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domingo, 7 de abril de 2019

El juicio - Capitulo 7 "El final"



Bueno chicos, este es el ultimo capitulo de mi historia de "El juicio" Espero que la hayan disfrutado tanto como yo al escribirla. 

Estoy ya trabajando en nuevas historias y proyectos, agradezco a todos los que comentan y me dieron ideas y ánimos para terminarla. 

Me encantaría que me dieran comentarios y opiniones sobre el final, y por supuesto, espero seguir haciendo trabajos que a todos les gusten. 

El dulce aroma del café recién hecho inundaba mi cocina, me encantaba, quizá nadie podía odiar el aroma del café recién hecho. El sol se filtraba por mis ventanas, y mientras me servía una taza admiraba el departamento. Habían pasado ya dos meses desde que había conseguido mi nueva vida, y debía decir que habían pasado muchas cosas y experiencias.


El día de hoy era sábado, de modo que no tenía que trabajar, el trabajo en el banco era muy placentero, prácticamente no había mucho que hacer, las programaciones eran simples, tenía al dueño comiendo de la palma de mi mano como perrito que quiere su premio y el corporativo estaba encantado de tenerme con ellos debido a mi eficiencia.

-Ay… y pensar que había una mente tan inútil en mi cuerpo – dije sonriendo mientras saboreaba el primer sorbo de la mañana. Conforme progresaba con mis planes, me parecía ridículo y terrible como en su momento Karina desperdiciaba su potencial, y ahora encontraba un dulce placer en burlarme de su incompetencia y estupidez al no haber podido conseguir nada de lo que yo en tan poco tiempo había logrado.

Moví suavemente mis caderas, llevaba un conjunto negro de una pieza pegado al cuerpo, me encantaba como marcaba mi figura. Me tome la molestia de ir a verme en el espejo y pasar mis manos por mi abdomen, estos dos meses en el gimnasio estaban rindiendo sus frutos, mi cuerpo estaba hermosamente definido, y aunque no fuera mucho me veía mejor que cuando había adoptado mi nueva vida, mi abdomen estaba mucho más tonificado y había empezado una rutina para hacer crecer un poco más mis glúteos.


Hablando del Gimnasio, Raquel había sido un pajarito muy lindo de tratar, después de todo tenía que verla de nuevo en el Gimnasio todos los días, y aunque ella había pedido que dejáramos ese capítulo atrás, para su mala suerte había disfrutado tanto nuestra sesión de sexo que me había negado a dejarla ir, y por consiguiente dos días después habíamos repetido la experiencia.

Me sorprendía parte de ese mundo femenino, las relaciones sexuales eran algo tabú en cierto modo, cuidaban más su “imagen” de lo que un hombre lo haría. También parecía muy indecisa de hacer ver a otros que sentía atracción por otra mujer.

Probablemente el haber sido un hombre me ayudo a ser enteramente abierta de mente y explicarle que ahora no había nada de malo, en medio de caricias nocturnas le había hecho entrar en razón “No tiene nada de malo pasárnosla bien… ¿crees que un hombre te habría hecho sentir como yo?”

Esa frase había sido particularmente satisfactoria de decir, pues justamente en el pasado había sido uno, y probablemente la que ocupaba mi patético antiguo cuerpo, no hubiera podido complacer tanto a Raquel.

Tras esa noche nuestros encuentros eran casuales, y aunque ella aun pedía discreción en el gimnasio, mi departamento se había convertido en nuestro santuario. Ella me había dejado explorar y aprender y yo le había permitido cumplir sus fantasías conmigo. Desde el inicio sabía que compraría en algún momento atuendos de una sex shop, pero no imagine, que sería una linda niña la que me haría entallarme en un ajustado disfraz de colegiala, o enfermera. Había descubierto el placer de los juegos sexuales, de las caricias y ser intensa.


Hasta ahora, mi único problema había sido mi periodo, parecía que el precio de mi belleza, juventud y una vida deliciosa eran un par de días donde los dolores me dejaban de mal humor. Y ni siquiera mis sesiones personales de caricias me dejaban estar a gusto. Esas ocasiones Raquel se había quedado conmigo, y descubría que, como hombre, la mayoría de las veces todo era sexo y ansiedad con una hermosa mujer, en mi nuevo cuerpo, encontraba un sentimiento y sensaciones gratificantes en sobre llevar esos malestares con simples besos y ocasionales y suaves caricias.

Pero eso había sido la semana pasada, de modo que no tendría que preocuparme de eso por lo menos en otras tres, de modo que este sábado era enteramente mío. No sabía si llamar a Raquel, quizá le gustaría salir y después pasar la noche conmigo… no lo había pensado, pero ¿quería a Raquel para tener una relación formal’. Cuando era un gordo perdedor jamás hubiera soñado con una niña tan linda como pareja, pero ahora era una realidad que podía ser el caso.

Me senté en el sofá pensando en eso, y divirtiéndome de la diferencia de mis preocupaciones de antes a ahora. Antes me preocupaba mi peso, mis enfermedades y si podría llegar al final del mes con el pago, ahora mismo todo eso no era una preocupación, era un placer y lo que me ocupaba era como acomodar mi vida social y otros gustos.

Eso hizo por supuesto que me preguntase como estaría el gordo, la mente de Karina seguramente encajaba bien con ese cuerpo inútil, debía estar triste. Peor no me apetecía verle, no quería ver a esa bola de grasa ni acercarme a ella.

-Está decidido – dije feliz mientras consultaba mi cuenta de banco desde mi celular, el número de ceros me encantaba, ganaba mucho más de lo que hubiera imaginado antes. Y era hora de empezar a darme los lujos que merecía. Toque un contacto en la pantalla escuchando el tono de llamada, no tardó mucho en contestar.  – Hola mi amor~ - salude a mi dulce Raquel que parecía haber amanecido bien – oye cariño… ¿estas libre hoy? – pregunte como una adolecente pidiendo una cita – pensé que tú y yo podíamos… pasar un día en el Spa en el centro de la ciudad… si... si yo invito cariño, sabes que eso no es problema... y, bueno ¿crees que puedas quedarte esta noche?

Tras unos segundos colgué, cerré los ojos y respire hondo, tendría un día en el spa, consintiendo este cuerpecito como se merecía. Arreglarían mi cabello, me darían un masaje y arreglarían las uñas, Y después de eso, pasaría una maravillosa noche con Raquel, sí, mi vida, era maravillosa.



EPILOGO

-¡Palomar! – grito un fornido guardia a alguien que estaba encogido en el fondo de la celda.

El aludido alzo la mirada, era la clara muestra de lo insano que era la prisión. Era lo que pasaba cuando alguien con sobre peso se consumía de una forma poco saludable, parecía un gordo al que le habían negado la comida y la bebida y se estaba consumiendo a si mismo, con enormes ojeras y una flacidez que parecía peligrosamente insana.

-Apúrate gordo, no tengo todo el día – dijo sin embargo el oficial tendiéndole un sobre – Ocho meses aquí y al fin tienes correo… ¿Alguien se acordó de ti? – se burló antes de dar un golpe con su porra sobre los barrotes haciendo retroceder al hombre a tropezones y caer de culo al suelo.

El sobre fue abierto con manos suavemente temblorosas, el no comer adecuadamente y la edad estaba haciendo estragos con sus funciones motrices.  Del sobre saco un par de hojas escritas a mano

“Hola gordito~

¿Sabes?, durante estos meses me he preguntado que podía decirte, pero creo que lo primero que tendría que preguntar es ¿Cómo te sentó estar de nuevo en esa porquería llena de cebo en la que me tuviste meses por envidiar mi escultural y hermoso cuerpo? Aunque no lo creas, no soy rencorosa, y haber estado en ese horrible estado me ha hecho apreciar mi vida, a mis papas y mi juventud.

Espero que en la cárcel no estén siendo muy malos contigo, digo, sé que posiblemente pases hambre por como maltrataste ese cuerpo tragando tanto. Pero ojalá los demás no te molesten mucho, alguien como tú no creo que este a gusto ahí. Haz lo posible por encajar, solo son cinco años por lo que hiciste.

Por mi parte, quiero que sepas que estoy bien, maravillosamente de hecho, en cuanto recupere mi cuerpo uve que ordenar las tonterías que hiciste con mi vida.

Pero afortunadamente conseguí un empleo mucho mejor (no puedo creer que tras tener mi título me pusieras como una mediocre secretaria), y retome el Gimnasio, de solo pensar que pudiste arruinar mi hermosa figura me daba asco, pero con disciplina estoy mejor que nunca ¡Hasta me ofrecieron ser modelo! Pero yo soy más que solo mi belleza y mi cuerpo perfecto, soy una mujer exitosa, así que tuve que rechazar.

Debo decir que al menos, el tiempo en tu horrible cuerpo me enseñó a valorar más esto, por eso decidí darle un giro a mi vida, por ejemplo, no sabes lo rico que es dormir cada noche pasando mis manos por todo mi lindo cuerpo, por mis senos. Ah, como era horrible dormir sin poder apretarlos, masajearlos y hasta lamerlos.

Volver a usar mis deditos en mi vagina fue majestuoso, desde que recupere mi cuerpo no he dejado de hacerlo. Por cierto, conocí a una chica preciosa, se llama Raquel, es mi instructora en el Gym, o debería decir, mi novia, y pasamos noches esplendidas, por supuesto mis papas no lo saben, porque a ellos les presente a Guillermo.

Te confieso que mis noches con Raquel son maravillosas, pero a Guillermo no le molesta para nada, de hecho, mis noches favoritas es cuando él está libre ¡y hacemos un Trio! No puedo creer cuantas experiencias me había perdido, los besos de mi hermosa Raquel mientras mis caderas se mueven en una buena verga. ¿Alguna vez pensaste en experimentarlo en este cuerpo?

Me alegra que no, porque me daría asco que usaras mi cuerpo sin mi permiso, tomar mi virginidad como yo quería fue lo mejor. Jamás pensé que podía pasar de ser dominante a una perrita deseosa de que la penetren, Raquel le encanta que hagamos el amor y compartamos a Guillermo, quizá la sociedad es anticuada, ser bisexual y tener dos parejas que disfrutan de nuestra vida sexual es lo mejor.

Por cierto, quería contarte, el dueño del banco donde trabajo, lo acusaron de fraude, parece que por algún motivo, varios millones desaparecieron, y no pueden rastrearlos, Como encargada de sistemas estoy segura que hallare como lo hizo, pero parece que lo desvió a sus cuentas, pero el malvado solo puso un aparte del dinero… No sé dónde estará el otro, pero ahora él está en prisión, ¿puedes creer que decía que yo había tomado ese dinero? Aun cuando toda la evidencia estaba en su contra, es ridículo como hay gente que quiere ir contra la ley ¿no lo crees?, quizá lo conozcas y te haga compañía, y puedan charlar acerca de cómo le gustaba ver mis hermosas piernas cuando usaba falda, o como me miraba las tetas cada que le daba los reportes, estoy segura que encontraran de que hablar… aunque sea de mí.

Bueno, estoy segura que te encantaría verme, pero sabes que eso no se va a poder, me da algo de asco pensar en cómo has terminado.

De hecho, tampoco me busques cuando salga, jamás volverás a cambiarnos de cuerpos loquito, mis papis están muy de acuerdo en que, cuando termine con todo esto del fraude que hizo el gerente, debería pensar en pedir que me transfieran a otro país. A mis dos amantes les encanta la idea~ Tu sabrás, yo siempre quise ir al extranjero, y que mejor que con las dos personitas que me hacen mágicas las noches.

No te entretengo más, no sé si estarás ocupado en prisión, pero yo no puedo desaprovechar mi cuerpo y mi juventud dándote más atención.

Gracias por haber cuidado mi vida un poquito hasta que la recuperase…

Besitos y chao~
Atte: Karina”



miércoles, 3 de abril de 2019

El juicio - Capitulo 6 "Nueva Vida, Nueva Karina"

<span><marquee direction="left" style="background:#C51162"><font color="#FFFFFF">"El juicio "</font></marquee></span>


**Bueno gente, sé que les deje mucho tiempo esperando. Pero tuve demasiado trabajo. Espero que disfruten este capítulo. El próximo será el último donde anexare un pequeño epilogo.


Estoy trabajando en diferentes ideas para más historias. Todas sus ideas para nuevos proyectos son bien venidas. También siempre agradeceré el apoyo y los comentarios y sus sugerencias.**

La suave luz del sol entraba por la ventana de la habitación en la cual había un par de prendas en el suelo, por lo demás todo estaba en silencio. La visión de la misma era tan pacifica que parecía que nada podía perturbarla, hasta el momento en que, sobre la mesa, los rojos números del reloj digital, cambiaron para indicar las 7:00 am.

La tranquilidad fue rota por el burdo sonido de aquella alarma, que pito un par de veces, cada vez antes de aumentar suavemente su volumen para cumplir su cometido. Aunque tras solo un par de segundos, fue silenciado por mi mano con un pequeño golpe que buscaba más acertar al botón de apagado, que por hacerlo con precisión. Respire de manera profunda, disfrutando el aire limpio entrar en mis pulmones antes de abrir los ojos lentamente.

Era Miércoles, es decir, hacía ya tres días, que había salido de aquel juzgado con mi nuevo cuerpo. Es decir, con mi verdadero cuerpo, hacia una semana que había salido de la prisión que era la bola de cebo que antes llamaba cuerpo y que había puesto mi mente en el joven cuerpo de Karina. Me di a la tarea de cerrar los ojos cinco minutos; no necesitaba seguir durmiendo, después de todo, volvía a ser joven y tenía una salud fantástica y mi sueño había sido completamente placentero y reparador; sin embargo, quería darme unos minutos para reparar estos tres maravillosos días.

El lunes, cuando esa alarma había sonado me había negado a despertar en el acto, todo lo que había pasado el día anterior parecía un sueño, un hermoso y fantasioso sueño, temía abrir los ojos y ver esa asquerosa barriga y los flácidos brazos que tenía en mi viejo yo. Pero al moverme y despejar el sueño las sensaciones no eran las que recordaba. Abrir los ojos había sido un obsequio maravilloso, no solamente por constatar que no había sido un sueño, si no porque, la sola imagen de despertar y ver un cuerpo tan maravilloso como el que ahora poseía era un deleite.

Este día no había sido diferente, mi cama tendría que acostumbrarse a tenerme desnuda en ella, esta parte se asemejaba más a mis fantasías, pues por las noches mis manos exploraban nuevas formas de hacerme sentir y hacerme estremecer. Después de mi primer orgasmo había dedicado algo de mi tiempo a experimentar, y no había sido apresurada, había descubierto que mi cuerpo era especialmente sensible si acariciaba primero mis muslos antes de zonas más íntimas. También me había fascinado descubrir lo que podía hacer soplando sobre mis pezones húmedos después de jugar un poco con ellos.  Aunque si bien había explorado mucho, no tanto como había deseado.

El día después del éxito de mi plan había tenido que ir a la casa de mis nuevos padres para que me consolaran, contarles mi “horrible experiencia, siendo un asqueroso gordo por unos meses”, Y también en ponerme al corriente de algunos detalles más sobre mi nueva vida.

La ventaja es que, podía preguntar que había hecho “ese gordo enfermo”, en mi cuerpo en los meses que me había robado mi cuerpo. De modo, que mis padres explicaban con detalle lo tristes que habían estado que tras graduarme tuviera un trabajo tan mediocre y hubiera reducido mi vida social tanto. Los viejos me parecían empalagosos, y quizá mantuviera un poco mi distancia, pero no estaba mal tenerlos para alguna ayuda futura, por supuesto, la mejor parte fue cuando papi saco la tarjeta de crédito y me llevo al centro comercial.

Jamás había sido fanático de las compras, después de todo ¿Qué podía comprar siendo un tendedero en una mierda de tienda? Además, siendo un gordo la ropa que podía comprar era poca y monótona, pero ahora tenía caderas anchas, cintura torneada y unas piernas de envidia.

Afortunadamente mi padre, como cualquier hombre no comprendía para nada la moda femenina, de modo que no sabía si mi estilo tenia cambios o si me comportaba extraño. Por supuesto, fue un alivio, porque tampoco veía extraño que tardase tanto tiempo en entender cómo ponerme algunas prendas o zapatos. Ni que no me decidía del todo cuando veía alguna talla, sobre todo en lencería o ropa deportiva. Pero me tome mi tiempo, todo el que pude hasta que las tiendas estuvieron por cerrar, y saliera radiante con bolsas llenas de nuevo guarda ropa.

Esa noche, cuando me habían llevado a mi apartamento había fantaseado en usar todo lo que había comprado, pero era demasiado. Además, caminar me había agotado. Curiosamente no me había molestado, en lo más mínimo, mi absurdo cuerpo se hubiera cansado tan solo unos minutos después de empezar, mi nuevo cuerpo había estado horas caminando y probándose ropa, y solo sentía una suave fatiga en mis piernas. A las cuales consentí con un masaje usando crema. El tacto era maravilloso, y descubrí que me gustaba relajarme y consentirme de esa manera.

Había pasado prácticamente una hora en mi cama recordando mi estancia en el centro comercial, no solo por lo que había comprado, si no por cómo me había tratado la gente. No era el gordo asqueroso del que se apartaban cuando pasaba. No había gestos de desagrado por verme o que rehuían de mi dado que podían incluso oler sudor.

No, había sido totalmente diferente, me veían con deseo, podía encontrar hombres seguir el contoneo de mis caderas, tener su vista fija en mis piernas y también en algunos ayudantes de tiendas tratando de disimular el poner su vista en mi escote. Descubrí que ciertamente, todo era importante con la imagen. Si encontraba que la mirada era de un viejo o un gordo sentía repulsión hacia ello, pero si por el contrario, era de algún chico joven o que pudiera verse atractivo, yo misma buscaba hacer movimientos provocadores para que su atención no se despegara de mi.

Había dedicado mucho a esta reflexión, y es que no lo había pensado hasta este momento. ¿Quería tener sexo con algún hombre? ¿Los encontraba atractivos? En mis fantasías antes de obtener mi nuevo cuerpo, pensaba que después de que mis perversiones degradaran  mi cuerpo, o que ya no me satisficieran, me volvería adicta a la actividad sexual con otro hombre, dejándome llevar por mis “instintos femeninos”. Sin embargo, por ahora solo me gustaba su atención, la idea de un pene entrando en mí no conseguía hacerse agradable. Aun si trataba de vincularla al placer de sentirlo aún no lograba que fuera totalmente de mi agrado.

Tampoco veía en el género masculino rasgos que me hicieran distraerme del todo, o que provocasen reacciones de notar en mí. Esa noche, antes de que mis manos empezaran a explorar un poco más mi anatomía, había sonreído antes de hablar.

-Parece que mi mente domina bien este cuerpo~

Abrí los ojos nuevamente, el día anterior no había sido demasiado especial, había mirado cada rincón de mi departamento, también había guardado mi nueva ropa, con lo cual había tardado mucho, pues me había tomado el tiempo de probarme cada conjunto y modelarlo delante de aquel espejo antes de guardarlo.

Así pues, me había levantado convenciéndome de que jamás extrañaría el torpe ritual de moverme poco apoco para mover esa antigua mole en la que estaba.

-Hola amores~ - salude mirando hacia abajo mis dos perfectos senos, que después de mi jugueteo de la noche anterior, estaban descubiertos.



El día anterior había decidido a que hoy empezaría mi nueva rutina, para empezar, Salí de la cama para ponerme un top amarillo y un pantalón cómodo, Me estire un poco para mirarme en el espejo, retorciendo un poco los labios. Hasta ahora no lo había pensado, pero mi cabello, no lo había cepillado en estos dos días, y se veían algunos cabellos rebeldes, no iba a descuidarlo, así que apuntaría el ir a la estética después para que me dejaran preciosa.

Baje a la cocina, era momento de desayunar, si bien el día que pase con mis padres comimos en un restaurante y el día de ayer simplemente había ordenado una pizza 8La cual por cierto seguía sobre la mesa casi entera), me descubrí que no podía comer ni cerca lo que antes, era normal, antes mi estómago era una maza que pedía engullir seguido, ahora tenía un estomago sano y más pequeño.

-Bueno… no pienso volver a ser una bola de grasa – me dije estricta, después de sufrir eso y ahora tener este cuerpo, no pensaba caer en mis malos hábitos alimenticios, de modo que lo primero que hice fue tomar aquella piza, de la cual quedaban 6 de sus 8 rebanadas y tirarla sin más al bote de la basura. Abrí el refrigerador, para encontrar frutos secos, yogurt, había leche de soya, y cereal en la alacena. Para mí, eran cosas secas, sin sabor en absoluto, pero ¿Qué importaba?, el comer no se comparaba al dulce placer de verme en el espejo.

Me serví cereal, con frutos secos, leche de soya y un pequeño vaso de Yogurt… ¿eso debería estar bien no? Respire hondo antes de dar el primer bocado, antes de abrirlos con sorpresa… era… era tan diferente.

¿Serian mis nuevos gustos?, no, no, a medida que masticaba quería concentrarme. Antes, mordía, mascaba un par de veces y engullía, como un animal desesperado. Comer grasas y azucares podría bien haber arruinado por completo mi gusto. Además, el exceso de grasa me provocaba agruras y gases los cuales no me importaban con tal de darme el gusto de la gula.

Sin embargo, mi mandíbula estaba trabajando perfectamente, sentía lo crujiente del cereal crujir suavemente entre mis dientes, perfectamente cuidados. Sentía ese suave pero rico sabor del cereal, y también podía sentir la dulzura de la leche de soya, la tenue acidez de los frutos secos, su textura y el azúcar.

Era maravilloso, un plato de cereal sano que antes me hubiera decepcionado era tan delicioso. Mi nuevo cuerpo estaba hecho para ser una chica Fitness. Además, la sensación era tan agradable, que me tomaba el tiempo de masticar, saborear y tragar. Cuando pasé por el Yogurt, lo convertí casi en un deleite sexual pues la textura del Yogurt hacia maravillas en mi lengua y pasaba mi lengüita por la cuchara lamiendo el cremoso producto. A veces sacaba mi lengua y pasaba la cuchara fría con el yogurt dejando que este pasara por mi garganta tras saborearlo.

-Hora... de ordenar mi nueva vida – Die sintiéndome satisfecha, no solo en la cuestión alimenticia, si no también, de algún modo, en el sentido moral y de orgullo. No era ese perdedor que engullía papas y soda para el desayuno, había tomado un desayuno saludable, lo había disfrutado y seguiría así. Con esa nueva confianza, subí de nuevo a mi habitación para ponerme uno de mis nuevos conjuntos. No tarde demasiado, a pesar de que originalmente este cuerpo no era mío, parecía que siempre había estado pensado para mí, pues fueran sus modos o no, dominaba muy bien mis manos y la forma en que debía ponerme algunas prendas, quizá mi intensa practica de los pasados días. Inclusive podía usar tacones sin problema.

Había temido caerme y tropezar, pero dado que había ido despacio para ver las tiendas y que estaba en excelente forma y tenía una memoria muscular, mis movimientos habían sido más naturales y no se habían visto orzados. Me coloque una hermosa blusa blanca que tenía un escote que dejaba ver muy bien mis pechos, y ahora venía mi toque persona, pues acomode de manera precaria un par de medias de color blanco en mis largas piernas antes de Poner una falda recta de color Negra que me quedaba entallada. Al voltearme me aseguré de que mis glúteos se marcaran de manera notoria cuando los movía, sonreí satisfecha antes de pasar un cepillo por mi cabello. Amaba llevarlo suelto, además que era tan hermoso que no necesitaba demasiado, aunque iría al salón de belleza más tarde.



Lo acomode un poco antes de ponerme un par de tacones de color Negro y tomar la bolsa con todas mis pertenencias. Sería mi primer día independiente. Al abrir mi puerta y cerrarla tras de mí, era totalmente diferente. Antes me sentía encogido, quería salir a hacer lo que tenía que hacer y volver lo más rápido posible, pero ahora me sentía confiada, empoderada, yo era la reina de este mundo. Y con esa confianza, comencé a caminar, haciendo sonar mis tacones y moviendo mis caderas al hacerlo, con el mentón arriba y la frente en alto desbordando una confianza que solo podría ser producto de mi maravilloso nuevo yo.

Al llegar a mi auto subí a él, sintiendo que tenía un gran control, era algo indescriptible, sentía que de alguna manera podía hacerlo todo, si deseaba hacerlo haría lo que yo si quisiera y nadie me diría que no. Apreté el volante, era la primera vez que tenía auto propio, pero, algo se había despertado dentro de mí.

-Tendré uno mejor – sonreí mientras ajustaba el retrovisor dándome un segundo para ver mi rostro esbozar una sonrisa maliciosa. Esa imagen, que no había visto antes logro hacer que mordiera suavemente mi labio – No me queda mal… ser una chica mala – sentencie a mi reflejo antes de ir a mi primer objetivo.

Conducir por las calles era una experiencia placentera, si bien el auto era muy autóctono, cuando miraban quien lo conducía dirigían un vistazo para capturar lo que pudieran en sus memorias de mi belleza. Cuando llegue a aquellas oficinas, estacione enfrente, bajando con una gran dignidad, y camine con tal firmeza que podrían pensar que era dueña de la empresa si hubiera llegado en un auto más lujoso. Mi confianza desbordaba y eso era despampanante.

Por mi vista periférica vi a algunas personas que eran mis compañeros de trabajo, conocidos. No me importaban, a partir de hoy, no estaban en mis planes de vida. Camine directamente hasta la oficina de recursos humanos para poner mi renuncia en ese momento. El personal si bien quería pedirme una explicación dado que renunciaba de manera imprevista se llevarían una gran sorpresa cuando arrogante hable con el mentón arriba.

-Contrataron a un gordo mediocre, yo, soy Ingeniera en sistemas… estúpidos – hable arrogante. Oh si, nadie ahí sabia sobre el caso, Karina se lo había guardado en su mayoría, y el caso era discreto, así que no entendían – hace meses un perdedor intento robarme mi cuerpo, y consiguió trabajo aquí... pero ahora… yo puedo conseguir algo mejor… vendré por mi pago la próxima semana – dije dándome media vuelta para salir de ahí con la misma altanería, porte y sensualidad con la que había entrado.

Oh si, podía sentir a las mujeres odiarme, y a los hombres babear mientras miraban mis piernas, mis caderas, mis gemelas marcarse sobre mi falda y mis nenas menearse en mi escote. Sentí aun regocijo al degradar a la antigua Karina, que había desperdiciado, no, había estado desperdiciando todas sus oportunidades, y yo, había llegado a dirigir este cuerpo hacia la vida que se merecía, que me merecía.

Después de eso, lo segundo, había sido ir al banco, era un proceso más modesto, pero necesario. Después del juicio me habían dado una documentación, en la que se autorizaba de manera prioritaria que cambiase todos mis datos de banca, contraseñas y Nip, esto por seguridad para que el ladrón que había usado mi cuerpo no pudiera dar ninguna información mía. De modo que había pedido hablar con el encargado del banco para darle el documento y tras unos minutos se me había atendido en privado.

Eso era parte de mi plan, pues había pasado directamente a la oficina del encargado, además de que por la documentación sabría por qué habría ido, pues era una documentación que se daba por un solo motivo y expedida por un juez. El encargado era un hombre cercano a los 50 años, podría haber sido un buen mozo, pero la edad ya le ganaba la partida, dándole más robustez de la que debería, sin embargo, eso no detendría mi plan.

-Ahora, firme aquí y aquí señorita- indico señalándome las ultimas firmas que debía de colocar en la documentación. Firmas que había tenido que practicar varias veces antes de poder hacerla con fluidez. – hay algo más en lo que le pueda ayudar? – pregunto, y ahora había hecho lo que quería.


-P-pues si – dije moviendo suavemente mis hombros provocando un pequeño temblor en mis pechos – vera… bueno, usted sabe porque vine, lo que me paso – dije con una voz suave y afligida, había aprendido que mis pequeños dotes de actuación se multiplicaban con mi nuevo cuerpo, el encanto y estupor que provocaba era mucho mayor.

No necesitaba tener expresiones perfectas, solo menear suavemente mis encantos. Pase mi mano por mi cabello acomodándolo detrás para dejar a la vista mi cuelo y girando la silla para que mis hermosas piernas quedasen a la vista.

-Yo... necesito rehacer mi vida, y quería saber si usted tenia puestos de trabajo vacantes – dije justo cuando el apreciaba mis torneados muslos…



Me sentía tan poderosa, era como jugar con un perrito que quería un premio, pero necesitaba que hiciera sus trucos antes de dársela. Por supuesto, mi cuerpo no era un premio que le daría a nadie. Conforme ese idiota me comía con los ojos, la conversación fluía hacia mi experiencia laboral, y también mis capacidades. Por supuesto, la tonta Karina no tenía capacidades reales, pero si un título que yo con mis capacidades podía aprovechar, y tras mostrarle una copia de mi título, él dijo que le diera unos minutos para ver si el puesto de “encargado de sistemas”, estaba vacante.

Sabia la respuesta al ver cómo mientras estaba en el teléfono, el bufón pensaba que no le miraba mirar mi cuello, mis pechos o mis piernas, las cuales movía suavemente como un gesto distraído pero que era un arma de sensualidad. Tras diez minutos me dijo que el puesto estaba libre, y que podría presentarme a una entrevista más al día siguiente para poder empezar en la sucursal. Me hablo sobre el puesto, y sonreí al escuchar el sueldo, era jugoso, más del doble de lo que la tonta de Karina obtenía como secretaria, por supuesto, mis planes eran el tener la vida que mi cuerpo merecía.

Agradecí a aquel hombre antes de tomar mis cosas y salir de ahí. A pesar de que me producía cierto asco, debía agradecerle, una debía ser agradecida con quienes le ayudaban. De modo que torpemente deje caer mi bolsa al suelo antes de inclinarme de manera pronunciada para dejarle ver directamente mi formado culo. Levante la misma con lentitud antes de colgarla sobre mi hombro.

-Muchas gracias, disculpé – me despedí conteniendo la risa al ver el bulto que se había formado en su pantalón. Bueno…. No podía decir que no le había ido bien.

Ya había cambiado mi empleo, ahora tenía que seguir con mi rutina, claro que, también estaba la vida social de Karina, aun no sabía si yo quería ser tan extrovertida, pero… ¿Por qué no probar? Empezaría un buen empleo y ganaría más dinero, seria exitosa y tendría más tiempo, así que  no haría daño el saber que era salir con amigos, pero eso para después.

De nuevo en el auto puse camino al gimnasio, la bolsa en el asiento trasero llevaba mi ropa para el mismo.


Llegue para pagar nuevamente la inscripción y un par de meses por adelantado, mi cuerpo era hermoso, pero la estúpida propietaria anterior lo había descuidado un poco los últimos meses. Y eso no iba a permitirlo.

Tome la bolsa para ir a los vestidores a cambiarme.



Había comprado un hermoso conjunto de top y leggins que se ajustaban muy bien a mi hermosa figura, por lo cual Salí de nuevo para ver cómo debía empezar. Sin embargo, aunque quería cuidarme, no tenía idea de cómo hacerlo, no había hecho nunca el intento en mi viejo cuerpo para estar en forma, así que había pedido un instructor. Me habían dicho que estaría conmigo al salir. Aunque la verdad, es que mi sorpresa fue inmensa al ver que era una chica. Una chica preciosa, su cuerpo estaba tonificado, y suavemente bronceado. Si no fuera yo, le tendría envidia, pero quizá por primera vez mi arraigo femenino me obligo a comparar el tamaño de nuestras caderas y nuestras gemelas. Ella tenía un poco más de cintura, pero me apunte un triunfo al ver que mis nenas eran más grandes.

Ella se presentó como Raquel, una instructora del gimnasio, parecía extrañada del modo en que yo la miraba. Por lo que aclare mi garganta, diciéndole que quería ejercitarme y tener un plan de entrenamiento.

Si bien fue difícil hacerle creer que yo nunca había estado en el gimnasio y que mi figura era resultado solo de correr por las mañanas y cosas así, acepto hacerme un plan después de que con algo de pena explicaba mis objetivos, como el tener glúteos más firmes o definir un poco más mi abdomen, así como trabajar un poco mi pecho.

Conforme ella me marcaba la rutina, notaba dos cosas. La primera, que por primera vez estaba conversando con una mujer tan hermosa como Raquel. Siendo un gordo no tenía citas ni muchas mujeres que quisieran entablar una conversación conmigo, pero era inusualmente fácil. Ella era muy comunicativa, y me termino contando que era un año menor que yo y que estaba en el último semestre de la facultad para graduarse como licenciada en economía.

Con cierta ironía pensé, que, de haberla conocido un año antes y con la facilidad que ella me contaba todo, hubiera cambiado de cuerpo con ella.

L asegunda cosa que note, fue la forma en que mi cuerpo llevaba a cabo los ejercicios, nunca los había hecho, y podía sentir el corazón agitarse, así como el cansancio, pero no era un cansancio que me desesperara o un sudor que me asqueara, de hecho, lo sentía… genial, me sentía sensual y hermosa incluso con el sudor bajando por mi cuello hacia mi abdomen, donde se perdía, en unos meses estaría perfecto.

Cuando terminamos la rutina, Raquel me acompaño a los vestidores, lejos del ejercicio, no podía dejar de mirarla, sus formas, sus caderas. Hasta que había cambiado de cuerpo con Karina, nunca había tenido a una mujer así tan cerca. Y descubrí, que mi mente aun podía ordenarle a este cuerpo el que debía encontrar atractivo y estimulante.

En los vestidores me detuve a mitad de vestirme, pues reparé en que Raquel también se estaba vistiendo, tenía pechos perfectos, casi como los míos, cuando se puso la ropa interior y el bra, con algo de pena le dije si nos podía toma runa selfie. Mi corazón casi salta cuando dijo que sí. Bueno, yo también era una hermosa y sexy mujer, no había problema.



Mi celular capto nuestra belleza, pero mi mano sobre la cintura de Raquel. Por alguna razón no la solté, incluso cuando ella hizo ademan de separarse.

-Eh… Karina… - me llamo pensando quizá en que me había perdido pensando en algo

-Lo siento… - susurre – es que... tienes un cuerpo muy bonito – dije sin pensar y cayendo en que la había cagado, sin embargo, ella respondió de una forma en que no le respondería a un hombre, si no a mi nuevo yo, una mujer hermosa.

-G-gracias, t también tienes un cuerpo muy tonificado, casi no hace falta que vengas al gimnasio… estas bien como estas – dijo con una risa nerviosa.

-¿Tú crees? – respondí…. De repente, la sensación de poder y confianza había regresado, que ella me recordara quien era y el cuerpo en el que estaba me doto de esa confianza de nuevo - ¿y te gusta? – pregunte tomando sus caderas con ambas manos. Raquel parecía un poco asustada y nerviosa.

-K-Karina, esto… yo no hago esto…- dijo poniendo sus manos sobre mis hombros.

-¿Hacer qué? – pregunte sintiéndome maliciosa al sentir que la intimidaba.. si, tenía el control, ella gritaría si fuera ese gordo asqueroso, pero ahora estaba nerviosa e indecisa – Dijiste que tengo bonito cuerpo… ¿no te gusta?

-P-Pues sí.. pero… no de esta manera – susurro bajando la mirada, pero solo encontraría mis firmes pechos.

-Pero si no dejaste de verme cuando hacia ejercicio – dije haciéndola balbucear... era la primera vez que tenía a tan hermosa criatura cerca de mí, peor la confianza que me daba mi nuevo cuerpo me dejaba ser una fiera y no un tonto nervioso de que ella gritara. Me arriesgue, acariciando su cadera hacia su cintura, sentí su cuerpo estremecerse y erizarse – tienes una piel muy bonita – susurre sintiendo mi corazón latir y bajo mi sostén mis pezones raspaban de una suave manera indicándome que empezaban a ponerse ligeramente duros.

Lo siguiente fue muy rápido, demasiado como para haberlo planeado o hecho pensando. Raquel había hecho un pequeño intento de escape, pero no selo permití, poniéndola en contra de los casilleros acorralándola contra estos poniendo mis manos a los lados. Ella alzo sus brazos en reacción para protegerse de alguna agresión. Pero no fue tal. Todo fue en una fracción de segundo, el impedirle irse, el acorralarla, el tenerla así.

Me incline sobre ella para hacer lo que mi mente deseaba y mi cuerpo empezaba a aceptar: besarla. Ella no reacciono al principio, dejándome disfrutar, jugar con ella., sus labios eran suaves, pequeños, era como pasar la lengua sobre los míos, pero el saber que eran de esa hermosa niña me hicieron sentir un placer y excitación diferentes. Las manos de Raquel por fin se movieron, haciendo un suave e ineficiente empujón en mis hombros tratando de apartarme antes de cerrarse alrededor de mi cuello en un abrazo.


Su boca empezó a moverse, a corresponder. Era patético, pero este era mi primer beso, y lo estaba dando desde mi cuerpo de ensueño a una niña tan hermosa como podría haber soñado.

Su lengüita se movía, de manera tímida, dejando que la mía entrara en su boca, que jugara con ella y me embriagara de su sabor. Los casilleros estaban en silencio, no había pensado en que alguien podría vernos, pero afortunadamente no había nadie más ahí. El silencio se rompía solo por nuestros labios jugando, y nuestras lenguas chasqueando suavemente entre la saliva que fluía entre ambas.

En un punto, me separe de ella, se veía preciosa, yo sentía el calor recorrer mi rostro y mi cuerpo, quería seguir jugando, quería seguir besándola, y quería seguir tocando más ese cuerpo y esa experiencia. ¡era mi primer beso y el más sensual de todos! Raquel me miraba sonrojada, agitada y sorprendida, y fue la primera en hablar.

-Aquí no…

Fue lo único que dijo, pero de algún modo, habíamos conectado, nuestras miradas se habían entendido perfectamente, sin mencionar nada más. Asentí suavemente antes de voltearme y vestirme con más torpeza y prisa de lo que había hecho nunca. Había terminado solo poniéndome la falda, la blusa y las deportivas, y Raquel había hecho algo similar. Habíamos bajado con prisa a mi auto. Por un segundo sentía que llegaríamos más rápido corriendo, pues vivía solo a unas calles. Pero logre subir a mi auto, con ella en el asiento del copiloto antes de poner la llave y conducir hacia mi departamento.

El par de minutos se me hacía eterno, y yo podía sentir como la calentura bajaba poco apoco, temía que Raquel se arrepintiera, por lo que aparque de manera rápida antes de bajar y abrir la puerta. Cuando subíamos a mi departamento podía notar, que la impresión y la calentura en ella también habían bajado. Sin embargo, llego hasta mi departamento, abrí la puerta y tome su mano para hacerla pasar.

Ella parecía un poco incomoda o indecisa, si era brusca probablemente no tendría otra oportunidad. Mi inexperiencia me jugaba en contra, pero... por otro lado, ¿no era yo ahora una hermosa mujer que tendría un empleo exitoso? La tome de los hombros para que se sentara, ella me miraba indecisa, Esta vez era mejor, ser más suave.  Me senté a un lado de ella sobre el sofá, acomodando su cabello para ver su rostro, lo que ella interpreto como un gesto lindo y una pequeña caricia.

Me acerqué, un poco titubeante al principio, pero volví a juntar mis labios con los de ella. No era la sensación embriagadora que recordaba, en lugar de eso, empezó a ser un beso suave, este hubiera sido un mejor primer beso, suave, llevadero.


Mis labios eran suaves y dulces, y los de Raquel eran parecidos, ahora que ella no estaba acorralada, y yo no era tan agresiva, el juego era más lento, pero más fluido, esta vez deje que ella usara su lengüita en mi boca, deje que ella jugara, y después ella me dejo practicar, mi nuevo cuerpo me sorprendía con nuevas sensaciones increíbles.

La lengüita de Raquel estaba atrapada entre mis labios, la chupaba como si fuera una paleta, una deliciosa paleta. Deje mi lengua afuera para que ella me la mordiera suavemente. Mi cuerpo se estremeció, era increíble lo que podía lograr con un solo beso si se hacía de la manera adecuada.

Ella fue la primera en retomar las cosas, sus manos levantaron mi blusa que salió fácilmente mientras yo la despojaba de la chaqueta que usaba. Decidí cerrar los ojos para disfrutar por completo las sensaciones, ella había empezado a acariciar mis hombros, y después mis brazos, mi piel era fantástica, sus manos eran pequeñas y suaves, me tocaba de forma y con caricias que yo no podía hacerme a mí misma, y mi cuerpo estaba deseando más.

Fue mi turno de quitar su blusa, dejando al descubierto esos senos perfectos cubiertos por la lencería color amarillo que ella llevaba. La contemple un momento antes de llevar mis manos a ellos. Por un momento recordé como manoseaba alas sexo servidoras que contrataba, me causaba repulsión, actuaba como un cerdo sin control, pero ahora, mis manos tomaron esas esferas de carne en un suave masaje, las exploraron, ganándome de premio un jadeo de Raquel, esta vez, sabía que no lo fingía, ella de verdad disfrutaba mis caricias. Sentía sus pezones sobre la tela. Y me incline para besar de manera tímida al principio sobre ellos, antes de hacer más, apretarlos con suavidad mientras mordía, y ella me dejaba ser.

Podía sentir su aroma conforme mordía y daba un suave chupetón sobre su cuello y llegaba de nuevo a sus labios. Fue su turno, quizá yo estaba más ansiosa, porque al primer estimulo de sus manos en mis pechos gemí de manera linda, me recordaba mi primer gemido, algo tímido, pero sensual y ligero. Mientras ella exploraba las delicias que yo le había quitado a Karina mis manos acariciaron ese hermoso cabello que Raquel poseía, a diferencia de mi ella retiro mi sostén para tomar mis pezones, que duros me hicieron gemir cuando ella los mordió y succiono de forma suave. Mis gemidos iban al compás que su lengua marcaba en ellos.

Conforme subía la intensidad de sus caricias, también lo hacíamos nosotras, nos levantábamos del sofá, y ella me dejaba conducirla hasta el santuario de mi placer, la cama que me había tenido explorándome las pasadas noches me tendría ahora con otra mujer.


Mi falda cayó al suelo y también el short de Raquel, y el interruptor se activó, sus caricias fueron más intensas... las mías también, mis besos retomaron el impulso del gimnasio, esa fiereza que había sentido, este ímpetu e impulso, me sentía como una tigresa que quería devorar algo delicioso, pero que mi presa, peleaba por devorarme a mí. Pero si yo la devoraba o ella a mí, no alteraba de que era delicioso.

No tenía idea de si Raquel era virgen, lo dudaba, porque ella parecía tener más experiencia porque termine bajo de ella mientras sus manos entraron sobre mi tanga, apartándola y usando sus dedos.

Mi gemido se ahogó en la boca de mi ahora amante, al sentir sus pequeños dedos moverse, había bien que si los movía de ciertas formas me volvería loca, pero no le daría pistas, En lugar de eso provoque que mis dedos buscaran el placer de entrar dentro de ella.

La sensación cálida me era familiar, pero podía, por mis pasadas exploraciones, entender que el interior de Raquel era diferente al mío, Explore, fui más delicada y curiosa que ella que se movía con ímpetu, busque aquel punto sensible en ella, logre hacerla gemir, gemía de forma delicada y ansiosa, si tuviera que compararla, ella era como una felina que trataba de no verse indefensa.

Mis caderas se movían, mis dedos, mis labios, el conjunto de placer y sensaciones era indescriptibles. Me estremecía al pensar, que hacia un minuto estaba segura de haber tenido un orgasmo, pero mi cuerpo se negaba a detenerse, y Raquel tampoco se detenía. Me separe de ella un momento, necesitaba aire, quería más de ella, pero necesitaba respirar. Y mi entrenadora aprovecho para acomodarse en mi parte baja.


Sabía lo que iba a hacer, pero no estaba preparada, cerré los ojos dando un profundo gemido al sentir esa lengüita húmeda jugar y explorar sobre mi vagina. Mordí la almohada, era delicioso, ella me estaba haciendo un oral, no podía más, sentía como mi cuerpo se embriagaba, como si no tuviera la capacidad de pensar o razonar. Solo entendía que esto era mil veces mejor que tocarme yo misma.

Raquel siguió con aquello un poco mas, antes de dejarme a mi tomar la iniciativa. Lo que iba a hacer solo lo había visto en pornografía, y películas, pero ahora quería hacerlo. Era mi turno de hacerla llegar al clímax más alto.

Le deje boca arriba acomodándome sobre ella y entre sus piernas para acomodar mis caderas y empujar suavemente hasta lograr que mi vagina se frotase directamente sobre la de ella.  ¡Oh dios era increíble! Sentía la humedad que escurría suavemente de mi entre pierna mezclarse con la de ella.


Mi pareja sexual gimió de forma intensa, pero yo estaba empezando, iba a hacer que mis caderas bailaran hasta que se encendieran, y con esa idea movía de adelante hacia atrás, de atrás hacia adelante con un ritmo intenso sujetando la cintura de Raquel que pronunciaba mi nombre enloquecida. Eso me excitaba…

-Si… dime que te gusta... di mi nombre….

¡Karina!, sonaba una y otra vez en mi habitación. Si, esa era yo, era mi nombre, era el nombre de este cuerpo. Yo era Karina y este era el tipo de placeres que deseaba disfrutar siempre que pudiera, era la vida que merecía y disfrutaría.

La noche trascurrió con mi nombre resonando en mi habitación, y con gemidos saliendo de ambas bocas. Nunca, había sentido nada así, tocarme, ya no parecía tan placentero después de esto. Y esa noche, después de que Raquel se quedase dormida tras haber perdido la cuenta de las veces que pensaba que la había hecho venirse, mis ojos se cerraron, y esa era, la noche más placentera y el sueño más delicioso que había tenido en mi vida.

Por cuarta vez, el despertador sonó al marcar las 7:00 am en punto. Mi mano lo apago sonriendo al recordar la noche anterior, después de todo, la alarma también había hecho despertar a Raquel que me miraba un poco asustada al ahora, con su mente fría después de saciar el calor de su cuerpo.


-Buenos días dormilona  - salude antes de mirarla ponerse de pie y recoger su ropa de manera un poco apresurada y balbuceando algo sobre que “no debía haberlo hecho”. No intente detenerla, estaba muy ocupada recordando lo bien que la habíamos pasado. Ella salió de la habitación con un simple “Karina, de verdad perdóname” – No hay nada que perdonar corazón… tu no lo sabes, pero esto va a pasar seguido~-… te lo prometo. – había descubierto un nuevo placer, y no iba a renunciar a él… mi cuerpo, era cada vez mejor.



martes, 19 de febrero de 2019

El juicio – Capitulo 5 “Nuevo cuerpo, nueva vida”


La sentencia, había sido dada, y aunque me había olvidado de actuar por completo, mi reacción debía ser completamente natural. Mientras podía escuchar (aunque no les prestaba atención), los gritos que Karina estaba dando. Yo simplemente había cubierto mi rostro con ambas manos para inclinarme sobre la mesa del juez y tratar de no llorar, aunque si habían salido de mi suaves sollozos.

-Gracias… gracias…. – eran palabras completamente sinceras y que venían de muy dentro de mí, por fin, por fin, iba a ser libre de este asqueroso cuerpo, al fin había ganado, Karina me entregaría su cuerpo, el cuerpo que deseaba y merecía, mi verdadero cuerpo. Apenas escuche el resto de la condena, que eran al menos cinco años en prisión para este cuerpo.

Sentí unas palmadas en el hombro por parte del juez, y al levantar la vista, vi que me daba una suave sonrisa. Él no sabía lo que había hecho seguramente, él pensaba que había regresado a una noble y pobre chica su vida. Bueno, él podría estar con su conciencia tranquila, yo le agradecería más de lo que Karina pudiera odiarlo.

-¡No! ¡No! ¡Suéltenme! – gritaba Karina mientras aquellos fornidos guardias la habían tomado de los brazos. - ¡No pueden haber hecho esto! ¡él no es yo!

-¡Señorita! – soltó el juez dando un golpe sobre la mesa – o debería decir “señor”, verificamos toda la información, la señorita Karina – indico haciendo un gesto hacia mí – nos dio información precisa que corroboramos con mucha gente cercana usted, incluido sus padres – además, sus coartadas eran completamente falsas e inexistentes, revisamos toda la información que usted nos entregó, sobre la cuenta que decía tener y el tal james, y no fue encontrada, no existe, tales perfiles  no existen –soltó el juez dejando a Karina pasmada.


Mi sonrisa tuvo que ser reprimida, ella no podía entender porque había fallado, quizá ella pensara que lo habían hecho mal, o que todo estaba arreglado, su torpeza y poca astucia le estaba costando muy caro.

-La máquina de intercambio esta lista, llévenselos – ordeno el Juez

Ambos hombres empujaron y arrastraron a Karina fuera de la sala a través del largo pasillo mientras yo me detenía para abrazar al juez que me dio un par de palmaditas susurrando “ya paso todo”. Parecía empeñado en hacerme sentir bien y calmarme, convencerme de que la pesadilla había terminado, y si, después de tantos años la pesadilla terminaría, tendría un nuevo inicio en un hermoso y joven cuerpo.

Salí de aquella sala para seguir a los guardias, Karina forcejeaba con ellos y sollozaba, repetía continuamente las frases “por favor, no, no me hagan esto” “no pueden creerle, el no soy yo” “se los ruego, no me hagan esto”

Las lágrimas de una hermosa mujer podrían ablandar el corazón de cualquier hombre, salvo que ellos ya estaban convencidos de que era el intento desesperado de un gordo enfermo por aferrarse al cuerpo que había robado. Caminé detrás de ellos por el pasillo, era largo, y pronto comencé a respirar agitado debido a que no estaba acostumbrado.

Por alguna razón, era más consiente de mi propio cuerpo, sentía mis pies dentro de los zapatos, mis regordetes dedos que se quejaban de aguantar mi obeso cuerpo, sentía mi respiración y mi prominente estomago bajar y subir cada que respiraba, mi sudor, que empezaba a bajar por mi papada y también el temblar de mis carnes, seguramente rodeadas de abundante grasa acumulada con los años.

Karina parecía haber perdido fuerzas para retorcerse y se estaba limitando a lloriquear y rogar de que la soltaran y no hicieran una injusticia. De no ser yo el destinatario de ese cuerpo quizá sentiría pena por ella. Trague saliva, ahora mi preocupación era como sería el sentir el cambio, mi corazón latía ¿dolería? ¿y si algo salía mal?... eran muchas preguntas que rondaban por mi cabeza. Al fin llegamos a una puerta en la que había otro guardia, y cuando entregaron una orden con la firma del juez, este abrió la puerta insertando una tarjeta de identificación y un código de seis dígitos, me sorprendía la seguridad que había ahí. Nadie podría llegar a esa máquina si quisiera hacerlo furtivamente o por la fuerza.





Era claramente intimidante, sin embargo, la puerta de acero dio un suave chasquido antes de abrirse hacia adentro mostrando lo que parecían dos enormes cámaras, el guardia que nos había abierto se acercó a un tablero de comando en donde inserto otra tarjeta e ingreso nuevamente la contraseña. El monitor mostros una serie de comandos, yo mismo podía decir que eran complejos, y busco el sistema que desde un externo se hubiera liberado la hora para poder llevar a cabo su funcionamiento, definitivamente esa máquina no sería usada por nadie a menos que hubiera autorización.

Trague saliva mientras había silencio, solo roto por los sollozos de Karina, de repente, con un chasquido, las dos puertas de aquellas cámaras se abrieron, se abrían lentamente quizá cruelmente para Karina, y como probando la paciencia que yo tenía. Dentro había dos sillas metálicas con reposa brazos y arriba lo que parecía la parte superior de una máquina para cabello que podría encontrarse en cualquier centro de belleza. Aunque sabía muy bien que era un aditamento de tecnología tal, que nadie había podido reproducir perfectamente en el mundo.

Mi como Karina había unos últimos esfuerzos por zafarse de los guardias, lloraba y rogaba que no la obligasen. Sin embargo, los musculosos guardias parecían gorilas con brazos de acero que no le permitieron zafarse, arrastrándola prácticamente al interior de una de aquellas cámaras y forzándola a sentarse.

Pude ver como hacían una señal al encargado del tablero, que ingreso un par de comandos, cintas metálicas salieron de la silla. Los guardias amordazaron con ellas los brazos de Karina a los reposaderos de la silla y sus piernas a las patas de la misma. Una cinta adicional rodeo su frente para que no agachara la cabeza o se resistiera cuando acomodaron aquella cúpula sobre su cabeza.

Los guardias salieron de la cámara cerrando la puerta de metal detrás de ellos. Trague saliva cuando me miraron, pero con un gesto educado me dijeron “por favor”, señalando la segunda cámara. Entre casi sintiendo que empezaría a híper ventilar. Me daba una ligera sensación claustrofóbica, me deje caer sobre la silla de metal sintiendo que mi gordo trasero apenas y entraba de forma apretada en aquel asiento. Parecía que no consideraban que yo fuera a resistirme porque simplemente me pidieron que me recargase en el respaldo para bajar la cúpula y acomodarla sobre mi cabeza.

Sentía una suave presión alrededor de mi frente cuando el aditamento fue colocado, estaba más nervioso y asustado que nunca. No sabía si esto había sido buena idea, pero no había marcha atrás. Cuando los hombres salieron la puerta se cerró dejándome a oscuras un momento antes de que una tenue luz de color rojizo iluminara el interior de la capsula donde estaba.

No sabía si transcurrían minutos, o solo segundos, pero justo cuando iba a preguntar qué es lo que iba a pasar, sonó un pequeño pitido encendiendo un foco color blanco en la parte superior de la cámara. No tuve tiempo ni de buscarlo con la vista por un chirrido llego junto con la sensación de una fuerte descarga eléctrica. Ahogue un grito incapaz de proferir sonido alguno. Mis manos se aferraron al reposadero de metal, como si me hubiera quedado pegado. Podía sentir la electricidad correr por mi cuerpo y como mi cuerpo se agitaba por ello, pero incapaz de moverme, era como estar pegado a la silla sin poder hacer nada.

Era escalofriante, tenía miedo, sentía que esto había estado mal, que moriría en esta máquina encerrado. Aquello había durado demasiado, ¿o solo habían sido pocos segundos? Estaba muriendo, quizá, empezaba a ver luces frente a mis ojos, líneas azules, luego se sumaban verdes, y puntos blancos. Sentía como si me estuvieran poniendo un destapa caños enorme en la cabeza y me estuvieran succionando, me preguntaba si Karina estaba sintiendo lo mismo y trataba de resistirse de algún modo ante esta sensación. Sentía que mi conciencia se perdía, era irreal y una experiencia siniestra y horrible. De pronto se produjo un momento de oscuridad no era consiente de nada, estaba flotando en la oscuridad sin poder sentir, pensar o percibir nada.


Miles de imágenes corrieron por mi mente, no era como verlas, era un golpe de recuerdos que no eran míos, y que no reconocía, había miles de sonidos, risas, palabras, llanto, discusiones, momentos alegres. Y tan rápido como habían pasado, se habían ido. Poco apoco, todo se volvía de color blanco suavemente, aquellas líneas de color azul y verde volvían a verse frente a mí. Y poco a poco sentía nuevamente la descarga eléctrica, como el proceso se estuviera invrtiendo. Sentía las descargas recorrerme, pero de una manera diferente. Sentía algo suave cayendo en mi rostro, la tenue luz de la cámara era notoria y poco apoco la electricidad dejo de sacudirme

Respiraba con agitación, el terror aún estaba ahí, la experiencia había sido sobre natural, y mis brazos seguían inmóviles en la silla. Sin embargo, cuando mire no podía mover la cabeza, de hecho, no podía moverme en absoluto, mi pánico duro poco pues con otro chirrido, las cintas que me amordazaban se desabrocharon. Mi respiración era completamente agitada, podía volver a moverme, me di cuenta que lo suave que sentía en mi rostro era cabello, largo y sedoso.

Levante mis manos temblando, no estaba, no estaban mis gordos y gruesos dedos, en su lugar había dos manos, finas y cuidadas, con hermosas uñas pintadas solo con esmalte de brillo. Sentía una sensación dentro de mí, era jubilo… confusión, alegría, no podía creerlo. Lleve mis manos a mi rostro. Toque una piel suave, podía decir que no era mi rostro, mis pómulos suavemente hundidos y una nariz más pequeña, labios suaves que dejaron en mis dedos suavemente el rojo del labial que había en ellos.

En mis retorcidas fantasías imaginaba este momento, en donde me reiría y seguramente apretaría mis pechos, lleno de lujuria. Sin embargo, la realidad era más compleja. Bajo mi mirada para ver, que, en efecto, había un par de hermosos y firmes pechos cubiertos por esa ajustada blusa. Me apoye en los reposa brazos para ponerme de pie lentamente. Temía que no pudiera hacerlo, pero fue increíblemente fácil, sentía mi cuerpo ligero, como si no pesara… era obvio, mi mente aun recordaba lo que era mover esa mole de cebo, en comparación, este esbelto y trabajado cuerpo era una pluma.

Un nuevo chirrido se escuchó haciendo que la puerta enfrente de mí se abriera lentamente. La luz que se filtró me lastimo un momento la vista antes de poder ver la habitación a la que había llegado con miedo. Temblaba, no sabía si era por la emoción, o si era por la descarga eléctrica, o quizá porque no estaba acostumbrado a esto, di un primer paso tembloroso, pero mis piernas eran fuertes y listas para soportar mi peso sin problemas, a pesar de los tacones no parecía tener problemas en poner un pie frente al otro, no era algo que mi mente recordara hacer, pero la memoria muscular hacia maravillas. Salí respirando aun algo agitado, tarde un segundo en reaccionar y entender que debía seguir mi actuación hasta el final.

-Al fin… soy yo de nuevo… so y yo – solloce suavemente pasando mis manos por mi rostro y abrazándome con mis nuevas manos. El chirrido a mi costado me hizo volverme para ver cómo tras dos trompicones mi viejo cuerpo daba contra el suelo. Era la antítesis de mi situación, yo saliendo, con un cuerpo joven, esbelto y hermoso, y Karina ahora atrapada en ese cuerpo obeso, desgastado y descuidado.

El verle caer al suelo me dio una imagen de lo patético que me veía, y de algo modo sentí un placer cruel al ver como ahora alguien sufriría la injusticia que había vivido yo al haberme tocado un cuerpo tan pobre e inútil. Mi mente se había formado a la idea de que la suerte jugaba un factor en la vida, si no fuera por ese ridículo e inservible cuerpo mi vida hubiera sido mejor. Karina sollozaba y lloraba cuando alzo la vista para ver lo que le había arrebatado, me preguntaba que vería ella. Yo veía a un gordo perdedor en el suelo, ella quizá vería a alguien que le había robado su belleza y su juventud, no me importaba.

-Te dije que recuperaría mi cuerpo – hable, fueron mis primeras palabras. Tuve que guardar mi sorpresa, al escuchar mi suave y jovial voz salir de mi boca.

-¡Maldito! – soltó junto con un suave sonido nasal producto de cómo había descuidado los pulmones de ese cuerpo por años – ¡devuélveme mi cuerpo enfermo! Eres un desgraciado

-Estás loco… - solté sintiendo el inmenso placer de haberme salido con la mía. Pero enfatizando en mi voz una denotación de desprecio.

-Muchachos, llévenselo, tiene una condena de 5 años que cumplir – informo el guardia a sus compañeros para que sujetaran mi viejo cascaron por los brazos, se veía que no les gustaba tener que alzar al gordo. Sujetar a Karina debía ser un pequeño gusto, además de que no pesaba nada, pero incluso a esos fornidos muchachos les costó levantar al obeso por los brazos mientras este trataba de oponer resistencia.

-¡No!, no, se los ruego, los engaño, por favor, yo soy Karina – lloriqueaba mientras lo sacaban de la sala y el guardia restante le miraba con desaprobación. Fue un impulso, pero los tres guardias me daban la espalda mientras Karina atrapada en mi cuerpo era sacada de ahí.

Sonreí, pero esta vez con toda la malicia que sentía, todo ese placer de que me habían salido bien las cosas, posiblemente un gesto que ella nunca había hecho o visto en el espejo, que la dejo pasmada un momento. Lleve mis nuevos y finos dedos a mis labios para dar un beso sobre ellos antes de voltear mi mano y moverlos en señal de despedida mientras ladeaba mi rostro burlonamente y gesticulaba con mis labios “Gracias mi amor”



La silenciosa burla hizo que Karina luchara con más fuerza e ira, pero eso solo hizo que los hombres golpeasen su prominente estomago y diera una arcada y un sollozo antes de que terminase por perderse de vista.

-Señorita Karina, le pido que salgamos de la sal a- pidió el guardia.

-Oh, si, si – dije saliendo y mirando como la máquina que había sido mi más grande deseo volvía a quedar tras esa puerta después de haber cumplido mi más grande anhelo. – gracias – dije abrazando al guardia un momento que debía de estar encantado de aquello – de verdad gracias – dije antes de apartarme

-No se preocupe, debió pasar por mucho – aseguro.

-Sí, así fue, pero ya termino – dije con sinceridad, al fin podría comenzar con mi verdadera vida. Me condujo a un lado del pasillo por una puerta disimulada que resultó ser un elevador. Resultaba que el pasillo estaba suavemente inclinado y al ser tan largo habíamos terminado un par de pisos bajo tierra. Menuda forma de asegurarse que nadie llegara a la máquina. Ingreso su tarjeta para que el elevador funcionara y apretó el botón que nos llevaría de nuevo a la parte de arriba, o más bien a lo que yo creía era la planta baja del edificio judicial.

Al salir simplemente pasamos por un pasillo antes de salir a donde mis papas esperaban. Estos sin darme mucho tiempo me abrazaron, me besaron la mejilla y la frente, disculpándose repetidas veces y diciéndome lo mucho que lo sentían y me cuidarían. Mas a rastras que por mi decisión fui llevado al auto en el que habían llegado, me decían que iríamos a su casa.
-No – dije de pronto – no, perdón… quiero, ir a mi departamento, necesito, un momento conmigo misma, quiero saber… que tengo que reconstruir – dije tratando de parecer afligida, no podía verme en un espejo, pero trataba de imaginar cómo debía verse una mujer afectada – mañana iré con ustedes hoy... necesito descansar – pedí.

Tardaron n momento, pero me dijeron que entendían y me llevarían a mi departamento. Durante el trayecto no hablamos, o bien no sabían que decirme, o creían que no querría hablar de mi horrible estadía en el cuerpo de ese culo gordo, y tenían razón, no quería volver a saber nada de la vida que acababa de dejar atrás. Mientras llegábamos empezaba a darme cuenta de enormes diferencias que no se me habían ocurrido en ningún momento mientras fantaseaba.

Primero es que mi vista era más clara, la edad de mi antiguo yo habían hecho que empezará a necesitar lentes, o que se me cansara, era como ver todo de manera brillosa, colores nítidos y maravillosos. Respiraba de manera profunda varias veces haciendo que mis nuevos padres pensaran que estaba reflexionando, pero en realidad estaba disfrutando de mis nuevos pulmones. Era como sentir aire limpio entrar por mi nariz y llenar mis pulmones sin llegar a sentir dolor o sentir que no me llegaba suficiente aire. Era maravilloso, una sensación que no entendería nadie que no hubiera pasado años sufriendo problemas respiratorios, y todo a causa de ese absurdo peso.

Cuando llegamos me despedí de mis nuevos padres dándoles un fuerte abrazo y asegurándoles que iría al día siguiente. Sonreí cuando mi padre aseguro que iríamos al centro comercial al día siguiente, ya conocía su tendencia a disculparse con regalos.  El edificio no era lujoso, pero era mejor que el barrio donde vivía antes, vivía en la segunda planta, pero en lugar de usar el elevador me dirigí a las escaleras. Necesitaba hacerlo y sentirlo, aunque tardase más tiempo.

Puse el primer pie en el escalón, recordando la faena y reto que era subir mi pesado viejo yo por las escaleras. Pero esta vez sonreí, mis piernas, torneadas, eran fuertes, jóvenes, soportaban mi peso sin problemas mientras escalón tras escalón subía sintiendo que apenas hacia esfuerzo. Lo hice de manera tranquila, no corrí ni metí prisa, disfrutaba una experiencia tan sencilla como esa, algo tan burdo era una diferencia enorme entre mi yo de antes y mi nuevo cuerpo. Respire hondo y triunfante cuando llegue al piso de mi departamento, mi corazón latía pausadamente, no había sido un esfuerzo, mi gordo viejo yo estaría sin aliento y con el corazón am i l por hora.

Esta vez di pasos presurosos para llegar a la puerta y usar la llave. Al abrirla vi el interior de mi departamento. Solo lo había visto pro algunas selfis de Karina antes, pero ahora, esto era todo mio también. Mucho mejor que la pocilga de antes. Lo revisaría más tarde, lo primero que hice fue ir a mi nueva habitación, era mi más profunda fantasía.


La habitación estaba medianamente ordenada, pero sonreí al ver aquel enorme espejo en la puerta del armario, no me extrañaba, la vanidad de Karina haría que necesitara asegurarse de que se veía bien cada día antes de salir. Camine hacia el espejo, para que, por primera vez, pudiera contemplarme. Ahí estaba, hermosa, joven, tan deslumbrante como la había visto por primera vez en nuestro encuentro en aquella sala del juzgado. Aunque mis ojos se veían suavemente rojizos por sus lloriqueos.

Fui al cuarto de baño para mojar mi cara y limpiarla por completo con una toalla que arrojé al piso sin importarme que la había ensuciado con el labial. Volví a mi habitación para mirarme en el espejo. Definitivamente, sin maquillaje era mucho más hermosa, mi piel era suave y perfecta, no necesitaba maquillaje en absoluto.

Me mire desde varios perfiles, admirando mi nuevo rostro, lo toque suavemente, mi tacto también era diferente, era como si sintiera cada centímetro que tocaba, las yemas de mis dedos eran pequeñas, o eso sentía. Me aleje un par de pasos para contemplarme de arriba a abajo. Ponía mis manos en mis caderas para cargarlas a un lado, intentando ser sexy… tenía que trabajar en eso, dominar gestos y hábitos más precario. Me mire de perfil, definitivamente mis glúteos se veían firmes y mis pechos grandes.

Pensé que lo primero que haría en esta situación seria apretar con deseo mis atributos, pero me había quedado embelesado. No tenía que ser desesperado, todo esto era mío, mío para siempre, este era mi cuerpo, no había prisa por ser majadero…. Pase mis manos sintiendo un abdomen plano, sentía suavemente lo tonificado que estaba. Hacia un par de meses podría decir que era toda una fitness, la oficina había golpeado eso un poco, no importaba, nada que no pudiera volver a tener. Decidí sentarme para poderme contemplar a gusto, la memoria muscular de este cuero me ayudaría a tomar mi nueva vida, pues me senté con las piernas juntas. Había que decirlo, ya no hacía falta que abriera las piernas como antes.

-Soy… tan hermosa – dije pasando mis manos por el borde de la tela de la blusa que llevaba antes de irla subiendo para ver mi abdomen y finalmente quitármela dejándome ver un hermoso sostén de lencería rosa. El color me gustaba contrastaba con mi piel de manera preciosa. Mis manos buscaron el botón de mi Falda para quitármela también deslizándola rápidamente por mis piernas. La lencería era del mismo color. – Perfecta… - murmure para sí poniéndome de pie para poder ver todo el esplendor de mi nueva juventud y belleza.

Seguía sin tener el impulso de ser agresivo o abusivo con mis nuevos atributos, lo haría, de eso no tenía duda, pero aún no. Ver que aquella belleza en el espejo se movía como yo quería era hipnótico, estimulante. Lleve mi índice a mi boca mordiéndolo con un gesto sensual.





-Cuidare muy bien este cuerpo Karina… ahora es todo mío cariño – musite con mi dulce voz. Sonaba como la de una niña buena haciendo una promesa, y aquello hizo que sintiera algo bajo mi abdomen.

Me acomodé sobre la cama, me tendí respirando hondo, la cama estaba llena del aroma de Karina, o, mejor dicho, mi aroma, era delicioso, un perfume natural que tenía un toque floral. Cerré los ojos, y no se trataba de ver, si no de explorar lo que podía sentir, las sabanas eran suaves, se veía que usaba un suavizante bueno, o que pagaba lavandería, mi piel era diferente, estas sabanas se sentían como si estuviera sobre seda o un tacto suave y cremoso, muy diferente a la piel que no podía dejar de comparar con la de un elefante, que poseía mi gordo y viejo yo.

Me tome mi tiempo de disfrutar mis nuevos sentidos, pase mis manos por las sabanas un momento antes de ponerlas sobre mis muslos y pasarlos en una suave caricia que me hizo erizar por completo. Las deje ir en un recorrido por mi abdomen, sintiendo lo trabajado que estaba, fue un recorrido que disfrute por completo hasta llegar a mis nenas cubiertas por aquella lencería.

Me detuve un momento, pensé en que es lo que quería hacer y sentir… me descubrí pasando mis manos de manera suave en un masaje sobre mis pechos. Lo hacía sobre el sostén, la tela del mismo era suave, era un tacto rico que produjo que de mi boca saliera un suave jadeo. Era como pone runa música de ambientación a mis sensaciones.





El cuarto estaba en silencio, el cual se rompía por suaves jadeos que salían de mi boca y el sordo sonido de mis manos frotando la tela que envolvía mis firmes seno. Poco a poco era un poco más impulsiva, más agresiva, los apretaba de forma suave y los movía en círculos o los alzaba antes de dejar que volvieran a su puesto original. Sentía una ansiedad bajo mi abdomen, y sabía que es lo que quería explorar ahora…

Pase mi mano suavemente por encima de mi braga, el movimiento fue acompañado por un gemido más pronunciado. Dejaría que mi cuerpo me guiara en mi exploración. Jugué unos segundos por encima de la tela antes de levantarla. Me tomo por sorpresa sentir el vello púbico de aquella zona, había fantaseado con Karina teniendo un coño rasurado y dispuesto como veía en las actrices que aparecían en la pornografía que consumía vorazmente antes.

Sin embargo, el roce suavemente rasposo empezaba a gustarme. Mis dedos exploraban alrededor de mi nueva Vagina, era espectacular, como hombre y debido a mi peso no podía mantener una erección por más de unos minutos, pero perdía la noción del tiempo al formar suaves círculos con mis dedos alrededor de mi labio vaginal. Experimentaba formas de provocarme, usando mis dos dedos juntos para delinear círculos, después separando mi índice y anular para frotarlos por los lados haciendo un movimiento de arriba abajo. Mi mano en mi pecho se volvía más insistente, apretaba, masajeaba e insistía, sentía como sobre la tela sentía un pequeño punto duro, mi pezón estaba erecto, lo apreté sobre la tela del sostén haciendo que liberara mi primer gemido.

Había sido espontaneo y dulce, delicioso de oír, me parecía más sensual que los gemidos que las perras emanaban de la industria pornográfica, y el gemido lo había provocado yo, y lo había dado yo.

Repetí aquello un par de veces más, mordiendo mis labios en una acción inconsciente, mi cuerpo reaccionaba y no iba a reprimirlo, iba a ser bueno con él. Iba a darle placer porque me daría una vida maravillosa. Iba a cuidarlo y él me dejaría repetir mil veces estas sensaciones. Arrastre el sostén para dejar mis pechos al aire, empezando a trabajar el mismo masaje sobre ellos, el tacto directo sobre mi piel era un estímulo diferente, se sentía bien, intenso, real.

Relamí mis labios a placer mientras apretujaba uno de ellos con mi mano, eran suaves y firmes, era como apretar bombones, pero que cada que lo hacia producía una rica sacudida que me recorría la espalda. Decidí trabajar en mi zona intima, mis dedos trataron de entrar poco apoco, aunque me detuve, la sensación no había sido tan placentera, pero instintivamente supe a que se debía o debía hacer.

Alce mi mano, llevándola a mis labios e introduciendo mis dedos en mi boca. Fue una placentera nueva sensación: mi sentido del gusto, años de beber gaseosas y tragar grasas habían hecho mi lengua una porquería, era notorio que Karina había cuidado mucho más su cuerpo para mí. Mi lengüita era más pequeña, pero sentía sabores maravillosos, lo mejor era que lo primero que probaba era “mi” sabor. Deje a mi lengüita trabajar a placer entre mis dedos dejándolos húmedos antes de sacarlos de mi boca y hacer un segundo intento

Di un pequeño salto al sentir la diferencia, entraban de manera suave, deliciosa y producían un gemido largo, profundo y sensual que resonó en mi habitación. Me detuve al sentir que habían entrado lo suficiente antes de empezar a moverlos, nuevamente exploraba, entraban y salían, se movían, y poco a poco mi cadera se movía suavemente al compás de los movimientos de mis manos.

Apretaba las pantorrillas y arqueaba mi espalda, hasta que llegue a un punto que me hizo dar un pequeño quejido. Fue una descarga brutal por toda mi columna. Mis dedos volvieron a apretar esa zona haciéndome repetir la dosis… ese debía ser mi clítoris, fui a mable, nos estábamos conociendo, yo, la nueva Karina, iba a darle más atención de ahora en adelante e iba a tratarlo como el gustase para sentir lo mejor que pudiera provocarme.





Una presión enorme se sentía bajo mi abdomen, quemaba, pero era delicioso, se extendía por todo mi cuerpo y después ardía con más fuerza. Me encontré mordiendo mi almohada con fuerza a medida que mi mano se movía más rápidamente dentro de mí. Me sentía como una bomba de presión, esto no se comparaba a lo que hacía cuando era hombre, era intenso, era sensual, mi cuerpo no podía más….

Me arquee ahogando un fuerte gemido en la almohada que mordía, sintiendo una cálida humedad que lleno mis dedos. Mis pies apretaron un momento la cama antes de relajarme y respirar de forma agitada, y dar pequeños espasmos cada que sentía los vestigios de mi primer orgasmo.

-Adoro… mi nuevo cuerpo… - alcance a decir retirando mis dedos de mi interior para alzarlos y ver un ligero liquido escurrir por ellos. Los lleve a mi boca para sentir nuevamente mi sabor, era un poco más salado que antes, pero me encantaba, mis piernas temblaban, y aun daba espasmos más pequeños, no podía creer que las mujeres pudieran sentir algo así, era injusto – no… es este cuero… mi cuerpo… - iba a convencerme de que no era solo por ser mujer, yo era especial, mi nuevo cuerpo era especial y por eso podía sentir as, Poco a poco iba calmándome y pensar con más raciocinio. Me senté sobre la cama acomodando mi suave y largo cabello que había terminado sobre mi rostro. ¿Qué debería hacer?... ¿Qué tenía que hacer?, cierto, tenía que preparar mis cosas para el día siguiente, debía ir al trabajo, y…. – No…

La palabra salió en voz alta, ir al trabajo de secretaria era lo que la estúpida y fracasada Karina haría, por eso había terminado en ese cuerpo gordo. Yo, mi mente deseaba éxito, y tenía un cuerpo y la juventud para obtenerlos. Iba a renunciar a ese trabajo, mi pretexto seria obviamente el cambio, yo era una graduada en programación y con mis habilidades no me sería difícil encontrar algo más adecuado para ganar lo que deseaba. Me puse de pie, Karina contactaría a sus amigas para charlar sobre todo esto y….

-No… - repetí de nuevo, mi investigación me había dado malos modales y hábitos – eso es lo que la estúpida Karina haría – me repetí mirando al espejo mi silueta, ahora desnuda, mirando mi bien formado trasero. Lleve mis manos a l para jugar con mis glúteos mirando su firmeza y tamaño antes de apretarlos suavemente. ¿Pasar la tarde tocándome? Era algo que la vieja Karina seguramente no haría…. – Pero ahora yo soy Karina… - sonreí a mi reflejo – y este es mi cuerpo…

Volví a la cama levantando las sabanas, después de todo, tenía toda mi vida por delante y un mundo que explorar… no pasaba nada por dedicarme una y tarde a conocer a mi nuevo cuerpo…