Lucas cerró la puerta del aula detrás de él y se pasó una mano por el pelo, todavía agitado.
—Quise traer ayuda —explicó en voz baja, mirando de reojo a la mujer que sollozaba junto a la ventana—, pero no quise arriesgar a nadie inocente. Si Andrés está merodeando por aquí…
Sus palabras se cortaron cuando sus ojos se posaron de verdad en la profesora. El cambio era inconfundible: la figura femenina, la ropa que todavía terminaba de adaptarse a las nuevas curvas, el bolso en el suelo donde antes había un maletí
n. Lucas abrió la boca, confuso.
—¿Qué… qué pasó aquí?
María se acercó a él y le resumió todo lo más rápido y claro que pudo: el seguimiento, la discusión con el profesor Arlo, el anillo, el haz de luz y la amenaza directa mencionando a Amber. Mientras hablaba, Lucas la escuchaba con el ceño cada vez más fruncido. En cuanto ella terminó, la atrajo hacia sí en un abrazo firme, casi protector, rodeándola con aquellos brazos que todavía le resultaban demasiado grandes y fuertes.
—Pudiste haber salido lastimada —murmuró contra su pelo recién teñido—. No vuelvas a hacer algo así sola.... solo, ¿me oyes?
Se separó apenas lo suficiente para mirarla a la cara y, a pesar de la tensión del momento, una pequeña sonrisa torcida se le escapó.
—Aunque… el rubio te queda bonito.
María bufó suavemente, pero no se apartó del abrazo.
La profesora —quien ahora, según el carnet que temblando había sacado del bolso, se llamaba Ayla— se puso en pie con dificultad. La falda le quedaba todavía un poco torcida y las lágrimas le habían corrido el rímel que la magia le había “regalado”.
—¿Y ahora qué vamos a hacer? —preguntó con voz rota—. ¿Cómo piensan detener esta locura? Ese tipo no puede seguir haciendo esto a la gente y salirse con la suya.
Lucas se separó de María lo justo para mirar a Ayla con seriedad.
—No hay un plan fijo todavía —admitió—. Enfrentarlo de frente sería estúpido. Ese anillo es peligroso. Primero tenemos que averiguar de dónde sale ese poder, qué es exactamente esa cosa que lleva en el dedo. Mientras tanto… perfil bajo. No provocarlo. No darle razones para fijarse demasiado en nosotros.
Ayla asintió lentamente, todavía en shock, pero comprendiendo la lógica. Lucas y María la acompañaron hasta el estacionamiento. Para sorpresa de ambos, el auto de la profesora era una de las pocas cosas que no habían cambiado demasiado: el mismo modelo, el mismo color, solo que ahora el registro y los documentos internos aparecían a nombre de Ayla. La ayudaron a entrar, se aseguraron de que pudiera conducir y la vieron alejarse con las manos todavía temblando sobre el volante.
En cuanto el auto desapareció de la vista, Lucas se giró hacia María. La preocupación se había transformado en una molestia contenida.
—¿Por qué fuiste sola? —le reclamó en voz baja—. ¿Se te ocurrió siquiera lo que podría haber pasado si te descubría?
María sostuvo su mirada sin apartarse.
—Porque quiero que esta pesadilla se acabe, Lucas. Cada día que pasa hay más carteles de Amber y ahora hay más gente en peligro. No podía quedarme sentada esperando.
Él suspiró, pasándose ambas manos por la cara.
—Vamos. Te acompaño a casa.
El trayecto fue tenso. Caminaron en silencio la mayor parte del tiempo, cada uno metido en sus propios pensamientos. Cuando por fin llegaron al departamento de Lucas, el ambiente seguía cargado. María, buscando cualquier cosa que aliviara la presión, se metió una mano en el bolsillo delantero de la chaqueta y sacó con cuidado al pequeño ratón herido.
—Lo salvé del gato del pabellón —explicó, mostrándoselo—. Estaba a punto de terminárselo. Pensé… no sé. No podía dejarlo ahí.
Lucas observó al animalito un segundo. Luego bajó la mirada, visiblemente arrepentido.
—Perdón por alterarme antes —dijo en voz baja—. Solo… me preocupé. La idea de que te pasara algo me sacó de quicio.
María dejó al ratón con cuidado dentro de una caja improvisada que encontró en la cocina y regresó junto a él. Se puso de puntillas —ahora que él era más alto le resultaba necesario— y le dio un beso tierno, casi ligero, en los labios, para María era un gesto de agradecimiento por la preocupacion.
—Está bien —susurró contra su boca.
Lucas no se contuvo. Le devolvió el beso con más intensidad, una mano subiendo hasta la nuca de ella para profundizarlo. María sintió cómo el cuerpo respondía de inmediato, traicionero y curioso. Llevaban casi semanas atrapados en aquellos cuerpos. Semanas de tensión, de miedo de rechazo y de un deseo que ninguno de los dos se había atrevido a explorar del todo. Y ahora, con el sabor de Lucas en su boca y el calor subiendo por su vientre, María supo exactamente hacia dónde se dirigía aquello.Ella misma, en el fondo, llevaba días preguntándose cómo se sentiría el sexo en esos cuerpos nuevos, a pesar del rechazo inicial que Mateo sentía, la duda fue creciendo día tras día a pesar de que María había jugado con sus senos un par de veces y tocado unas otras pero eso no calmaba su curiosidad.
El beso se profundizó sin que ninguno de los dos intentara detenerlo.
Lucas —con aquel cuerpo más alto y fuerte que todavía estaba aprendiendo a controlar— atrajo a María contra sí con una urgencia contenida durante semanas. Sus manos grandes bajaron por la espalda de ella, sintiendo la curva pronunciada de su cintura y luego el suave redondeo de sus caderas. María soltó un suspiro tembloroso contra su boca. El simple roce de aquellos senos nuevos contra el pecho plano de Lucas le provocó una descarga de calor que le llegó directo entre las piernas.
Se separaron solo lo suficiente para mirarse.
—¿Estás segura? —preguntó Lucas con aquella voz grave, la respiración agitada.
María asintió. Había curiosidad en sus ojos, miedo y un deseo que ya no podía fingir que no existía.
—Quiero saber… cómo se siente.
Se fueron desvistiendo entre besos torpes y caricias exploratorias. Cuando la blusa de María cayó al suelo y el sujetador fue desabrochado, Lucas se quedó un segundo contemplando aquellos senos que ahora pertenecían a su pareja. Los tomó con ambas manos, pesándolos, acariciando los pezones con los pulgares hasta sentirlos endurecerse. María arqueó la espalda y soltó un gemido agudo, genuinamente sorprendida por la intensidad de la sensación.
—Mierda… —susurró ella, con la voz entrecortada—. Se siente… muy bien.
Lucas la guió hasta la cama. Se recostó sobre ella con cuidado, todavía consciente de la diferencia de tamaño y fuerza. María abrió las piernas por instinto cuando él se colocó entre ellas. El roce de su miembro duro de Lucas contra su vagina ya empapada le arrancó otro gemido. Estaba resbaladiza, caliente, completamente lista de una forma que Mateo nunca había experimentado.
Cuando Lucas empezó a entrar, lo hizo despacio.
María clavó las uñas en sus hombros. La sensación de ser llenada era completamente nueva: una presión deliciosa que se convertía en placer puro a medida que él se hundía más profundo. Jadeó contra el cuello de Lucas, las piernas rodeándole la cintura.
—Muévete… por favor.
Lucas obedeció. Empezó con embestidas lentas y profundas, observando cada reacción del rostro de María, aprendiendo qué ritmo la hacía arquearse y qué ángulo le arrancaba aquellos sonidos agudos y rotos. El cuerpo femenino respondía con una sensibilidad abrumadora. Cada embestida enviaba olas de placer desde su centro hasta la punta de los pechos. Pronto estuvo moviendo las caderas al encuentro de las de él, buscando más fricción, más profundidad.
Se corrió primero ella, con un grito ahogado y el cuerpo entero temblando, apretándose alrededor de Lucas con fuerza. Él la siguió poco después, enterrándose hasta el fondo mientras gemía contra su piel.
No se detuvieron ahí.
Pasaron la noche explorándose. María descubrió lo que se sentía al montarlo, dejando que sus senos rebotaran libremente mientras controlaba el ritmo. Lucas aprendió a usar su nueva fuerza para ponerla de rodillas y tomarla por detrás, una mano rodeándole el pecho para sostenerla. Probaron posiciones, caricias, la forma en que la boca de uno hacía que el otro perdiera el control. Cada orgasmo era una revelación. Cada roce les recordaba que aquellos cuerpos, aunque impuestos, podían dar un placer brutalmente real.
Al final cayeron exhaustos, enredados el uno en el otro, sudorosos y todavía temblando por las últimas secuelas.
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A la mañana siguiente, María fue la primera en despertar.
El cuerpo le dolía de una forma agradable y profundamente satisfecha. Se levantó con cuidado para no despertar a Lucas, se duchó y se vistió con ropa cómoda. Mientras preparaba un desayuno sencillo —tostadas, café y un par de frutas—, no pudo evitar sonreír torpemente al recordar la noche anterior. Todavía sentía ecos del placer entre las piernas.
Cuando terminó de cocinar, tomó un trozo de pan dulce y una fresa y se acercó a la caja improvisada donde había dejado al ratón.
El animalito ya estaba mucho más animado. Se movía con más energía y, en cuanto vio la comida, se abalanzó sobre ella con una urgencia casi desesperada. María lo observó mientras devoraba el pan y después la fresa con una avidez que parecía de alguien que no había comido en días.
—Tranquilo, pequeño… hay más si quieres.
Estaba a punto de girarse para volver a la cocina cuando escuchó unos chillidos suaves. No eran de dolor. Eran torpes, irregulares, como si el ratón estuviera intentando llamar su atención de forma deliberada. María se agachó de nuevo, frunciendo el ceño.
—¿Qué te pasa pequeño?
Extendió un dedo y lo acarició con suavidad en el lomo. El ratón no solo aceptó el contacto: levantó las patitas delanteras y se aferró a su dedo con una fuerza sorprendente, sin querer soltarlo. Se quedó allí, colgado, mirándola con unos ojitos negros intensos mientras emitía aquellos sonidos cortos y desesperados.
María se quedó completamente quieta.
Los gestos de la noche anterior… la forma en que había intentado comunicarse incluso herido… la avidez con la que comía… y ahora esto.
Una idea aterradora cruzó su mente como un rayo.
¿Y si ese ratón no era solo un ratón común?
¿Y si quizá y solo quizá era una persona, y si era Amber?
WOLAS MIS QUERIDOS LECTORES ¡¡¡¡¡¡ ya estamos a la mitad de la historia y de aquí se pone mas interesante esta semana publicare unas historias que son peticiones , serán algo cortas pero tendrán buen contenido si tiene ideas o peticiones en la caja de comentarios.
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