado.

—¿Tú crees? No quiero arruinar la amistad…

—Confía en mí —dijo Valeria—. A ella le encantaría.

Al día siguiente, Andrés esperó a Diana después de la última clase. Estaba más nervioso que nunca.

—Diana… ¿tienes un momento?

—Claro —respondió ella, todavía con el nuevo look que le daba más confianza.

Andrés respiró hondo.

—Me preguntaba si… te gustaría salir conmigo este viernes. No como amigos. Una cita de verdad. Cena, cine, lo que quieras. Solo tú y yo.

Diana se quedó congelada. Sus mejillas se pusieron completamente rojas y sintió que el corazón le iba a explotar. Bajó la mirada, mordiéndose el labio, claramente sorprendida y emocionada.

—Yo… ¿en serio? —preguntó con voz suave.

—En serio —contestó Andrés sonriendo.

Diana levantó la vista, todavía sonrojada, y asintió lentamente.

—Sí… me encantaría.

Andrés soltó el aire que estaba conteniendo y sonrió ampliamente.

—Perfecto. Entonces te paso a buscar el viernes.

Mientras Andrés se alejaba, Diana se quedó parada en el pasillo, con una mano en el pecho y una sonrisa que no podía ocultar.

Por primera vez desde su transformación, sentía algo parecido a la felicidad.

Esperen con ansias la tercera y ultima parte....


sábado, 16 de mayo de 2026

De bully a pequeña dama 1

Diego era el típico bully del barrio. Alto, musculoso, tatuado y con una actitud de mierda. Tenía 22 años y disfrutaba especialmente joder a Andrés, un chico flaco, tímido y de 19 años que estudiaba en la universidad técnica del barrio. Cada vez que lo veía, Diego lo empujaba, le robaba cosas, lo humillaba frente a sus amigos y le decía cosas como “maricón”, “perdedor” o “te voy a partir la cara”.

Una tarde, Diego acorraló a Andrés contra una pared cerca del parque.

—¿Qué pasa, mariconcito? ¿Otra vez con tus libros de mierda? —dijo Diego riéndose mientras le quitaba la mochila y la tiraba al suelo.

Andrés solo bajó la cabeza, aguantando. Pero no estaba solo. A unos metros, observándolo todo, estaba Valeria, su mejor amiga. Valeria era una chica callada, de cabello negro largo, ojos intensos y con una reputación extraña: decían que era rara y que siempre traía una notas con símbolos extraños.

Esa noche, Valeria decidió que ya era suficiente.

Al día siguiente, Diego estaba solo en su departamento. Había pasado una noche bebiendo y despertó con resaca. Cuando se levantó de la cama sintió algo raro: su cuerpo se sentía ligero, extraño. Fue al baño y encendió la luz.

Lo que vio en el espejo lo dejó congelado.

Ya no era Diego.

Ahora era una mujer joven, de unos 22 años. Medía casi 30 centímetros menos. Su físico era impresionante: pechos de buen tamaño, redondos y firmes, cintura estrecha, caderas anchas y un culo grande, redondo y respingón. Su cabello era ahora castaño claro, largo y algo lacio. Tenía un rostro bonito, labios carnosos y ojos grandes color café.

—¿Qué… qué carajo?! —gritó con una voz aguda y femenina que lo aterrorizó.

Se tocó la cara, el cuello, y bajó las manos hasta sus nuevos pechos. Los apretó con incredulidad. Eran suaves, pesados y extremadamente sensibles. Al pellizcar sus pezones rosados soltó un gemido involuntario.

—No… no puede ser… esto no es real…

Desesperado, se bajó los boxers, que ahora le quedaban enormes y se caían solos. Entre sus piernas ya no había nada. Solo una vagina depilada, con labios suaves y un pequeño clítoris visible. Se tocó con dedos temblorosos y sintió una descarga de placer que le recorrió todo el cuerpo.

—Ahh… ¡mierda!

No pudo evitarlo. La curiosidad y el shock lo dominaron. Se sentó en el borde de la bañera, abrió las piernas y empezó a explorarse. Sus dedos acariciaron los labios externos, luego separó los pliegues y tocó su clítoris. Cada roce enviaba olas de placer nuevas e intensas. Sus pechos se movían con cada respiración agitada. Introdujo un dedo dentro de su coño y sintió lo caliente y húmedo que estaba. Luego metió dos. Empezó a masturbarse con más rapidez, frotando su clítoris con la palma mientras sus dedos entraban y salían.

—Joder… esto se siente… demasiado bien… —gemía con su nueva voz femenina.

Sus caderas se movían solas. Sus pechos rebotaban. El orgasmo llegó como una explosión: sus piernas temblaron violentamente, su coño se contrajo alrededor de sus dedos y soltó un chorro de humedad que mojó el piso del baño. Se corrió con fuerza, gritando y arqueando la espalda.

Quedó jadeando, mirándose en el espejo con los muslos abiertos y la mano todavía entre las piernas.

Valeria había hecho un trabajo excelente con el hechizo.

Diego se quedó mirando su reflejo, con lágrimas de rabia, vergüenza y confusión.

—¿Cómo carajos pasó esto?

En su teléfono apareció un mensaje de un número desconocido:

"Ahora sabrás lo que se siente ser vulnerable. Que te vaya bien, Dianita 😉"


Los primeros días fueron un infierno para Diana. Se sentía débil, pequeña y extremadamente vulnerable. Su nuevo cuerpo de 1,58 m con curvas pronunciadas pechos grandes, cintura estrecha y un culo redondo que se movía solo al caminar, la hacía sentir expuesta todo el tiempo. Tenía que usar ropa de su “prima lejana” (Valeria le había dejado una maleta con ropa en la puerta como burla). Jeans ajustados que marcaban su trasero, blusas que apenas contenían sus pechos y ropa interior que le rozaba de formas desconocidas.

                                            

Nadie en el barrio la reconocía como Diego. Para todos, simplemente era “la nueva chica del edificio”. Y nadie se acercaba. Los hombres la miraban con deseo, pero nadie quería hablar con ella más allá de comentarios groseros. Las chicas la veían como competencia y la ignoraban. Diana pasaba los días encerrada, comiendo lo poco que tenía, mirando por la ventana y tocándose el cuerpo casi compulsivamente por las noches, alternando entre rabia y placer.

Se sentía sola. Muy sola.

---

Una tarde, mientras intentaba cargar dos bolsas pesadas del supermercado, tropezó en la calle. Las bolsas se cayeron y varias cosas rodaron por la acera. Diana maldijo en voz baja, agachándose con dificultad. Sus pechos casi se le salían del escote.

—¿Necesitas ayuda?

Levantó la mirada y se quedó helada. Era Andrés. El mismo chico delgado y tímido al que había golpeado, humillado y llamado “maricón” durante meses. Andrés la miró con preocupación genuina, sin reconocerla en absoluto. Recogió las bolsas y se las sostuvo.

—Pareces nueva por aquí. ¿Vives cerca?

Diana sintió una mezcla brutal de vergüenza, rabia y alivio. Quería gritarle, insultarlo, pero su nueva voz suave solo salió temblorosa:

—Sí… en el edificio de la esquina. Gracias.

Andrés la ayudó a llevar las bolsas hasta su departamento. Durante el camino hablaron poco, pero Diana notó algo extraño: por primera vez en semanas, alguien la trataba con amabilidad. Sin miradas lascivas, sin comentarios sobre su culo.

Cuando llegaron a la puerta, Andrés se rascó la nuca, nervioso.

—Mira… sé que no nos conocemos, pero pareces estar pasando por un mal momento. Si necesitas algo, trabajo en la tienda de mi tío y puedo ayudarte con comida barata o con lo que sea. Nadie debería estar solo en este barrio.

Diana apretó los labios. Su orgullo de ex-bully gritaba que lo mandara a la mierda. Pero la realidad era otra: no tenía dinero, apenas sabía cocinar, y tenía miedo de salir sola por la noche. Se sentía débil y eso la enfurecía.

—…Está bien —aceptó casi de mala gana, mirando hacia otro lado—. Solo… por ahora. No necesito lástima.

Andrés sonrió suavemente.

—No es lástima. Es ayuda. Me llamo Andrés, por cierto.

—Diana —respondió ella, sintiendo un nudo en la garganta.

Los siguientes días Andrés empezó a pasar por su departamento. Le traía comida, le explicó cómo moverse por el barrio de forma segura, y hasta le prestó un viejo celular para que pudiera comunicarse. Diana aceptaba la ayuda con mala cara, respondiendo cortante y distante, pero en el fondo se sentía aliviada. Por primera vez no se sentía completamente sola.

Poco a poco nació una química extraña y complicada.

Diana se sorprendía mirándolo cuando él no se daba cuenta. Andrés era más alto de lo que recordaba, tenía manos grandes y una voz tranquila que la calmaba. A veces, cuando él se acercaba demasiado para entregarle algo, ella sentía un calor incómodo entre las piernas. Su cuerpo reaccionaba aunque su mente se resistiera.

La dinámica entre ellos va evolucionado positivamente, por ahora.....


HOLA CON TODOS LECTOR@S¡¡¡ 

Me presento como ''Astro'' nuevo escritor en el blog, prometo traerles un promedio de tres a cinco  historias por semana, espero puedan disfrutar de las historias y sobre todo volar su imaginación, sin nada mas que decir me despido, esperen la segunda parte de esta historia¡¡¡¡

jueves, 11 de diciembre de 2025

Una navidad 🎄 familiar capítulo 1

Felices fiestas amigos 

 


En un mundo que respiraba lo mismo que el nuestro mismo aire, mismo sol, mismos dilemas


Existe Mamá Noel  una mujer de eterna juventud, con cabello de color nieve que brillaba como diamantes bajo las estrellas y ojos azules como el mar polar. Vivía en un castillo de hielo en el Polo Norte, rodeada de renos alados y duendes que trabajaban en silencio, pero su poder no residía en los regalos 


residía en la magia navideña, un fluido cálido y luminoso que hacía realidad un solo deseo

Cada año Mamá Noel le concede un deseo al niño más bueno él número 1 de su lista 

 

Este año, el elegido era Miguel, un chico de doce años que vivía en una casa modesta de Guadalajara, en el barrio de Guadalajara Miguel no era bueno por cumplir con una regla ayudaba a su vecino inválido a llevar el correo, cuidaba a los perros callejeros de la plaza, y siempre compartía su merienda con el compañero que no tenía nada.

 

Un jueves de diciembre, Miguel se sentó en su mesita con un papel blanco y una pluma rojo en la mano. Había soñado con ese camión de bomberos


                   Carta dé navidad 🎄 

Mamá Noel: Soy Miguel, tengo doce años. Cumple con mis deberes en el colegio, ayudo a mis padres y nunca miento. Este año, te pido un camión de bomberos  Por favor, te lo ruego. Te quiero mucho

 

Estaba a punto de cerrar la carta cuando escuchó voces altas desde la sala. Sus padres estaban discutiendo de nuevo ya era la cuarta vez esa semana. Miguel se levantó con sigilo, se acercó a la puerta y escuchó, presionando su oreja contra el madera.

 

Carlos : ¿Cuánto tiempo más vamos a aguantar esto Rosa? Yo paso las noches en ese trabajo de velador Es aburrido de muerte, y me hace sentir como si ya no tuviera razón de ser

 

Rosa : yo paso los días en esa empresa de marketing, creando campañas que no me importan ni un poco lo hago porque tú apenas traes dinero. Tengo ideas en la cabeza  cuadros, esculturas, colores que quiero pintar pero permanezco encerrada en la oficina 

 

Carlos : Era un atleta —corría, jugaba al fútbol, levantaba pesas todos los días. Ahora mirame gordo, con dolores en la espalda y las piernas, incapaz de dar un paso sin cansarme. No puedo ni jugar al fútbol con Miguel

 

Miguel sintió cómo una lágrima rodaba por su mejilla, mojando su camiseta. Había visto a sus padres discutir muchas veces, pero nunca había escuchado a su padre hablar de sí mismo con tanta derrota


Él niño arrugó la carta en un mano y cogió un papel nuevo. Esta vez, sus palabras eran más serias, más maduras de lo que correspondía a su edad:

                       Carta navideña 🎄

 Mamá Noel Lo siento, cambié mi deseo. No quiero el camión de bomberos. Quiero que mis padres sean felices que dejen de pelear que sean felices como antes 


Ésa misma noche Miguel dejó su carta en él árbol 🌲  Luego, se acostó en la cama y cerró los ojos, esperando que la magia existiera aunque sus padres ya no  creyeran desde hace años.

Con todos en la casa dormimos Mamá Noel entró en la casa sin hacer él menor ruido con pasos mas ligeros que los de una hormiga leyó la carta 


Mamá Noel Este deseo lo haré realidad,” murmuró ella, levantando la carta al cielo. La magia navideña salió de sus manos, brillando como un cometa, y se dirigió hacia la casa de Miguel, envolviéndola en una luz cálida que nadie podía ver pero todos podía sentir.

 Carlos sé encontraba dormido en el sillón con una foto dé su boda cuando aún se amaban mientras Rosa sé encontraba en su habitación cuando una luz invisible para ellos los rodeó a ambos 


Mientras la lus los envolvía a su mente vinieron recuerdos dé un pasado lejano cuando tenían veinte años recién casados cuando aún eran felices juntos 

A la mañana siguiente él ruido de las personas saliendo de sus casas de los niños jugando despertó a Carlos 

Carlos despertó a las seis de la mañana con un zumbido suave en la cabeza que desapareció en segundos. Se levantó de la cama y sintió algo extraño no tenía dolores en la espalda, ni en las piernas, ni en los brazos. Se miró con el reflejo del su celular se quedó boquiabierto sin poder hablar.

Carlos sé levantó la camiseta viendo un abdomen plano y bien formado 


No era el hombre de cuarenta años que conocía. Era un joven de veinte años, con el cuerpo musculoso que tenía antes del accidente, el pelo corto y negro era su apariencia de sus veinte 

 

Carlos : Rosa  ven aquí. Ahora mirá ésto 

 

Rosa se levantó de la cama, ruborizada por el sueño, y se acercó al espejo. También se quedó muda, con los ojos abiertos de par en par. No era la mujer cansada de cuarenta años con cabello corto y arrugas en la frente. Era una joven de veinte años, con cabello largo y negro, rostro suave y ojos azules brillantes que reflejaban la luz del sol.

Rosa abrió su camisa y vio un abdomen plano sin marcar y sus pechos estaban firmes y no caídos 

Rosa : ¿Que está pasando?” 

Ella, tocando su cara con las manos, como si fuera un sueño del que pudiera despertar en cualquier momento.

Ambos salieron corriendo encontrado en el pasillo llevándose una sorpresa mutuamente 

Carlos : Yo no sé, pero me siento bien muy bien


Carlos : Es como si hubiéramos vuelto al pasado. Sin dolores mirame estoy delgado 

 

En ese momento, Miguel salió de la habitación, frotándose los ojos. Se detuvo en la puerta, con la boca abierta de sorpresa, y retrocedió un paso.

 

Miguel : ¿Quiénes son ustedes? ¿Dónde están mis padres?”

 

Carlos y Rosa se miraron con sorpresa Carlos se acercó a Miguel y le tocó la cabeza con cariño su mano era fuerte, como la de un atleta.

 

Rosa. : somos nosotros tu mami y tu papá ¿Recuerdas las fotos que té enseñé? Mirá nuestras caras 

Rosa aún sin saber que era lo que había pasado trataba dé calmar a su hijo para que no sé asustara 


Carlos : No sabemos cómo pasó, pero hemos vuelto a tener veinte años somos nosotros tús papás 

 

Miguel miró a su padre, luego a su madre, y vio en sus ojos la misma ternura que siempre le habían dado. Se echó a llorar de alegría y abrazó a ambos, apretando con fuerza.


Miguel : pero ¿Que les pasó? Sé ven tan jóvenes 

 

Ante Tal pregunta ninguno supo que responder dél por qué había vuelto a ser jóvenes pero por él bien de su hijo ambos mantuvieron la calma 

 Carlos para aprovechar su juventud recuperada sé llevó a su hijo al parque para jugar fútbol y distraerlo un poco 


Mientras tanto Rosa sé quedó en casa tratando dé averiguar que pasó o ése era él plan hasta que sé volvió ha ver en el espejo 


Rosa tras haberse quedado sola sé miró con más manos jóvenes y tersas, sin rastro de las arrugas que había visto por última vez.  Allí estaba, el rostro que recordaba de sus veinte años, radiante y lleno de vida.

 

Lo primero que hizo fue admirar su reflejo. Pasó los dedos por su piel suave, maravillándose de la elasticidad y el brillo juvenil. Sus ojos, antes cansados, ahora brillaban con una chispa traviesa. Se probó ropa que había guardado de su juventud, sintiendo la tela acariciar sus nuevas curvas.


Salió a la calle con una sonrisa, sintiendo la mirada de los jóvenes. Se sentía renacida dé alguna manera su juventud renovada la hacían tener un sin fin dé ideas de nuevas pinturas. El mundo era un lienzo en blanco, y ella, una artista con una paleta llena de colores vibrantes.


domingo, 25 de mayo de 2025

𝐏𝐨𝐫 𝐢𝐧𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚𝐫 𝐚 𝐥𝐚 𝐛𝐫𝐮𝐣𝐚


 -¡Pero que bien te vez! -

-¿Seguro, te parece que me veo linda? -

-¡Claro que sí, te vez preciosa!, Me parece perfecto que por fin te hayas decidió, se que es difícil aceptarlo, se que es difícil ser toda una chica ahora, pero siempre te mire respetarte y ayudarte en lo que necesitarás -

-¡Lo sé!, por eso estoy aquí, mostrándote mi cuerpo, aceptando por fin lo que soy ahora, intentando agradecerte por todo lo que me has ayudado, sé de qué manera te gustaría que te agradeciera por todo, sé cómo me miras desde que llegué a ti buscando apoyo, sé cómo me deseas y sé también cuánto yo ahora te deseo, te deseo más que como amigo, solo sé que deseo que me hagas feliz en este cuerpo y como sea que desees hacerme tuya -

-¿Estás segura de esto?, Sé que es muy complicado para ti, es verdad que me has gustado desde que llegaste aquel día pidiendo ayuda, cuando nadie más te la brindó, solo no quería avergonzarte por ello, que te sintieras presionada por hacerlo, pero ahora sé, que si es la manera de hacerte sentir bien, me gustaría y acepto con todo mi amor poder hacerte mía hoy mañana y siempre que lo desees mi amor -

Víctor y Gustavo eran dos amigos que se conocían desde hace ya varios años, aunque casi por diversas circunstancias, se habían distanciado un poco uno del otro.

Cierto día, Gustavo fue víctima de una mala bruja, el la había insultado estando ebrio creyendo que era una chica indefensa quién para su mal suerte, resultó ser todo lo contrario, Gustavo fue maldecido por la bruja y convertido de un segundo a otro en una hermosa chica rubia, la bruja le arrebato todo en su vida y lo dejo botado por las calles esperando a que el chico aprendiera la lección, Gustavo no tenía adónde más ir, se sentía humillado, desesperado e indefenso, no quería ser una chica, quería recuperar su cuerpo de hombre pero la bruja desapareció sin dejar rastro, vago durante días hasta que por fin logro llegar a casa de Víctor, quien aún incrédulo de lo que le decía, lo recibió en su hogar, tratándolo con respeto y aprendiendo uno del otro a convivir en armonía, ayudarle a su amigo en el momento en que más necesitaba.

-Kary-



miércoles, 21 de mayo de 2025

𝐌𝐞𝐣𝐨𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐄𝐬𝐩𝐨𝐬𝐚 𝐁𝐢𝐦𝐛𝐨

Mario era un hombre que desde hace muy chico había descubierto sus poderes de Body Hopper, el siempre hacia todo por diversión hasta que comenzó a crecer y necesitaba dinero para vivir, ya que su cuerpo aún era joven y no pensaba en dejar su vida actual, más que para poseer cuerpos y divertirse.

Por lo que ahora ofrecía sus servicios como Hopper para poseer cuerpos a cambio de dinero por simples favores sexuales o para hacer cosas indebidas.

Lo que más le gustaba a Mario era poseer mujeres inocentes con cuerpos simples para dejarlos convertidas en unas mujeres vulgares y exuberantes, así que cuando el esposo de Victoria lo contrato para hacerle unos cuantos arreglos a su mujer, no solo cambiaría aspectos físicos en el quirófano, si no también mentales ir harían que Victoria se convirtiera en una esposa ejemplar, pero también deseosa de sexo, en unas máquina lasciva que deseara tener sexo salvaje con su marido a todas horas, vestirse muy provocativa y actuar bastante sexy.

Mario disfruto un buen rato de estar en el cuerpo de Victoria, pero ya era momento de despedirse de ese cuerpo no sin antes poseer a Xavier el esposo de Victoria y cogerse a su nueva esposa esperando a que todos los cambios que hizo en ella dieran los resultados esperados.

-Kary-



miércoles, 14 de mayo de 2025

𝐓𝐨𝐝𝐨 𝐩𝐨𝐫 𝐝𝐢𝐧𝐞𝐫𝐨

 -¡Fernanda!, ¿Pero que haces aquí?, ¡Esto no es lo que tú crees! -

-¡Basta ya de esto!, No puedo creerlo, no necesito más explicaciones, está todo muy claro -
-¡Fernanda, esperaaaa! -

-¡Jajaja!, pero que decepción, mira nada más hasta donde llegaste Luis, ahora toma tu cochino dinero, luego te llamo para hacer otra sita, ¡Preciosa! -

-¡Estúpido todo esto es tu culpa! -

-¡A mí no me culpes de tus actos, perrita!, Tu solito te metiste en esto, querías hacerte pasar por mujeres para tener dinero a cambio de sexo y ahora dices que te sientes mala por haber perdido a tu tonta noviecita, ¡Ja!, no me hagas reír -

-¡Yo le prometí que iba a dejarlo! -

-¡Jajajaja!, nunca dejas lo que más te gusta, entre más lo haces más deseas y está claro que tú no eres alguien que sea capaz de dejarlo todo por amor -

Luis era un shappeshiffer, había descubierto sus poderes desde niño y siempre se aprovechaba de ello para conseguir lo que quería, el era un tipo rebelde a quién no le importaba nada ni nadie para obtener lo que deseaba.

Pero todo cambio el día en que conoció a Fernanda, menos iban en la preparatoria y Luis se había enamorado perdidamente de ella, lo hacía ser un mejor hombre cada día, el tuvo que contarle la verdad sobre sus poderes, pues pensaba que no tenía que haber secretos entre ambos, Fernanda lo tomó con algo de miedo, pero con el tiempo se fue adaptando a la situación, pero también, obligaba a Fernando a dejar de hacerlo, pues no estaba bien que usará a otras mujeres para sus fines de lucro, el con mucho coraje trato de dejarlo, hasta que Diego, uno de sus mejores amigos, quien también estaba enamorado en secreto de Fernanda y sabía el secreto de Luis, le tendió una trampa para que Fernanda lo dejara para siempre.

Diego sabía que Luis no se resistiría a una suma bastante fuerte de dinero a cambio de un buen sexo, antes de que Fernanda existiera, ambos chicos se divertían teniendo sexo cuando Luis se transformaba en alguna sexy mujer, chicas conocidas o usaban su poder para ganar dinero.

Diego sabía el punto débil de Luis, así que cuando Diego le propuso cogerse a Fernanda a cambio de mucho dinero, Luis acepto sin pensar en más consecuencias y en la traición de su mejor amigo.

Se transformó en Fernanda aún con algo de inseguridad y fue a el hotel donde Diego lo había sitado, primero exigió el pago por lo que podría costarle su relación con el amor de su vida y luego tuvieron relaciones entre ambos, sin imaginar que Diego habría sitado a Fernanda con engaños para que encontrar a Luis usando su propio cuerpo para obtener dinero a cambio de sexo.

-Kary-



sábado, 12 de abril de 2025

𝐇𝐞𝐜𝐡𝐢𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐚𝐦𝐨𝐫


Cuando estaba haciendo el hechizo de amor para amarrar a Gabriela me había equivocado en unas palabras, claramente yo quería que ella me correspondiera, pero el hechizo me transformó en ella.

Desperté luego de quedarme dormido y fue que pude darme cuenta de los cambios en mi cuerpo, tenía sus chichotas, su culo, su cabello, su vagina, su bello rostro, me había vuelto totalmente como ella, yo nop sabía si reís o llorar, no estaba para nada en mis planes convertirme en una mujer, no sabía que debía de hacer si está no era mi vida, la verdad Gabriela podría demandarme o hacerme algo si me descubría.

Pero las cosas no estaban tan mal después de todo, me había convertido totalmente en ella, incluso también tenía sus recuerdos, comencé a disfrutar de todo su delicioso cuerpecito, de ese cuerpecito que siempre desee que fuera mío, podía decir con seguridad que podía tocarla y hacerle lo que se me antojara, era mía, solo mía de ahora en adelante, y ni ella ni nadie podían impedir que gozará de ser Gabriela, de tener su sexy cuerpo a mi disposición, ahora solo falta buscar algún hombre para que me mantenga, ya que con este cuerpo no será nada difícil.

-Kary-