domingo, 10 de mayo de 2026

“Prestado por el día de las madres”



Un año antes….


No era otro día más en la oficina, llegaba con mi café sabor a quemado del Oxxo, cuando apenas entré, la puerta de la oficina ya estaba decorada con flores y de talles, por encima, un gran cartel que reflejaba el tradicionalismo de siempre.


Muchas de mis compañeras de la oficina eran madres, no era de esperarse que todas ellas estuvieran vestidas y arregladas mucho más de lo normal por este día, todas gritaban, reían y festejaban.




Muchas de ellas habían llegado más tarde a la oficina, unas por ir a desayunar con sus familias, otras por ir a los eventos escolares de sus hijos, pero solo estas desgraciadas gozaban de privilegios como esos.


-¡El jefe las manda a llamar! -decía la secretaria, mientras cada una salía alegre y sonriente esperando con ansias recibir ese detalle solo por ser madre.


Cada una recibiendo un regalo, no era una carta con un dibujo de amor hecho por un niño, era ropa, accesorios y bolsas, cada prenda más cara que la otra.


Todas presumiendo su regalo, entre risas y alegría, presumiendo con arrogancia y presunción tan solo por ser madres, la envía me embargaba, igual yo apenas era un chico joven con poco tiempo en la empresa trabajando.


-¿Qué pasa Luis? -decía Norma mi compañera de 40 años, la más cercana a mi.


-¡Nada!- le dije renegado con un suspiro hiriente.


-¡Te conozco bien!, sabes que puedes contarme, ¡dime, pollito! insistió ella, llamándome tiernamente como me conocían por ser el más joven y novato de la oficina.


-¡Nada!, es solo que me da coraje ver como todas las mujeres reciben regalos y atención y nosotros como hombres nunca recibimos nada.


-¡Pues obviamente!, nosotras somos mujeres, nosotras somos mamás, ¡Si tuvieras estas te darían un regalo como a nosotras! -dijo ella estrujando sus pechos mientras se reía. 


-¡Norma! -le dije impresionado de su fácil manera de tocarse delante de la gente.


Ella volvió a su festejo, y regresó trayéndome algo de comida que solo le regalaban a las madres.


-¡Ten, de la que te gusta! -dijo de manera expresiva, parecía como si un chico callejero estuviera dentro de ella.


-¡Come mamacita, feliz día de mamas la chiquita! -se expresó ella.


-¡Ay ya Norma pareces boca de hombre jaja! -le dije riéndonos al mismo tiempo.


Pensaba con gracia, Norma y yo éramos como ese dicho, en tu trabajo aprendes a hacerte amigo de una cuarentona, desde que conocí a Norma supe que tendríamos química, ella era una mujer hermosa, de piel blanca, ojos preciosos color café, cabello color negro lacio, cintura delgada, unos generosos pechos copa 40D y caderas un poco anchas con un culo firme y redondo que se columpiaba cada vez que caminaba como una dama. 


Ella era una señora bien portada, fina y elegante, que no era amiga y mucho menos abierta con cualquiera, era curioso la manera en que ella se comportaba solo conmigo y con otra de sus amigas en el trabajo, está casada y tiene dos hijos, pero que se conserva muy bien para su edad, siendo incluso una secretaria de oficina, tenía el respeto y la mente abierta para llevarse como una adolescente con el que lo merecía.


La verdad Norma era una mujer muy hermosa y estaba bien buena ¡jaja!, pero la verdad yo no podría con una mujer tan refinada como ella y preferí entablar una relación como amigos del trabajo solamente, por el respeto y esas cosas, ella era una mujer mayor, casada y yo solo un simple niño que todavía vivía en casa de sus padres.


—————


Ya había pasado un año y el gran día se acercaba, apenas habíamos empezado el lunes como otro día cualquiera y las mujeres ya empezaban a hacer alboroto por su mentado día.


-¡Oigan chamacas!, ¿Saben qué dará el jefe de comer? -decía Karla ansiosa.


-¡De comer es lo de menos, a ver qué nos regala este año! -decía Sofía avariciosa.


-¡Uy si las más madres! -decía Jorge burlándose, otro igual de envidioso que yo supongo.


-¡Pues todas las mujeres se alucinan con que merecían todo por ser mujeres y ser madres -continuó Rogelio.


-¿Ya vas a empezar a molestar? -le dijo Romina molesta.


-¿Porque tan callado pollo? -me dijo Norma mi mejor amiga del trabajo.


-¡Ay nada…!, ya sabes…, otra vez empiezan a hablar de lo que harán el día de las madres y que como se van a vestir y que qué regalo les darán etc, etc, etc.


-¡Ay si la verdad que da flojera ya! -dijo ella suspirando con ironía.


-¡Ay ajá si!, ¿qué te va a dar flojera a ti estar recibiendo regalos caros y atenciones solo porque eres madre? -le dije sarcásticamente.


-¡Pues la verdad sí!, llevo ya 17 años con la misma mamada de ser madre y la verdad ya ni saben innovar con algo bueno -expresó ella.


-¡Bueno!, no es como que pudieras prestarle tu título de madre y tu atención a alguien por un día ¡jaja!


-¡Tienes razón!, pero y si… -Norma se quedó en silencio con ganas de mantener el misterio.


-¿Pero sí qué dime? -insistí curioso.


-¿Qué pasaría si te dijera que con estos dos brazaletes podemos cambiar los roles por un tiempo? -Norma me mostraba un par de brazaletes extraños en su mano.


-¿A qué te refieres con eso…? -dije haciéndome el loco, como si no supiera de lo que estaba hablando.


Norma sugirió entonces que cambiáramos de cuerpo, podría vivir como ella y disfrutar de la experiencia de ese día tan importante.


Mi cabeza explotó con solo pensar en lo que estaba diciendo, ¡Yo!, ¿En ella, en su cuerpo, seré madre por un día?, mi miembro comenzó a traicionarme y ella se dio cuenta de inmediato, tan solo soltando una pequeña y traviesa carcajada.


-¡Perdón Norma no es lo que parece! -dije, aún con los nervios recorriendo mi cuerpo.


-¿Entonces que pollo, le entras o no? -dijo la refinada dama, aún sin poder creer que una mujer tan decente hablara de esa forma.


-¡Que va Norma!, por fin has confesado, ¿Quién eres realmente?, seguro que ni siquiera eres la verdadera Norma, siempre súper que eras un hombre de barrio atrapado en el cuerpo de esa mujercita.


-¡Jajaja, claro que no tontito!, me los acaba de conseguir una amiga y dice que si funcionan, ¿O qué pasa?, ¿Acaso no has querido tocar estas? -Norma volvió a estrujar sus jugosas tetas delante de mis ojos, mi pene no aguanto más y se puso tan duro que los pantalones apenas podían ocultarlo.


-¡Ay Norma!,, no quiero que pienses que yo soy un pervertido…


-¡Para nada!, no todos los hombres tendrían una oportunidad como la tuya.


Era cierto, con Norma me había ganado una gran amiga y una aventura lo suficientemente extraña para creerla.


-¡Ay sí, como si esas cosas pasaran!, ¿En dónde está la cámara? -le dije aún dudando de tanta belleza en mi vida.


-¡Ya basta de miedos pinche cobarde! -dijo ella colocándose un brazalete en su mano y tomando mi mano a la fuerza para ponerme el otro.


-¿Pero qué haces Norma…! 


Apenas pude hablar cuando los brazaletes efectivamente comenzaron a brillar, comencé a sentirme extraño y un flash cegador nos iluminó a ambos, de un momento a otro, sentí mi cuerpo extraño, más chico, más ligero, pero con un peso desproporcionado en otros lugares donde antes no lo había.


-¿No, No, Norma? -dije escuchando como de mi boca salía la melodiosa voz femenina de Norma ahora siendo la mía.


-¡No mames si funcionó wey! -dijo ella mirando mi cuerpo mientras lo tocaba con sus manos, acariciando mi pene, el cual estaba más duro que una roca -¡Ay Pollo, qué grandota polla tienes eh! -dijo ella sobándola mientras lo apretaba estimulando más su órgano como un juguete frente a mi.


-¡No mames, no mames! -dije yo mirando hacia abajo las grandes tetas de Norma en mi ahora pecho, el morbo y la curiosidad me  vencieron y estrujé sus tetas con tanta fuerza que hasta me dolió.


-¡No tan fuerte idiota!, te puedes lastimar, mis senos son de sensibles debes de tratar mi cuerpo con cuidado -dijo ella algo inquieta.


-¡Perdón no era mi intención, esto es tan irreal! -dije con pena y algo de miedo a que ella decidiera cancelar todo esto.


-¡No te preocupes pollo!, ya irás aprendiendo a conocer tu cuerpo de mujer.


Norma y yo comenzamos a planear todo, me enseñó como maquillarme, ya que era era demasiado perfeccionista, como cambiar como una dama a su altura y a hablar correctamente en público.


La verdad todo era bastante complicado, caminar con estos tacones y sentir como todo en mi cuerpo se movía tan diferente, mis tetas rebotaban y mi culo se movía de lado a lado mientras hacía todo eso.


Tantas cosas por aprender en tan poco tiempo y yo solo tenía que bañarme con un jabón y ponerme unos calzones, un pantalón una camisa que mi madre planchaba y ya estaba, pero siendo Norma debía de mantener el más mínimo detalle en cada una de sus actividades.


Incluso hablar como una señora no era fácil de llevar a cabo, es por eso que Norma solo hablaba naturalmente y sin tanto esfuerzo cuando hablaba conmigo o con sus amigos más íntimos, ya que la sociedad no trataba igual a una dama con un bello vocabulario, que a una dama con un lenguaje de barrio.


-¡Que verguiza es esto de ser mujer Norma!, mejor regrésame mi cuerpo -dije como una mujer malhablada.


-Debes de cuidar ese tipo de palabras cuando te presentes en público o con mi familia, sobre todo con mi esposo que sospechará si hablas de otra forma.


-¡Si perdón!, se me olvida entre tanta pendejada -dije otra vez sin poder contenerme.


El tiempo había pasado y ya ni trabajamos el resto de la tarde, lo bueno que el día no había sido tan pesado y el jefe tampoco estaba en la ciudad.


Regresamos a la oficina y entonces sentí como todos me miraban ahora yo siendo Norma, a todo esto, había olvidado pasar al baño a ver el cuerpo de Norma con mejor vista.


-¡Mira Norma lo que te dejaron! -dijo la señora Raquel señalándome unas flores y unos chocolates que le dejaron a Norma.


-¡Uyyyy! -gritaron las otras compañeras emocionadas.


Yo me quedé pasmado unos segundos sin saber cómo reaccionar, por un momento se me hacía ilógico que esto fuese para mí, pero se suponía que yo era Norma y debía de reaccionar como si fuera ella recibiendo un detalle por ser mujer.


-¡Ah, sí, no manches que bonitas las flores -dije sin recordar lo de las palabras, aunque no había sido una palabra tan altisonante.


-¡Ay a Normita ya le empezaron a regalar detalles por ser madre! -dijo Norma en mi cuerpo burlándose con sarcasmo tal como yo lo haría, la maldita estaba disfrutando mi cara de vergüenza.


-¡Vamos Norma!, ¿porque no lees tu carta? -dijo ella haciéndome pasar vergüenza.


-¡Ash está bien ya voy! -dije tomando la carta que venía en las flores -¡Para la mamá más linda! -dije mientras percibía un olor que se me hacía conocido pero no sabía de dónde, el aroma me hizo sentir cosquillas y recordar a alguien que aún no distinguía, supongo que eran los recuerdos y sensaciones que tenía el cuerpo de Norma.


-¡Aaayyyyy! -gritaron todos haciéndome morirme de la pena, pero terminé riéndome como una dama.


No sabía que me pasaba pero me estaba emocionando, miré los chocolates y por puro instinto y un placer desmedido que se había intensificado con el paladar de Norma, comencé a comérmelos todos sin parar, hasta que Norma me detuvo.


-¡No seas tonta Norma!, si te acabas todos los chocolates ya no te entrada en vestido de mañana… -dijo Norma más cómo un consejo.


-¡Cierto gracias pollito! -le dije devolviendo el gesto.


-¡De nada!, entonces todos los que quedan…, ¡me los comeré yo jajaja! -Norma agarró el resto de los chocolates y se los llevó hacia su escritorio donde se los terminó de comer con tremenda voracidad.


Bueno, al menos ahora podía darse ciertos gustos que se prohibía para mantenerse en forma, no era por nada que mantenía este cuerpo tan sexy.


Comenzamos a salir ya después de un largo y bizarro día de trabajo, Norma se fue en el transporte sin haberme dado cuenta y me quedé pensando sin saber qué hacer, cuando me llegó un mensaje del esposo de Norma diciéndome que ya estaba esperándome afuera del edificio, así que supuse que tenía que irme con el.


En todo este tiempo que conozco a Norma, nunca había visto ni conocido a su esposo, esperaba que solo fuera otro tipo promedio, quizás barrigón o algo por el estilo, cuando de la nada, un tremendo fisiocultirista apareció de la nada, en un Mercedes.


-¡Hola amor! -dijo el hombre amoroso tomándome por sorpresa mientras me impregnaba un apasionado beso.


No faltaba decir lo raro y algo asqueroso que había sentido eso, pero claro, si ahora era una mujer con un marido tan imponente.


-¡Ahh jeje hola amor…! -dije asintiendo, ¡pues ya que!, ya me había besado, ¿qué podía yo hacer?


Me subí a su camioneta Mercedes y dentro estaban sus dos hijos de Norma, quiene me saludaron efusivamente sorprendiéndome.


-¡Mami! -gritaron los dos niños, una pequeña llamada Lía de 7 años y un casi adolescente llamado Víctor de 11 años. 


-¡Hola mis niños que bonita sorpresa! -contesté tratando de parecer lo más cercano a ser su madre.


La verdad es que conocía más tiempo a Norma como una presa a seguir que conocer íntimamente más acerca de ella y su familia, así que estaba perdido, desorientado en un cuerpo y en una vida desconocida.


Fernando de 45 años, el esposo mamado de Norma, condujo hasta un restaurante y yo estaba aún incrédulo sin esperar que tuviera ese detalle, nunca había venido a un restaurante tan elegante y fino, mucho menos para comer cosas tan refinadas.


Pero dado a el hombre tan mamado, con porte elegante, un Mercedes, así como la ropa tan fina que portábamos todos, era claro que este hombre tenía tanto dinero como para darle estos detalles y mejores a su esposa.


-¡No mames que chingón se ve todo esto! -dije sorprendido apenas llegamos a la entrada, pero al darme cuenta del gesto de sorpresa de Fernando asentí apenado.


-¡Cállate pendejo cállate no la vayas a cagar! -dije suspirando en mi mente.


Entramos a la mesa donde ya nos esperaban para atendernos, sin darme cuenta, uno que otro hombre me miraba el culo o me miraba los senos, todo fue hasta que comencé a sentir extraño que me observaran tanto, hasta que recordé que ahora tenía el cuerpo de Norma.


Pasamos la tarde noche de forma agradable, la comida estaba de lujo y los meseros me daban toda la atención posible, me sentía extraño recibiendo tantos lujos y atenciones, pero pues claro, yo tenía el poder ahora.


Llegó el momento en el que sentía muchas ganas de orinar, Norma no me había explicado cómo hacerlo teniendo su vagina, me sentí con muchos nervios de no saber cómo tocar una vagina para poder orinar.


Me di una escapada al baño y como si la hubiera llamado con la mente, Norma me mandó un mensaje.


-¿Qué pasó pollo, todo bien?, ¿qué tal la estás pasando mamita? 


-¡Jaja!, si todo bien!, tu marido me trajo a cenar y los meseros no paran de atenderme.


-¿Pues eso es lo que querías no?, ser atendida como una mujercita.


-¡Sí jaja!, pero no esperaba ser yo la mujer sobre atendida, ¡oye por cierto wey!, me vine al baño, ¡no sé cómo carajos orinar con esta cosa, ayúdame!


Me metí en uno de los cubículos del baño y con rareza y excitado, baje la tanga de Norma por mis piernas, hasta ahora había caído en cuenta de que Norma traía puesta una tanga debajo del vestido, con razón sentía extraño aquí abajo desde que cambiamos de cuerpo, bueno, más extraño que solo tener una vagina.


Mire el glorioso monte de Venus de Norma, mis manos temblaban nerviosas y comencé a estimular mi zona como Norma me decía, hasta que un pequeño chorrito comenzó a salir lentamente de mi vagina.


-¡Ahhh! -suspiré aliviado luego de salir de este extraño percance.


Luego me limpié con cuidado siguiendo los consejos de Norma, me lavé las manos y saqué el maquillaje del bolso de Norma, tomando el lápiz labial para remarcar el delimitado de mis labios, pues no podía perder el glamour determinado de Norma.


-¡Una pequeña sacudida de chichis y listo! -dije jugueteando con las ricas tetas de Norma un rato, aunque eso detonó algo extraño en mí y por un descuido, tuve que volver a limpiarme dentro del baño.


Regresé algo avergonzado mientras caminaba sintiendo como todo en mi cuerpo se sacudía, los hombres me observaba y parecía que era la mera envida de las mujeres de lugar.


-¿Porqué tardaste tanto? -dijo Fernando algo inquieto.


-¡Ay cariño!, soy mujer yo siempre me tardo, ¿no? -dije tratando de mantener una coartada creíble.


La cena continuó con Fernando platicándome de su día de trabajo, mientras que yo trataba de inventarle cosas aburridas de trabajo como quizás lo hiciera Norma, me gustaba todo el ambiente y la temática de ser la esposa trofeo, pero era extraño sentir como un hombre como Fernando me observara con tal obsesión y deseo, me acariciaba la mano, me intentaba dar besos de repente, los cuales yo tenía que corresponder, me decía lo bella que me veía, etc., como si la experiencia de ser mujer no bastara, pues ahora incluso Norma me había prestado un esposo perfecto y muy amoroso.


Llegando a casa me impresionó el tamaño y elegancia que tenían la familia de Norma, definitivamente era una mujer de clase alta, que por extraño que parezca trabajaba como una simple secretaria en una buena empresa.


-¡Todo, todo esto era mío! -jadeaba mientras miraba toda la casa, aunque parecía como un desconocido entrando a su casa por primera vez.


-¿Todo bien cariño? -dijo Fernando extrañado por mi rareza.


-¡Ah…, si amor todo bien jeje! -dije jadeando con nerviosismo.


-En toda la cena casi no parabas de mirar a las personas, por ratos mirabas tu pecho extrañamente y a veces parecías perderte en el baño por mucho rato.


-¡No pasa nada amor…!, gracias por esta cena especial -le dije actuando tan bien que definitivamente se lo había creído.


Para cerrar mi show, me acerqué a él, mostrándole una cara dulce e inocente, suspiré delante de su rostro, que se ahogaba con solo verme, como todo un hombre enamorado de su esposa, mientras me tragaba mi orgullo de macho para sostener la mentira y conectar sus labios con los míos para terminar de hipnotizarlo.


El me beso insaciable, como un hombre hambriento de poder, me tomó con sus fuertes manos la cintura y me sujetó con fuerza besándonos de manera cada vez más apasionada.


-¡Mami mami!, me ayudas a terminar una tarea -dijo Lía salvándome, suspiré de alivio, aunque sentía como se apagaba la pasión que ya comenzaba a surgir dentro de mí.


-¡Sí cariño te sigo! -dije despidiéndome de Fernando quien se veía ya caliente por el beso.


Fui con Lía a su cuarto a ayudarle con su tarea, me impresionaba el nivel de complejidad que tenían los problemas matemáticos de los niños hoy en día, o al menos en esa escuela cual fuera que vayan estos niños, cosa que, para una niña como Lía era difícil, para mí era como una simple suma de kinder.


-¡Listo princesa!, así como te expliqué este problema intenta resolver los demás -le dije a Lía luego de ver la hora en el reloj, quería pasar tiempo para mi también y no solo cuidar niños.


-¡Mami me ayudas a bañarme cuando termine! -dijo la niña emocionada.


-¡Ay amor, pero ya te eh enseñado a bañarte, ¿no? -dije un poco incómodo con su necesidad.


-¡Ándale mami, por favor, es que me gusta bañarme contigo! -dijo la niña insistente.


-¡Carajo!, ¡Está bien amor terminado nos bañamos juntas vale! -le dije para tranquilizarla un poco, supongo que soy si madre y debo de hacerlo.


-¡Mamá, mamá, olvidé la cartulina que nos pidieron para mañana -decía Víctor el hijo de Norma, a ya muy pocas horas de dormir.


-¿Qué?, ¿Cómo que se olvidó la cartulina pende…, hijo?, ¿No vez qué hora es? -grité gracias a un extraño instinto, pero que se sintió reconfortante a la vez.


Era como tener una clase extraña de poder que solo las mamás como Norma tenían, yo ahora tenía ese poder de gritar y regañar a dos niños que ahora eran mis hijos.


-¡Ay mami perdón! -jadeó el niño llorando mientras me abrazaba tiernamente -¡Es que fuimos a cenar con papá y se me olvidó! -continuó lloriqueando el niño.


-¡Ya mi amor perdón!, mami no quería enojarse pero es que mira que hora es, tu y tu papá tuvieron toda la tarde antes de pasar por mí para pasar a una papelería -dije tratando de aparentar lo más posible a su madre.


-¡Si es verdad hijo!, fue mi culpa por no recordar y pase directamente por ti, ¡Perdona al niño mi amor, yo soy el único culpable! -Fernando aparecía para descargarle la culpa al niño, mientras que se ponía de presuntuoso.


-¡Ay ya está bien todos vengan! -extendí mis brazos para que ambos hombres me abrazaran y aparentar que se me pasaba el coraje.


A decir verdad, ¿Y yo porque me enojaba si ni su madre era?, supongo que mis regaños venían como parte del paquete de ser Norma.


-¡Venga ya!, deja que tu mamá descanse hijo, vamos a relajarnos y ya mañana temprano pasamos por esa cartulina, -respondió Fernando con toda la autoridad del mundo queriéndome hacer sentir bien para yo caer en sus fuertes brazos y quizás lo estaba logrando.


Fin primera parte.






8 comentarios:

  1. Ya Karina, no te esfuerces por seguir escribiendo, se nota que ya no quieres, solamente escribes pendejadas que ya ni me la paran.

    Eres una pinche escritora pendeja mediocre tus historias están de la verga no sirves ni para ponerme dura la verga.

    ResponderBorrar
    Respuestas
    1. Pues fácil, no las leas

      Borrar
    2. Qué triste anónimo, lépero y con disfunción eréctil jajaja

      Borrar
  2. me hubiese gustado ver que paso con Debora 2.0 y Emma 2.0 de amor de juventud

    ResponderBorrar
  3. si no es mucha molestia podrían cambiarle los escritos a esta historia https://es.3hentai.net/d/661567 y volverla un body swap entre nico robin y nami serían buena onda

    ResponderBorrar
  4. Si nos ponemos críticos la verdad si, la disque "Karina" porque hay que admitirlo es un vato que se trasviste osea no, pero tus historias si les has bajado a la calidad de como antes las hacías, métele más empeño, amor, corazón, disfrute, drama, sexo igual pero les falta

    ResponderBorrar
  5. Ya no existe el grupo de WhatsApp de body swap?

    ResponderBorrar

¿Te ha pasado que quieres decir algo pero las palabras no son suficientes? Ahora puedes colocar imágenes o vídeos en comentarios, con los siguientes códigos:

[img]URL de la imagen[/img]

[video]URL del video[/video]