La oficina principal de la corporación ocupaba el último piso del rascacielos, un espacio de cristal y mármol que, en el último mes, se había convertido en un santuario dedicado al ego de Carol. Hacía apenas treinta días que Carol era una ejecutiva eficiente, aunque algo estricta; sin embargo, algo se había quebrado
Irma, su secretaria entraba al despacho con las manos temblorosas sosteniendo una carpeta de cuero. Al cruzar el umbral, encontró la escena que se repetía cada mañana.
Irma : Señora... los informes de la junta están listos —susurró Irma, bajando la vista.
Carol se giró lentamente. Sus ojos, antes amables, ahora proyectaban una frialdad dominante. Se acercó a Irma, invadiendo su espacio personal hasta que la secretaria sintió el aroma de su perfume costoso.
Carol : ¿Por qué me miras al suelo, Irma? ¿Acaso te intimida ver a una mujer que realmente tiene el control? Jajajaja
Irma : señora por favor yo....
Carol : El problema de ustedes las mujeres es que son débiles, sentimentales. Yo he dejado eso atrás. He aprendido que para mandar hay que tener la mano dura,
Irma no respondió. Varias veces había intentado redactar su carta de renuncia, pero cada vez que se acercaba al escritorio de Carol para entregarla, algo en la atmósfera cambiaba. Carol parecía volverse más imponente, más oscura. Ese "algo" que crecía dentro de la jefa se alimentaba del miedo y de su propia vanidad. Irma dependía de ese sueldo para mantener a su familia, y Carol lo sabía perfectamente. Utilizaba esa necesidad como un grillete.
Carol : Hoy vas a quedarte hasta tarde quiero pasar tiempo de calidad contigo hermosa
Durante el resto de la jornada, el trato de Carol hacia el personal femenino fue humillante. Desestimaba las ideas de las ingenieras llamándolas "histerismos de oficina" y exigía niveles de servilismo que rozaban lo absurdo. Sin embargo, su mayor fijación era Irma. La obligaba a realizar tareas humillantes,
Carol obligo a Irma a sentarse en sus piernas y empezó a acariciar sus piernas al tiempo que le subía la falda y besaba su cuello
Carol : las mujeres solo son buenas para solo una cosa
Irma : Salió corriendo de la oficina antes de dejarla llegar más lejos
Al caer la noche, la ciudad se iluminó bajo ellas. Carol llamó a Irma a su despacho una vez más. La jefa estaba de nuevo frente al espejo, admirando la autoridad que emanaba su propia imagen.
Carol : ¿Sabes qué es lo que más me gusta de este cambio, Irma? Que ya no siento empatía. La empatía es una debilidad femenina que he erradicado. Ahora mírame.
Irma levantó la vista y vio a través del espejo algo que la aterrorizó. Por un segundo, la sombra de Carol parecía más grande de lo normal, una presencia densa que se retorcía detrás de su espalda. Carol se dio otro golpe en la cadera, celebrando su belleza y su fuerza con una mirada depredadora.
Carol : Te quedas porque me tienes miedo
Carol, acercándose a Irma y tomándola del mentón con fuerza dándole un beso en contra de su voluntad
Irma salió del despacho en silencio, caminando por los pasillos oscuros de la oficina. Sabía que la mujer que alguna vez fue su una amable persona
se había perdido para siempre, reemplazada por una entidad de orgullo y tiranía que no dejaría de crecer mientras tuviera a quién someter. En la oficina del piso superior, Carol volvió a encender las luces del espejo, lista para seguir adorando a la única persona que consideraba digna de existir: ella misma.
Carol ésa misma llevo a lrma hasta su departamento donde la obligó hacer suya
Carol : eso sigue así y té daré un aumento en tú sueldo





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